Las gradas del legendario estadio maño de La Romareda sirvieron de observatorio astronómico un 29 de octubre de 1994 para ser testigo del “inminente” nacimiento de una estrella. El choque entre dos nebulosas de nuestro fútbol -Zaragoza y Real Madrid- provocó la formación de otro sol en el firmamento futbolístico español. Aquel magno acontecimiento fue el bautizo estelar de un futbolista que brilló con luz propia, y que una semana más tarde -a la de su debut en Zaragoza-, reafirmó lo que sería una fiesta contínua de rango universal, anotando su primer gol y completando una actuación estelar ante el Atlético de Madrid en el Santiago Bernabéu, en su primer derbi madrileño.

Su nombre Raúl González Blanco, su dorsal el 7 y sus números de leyenda….

De auténtico vértigo, 550 partidos en Liga, 45 en Copa y 135 en competición europea. Nada más y nada menos que 228 tantos en Primera, 25 en Copa y 69 en Europa. Pero lo que es más importante, habiendo sido durante dieciséis temporadas el escudo y la bandera del Real Madrid. Millares de páginas en blanco que rellenó con goles, regates, victorias y títulos, muchos títulos. Tantos como seis Ligas, tres Champions, dos Intercontinentales, una Supercopa de Europa y cuatro Supercopas de España.

Un futbolista ejemplar, todo un caballero que tras más de 700 partidos jamás fue expulsado de un terreno de juego. De aquellos que te hacen sentir orgulloso de defender los colores de un equipo, un delantero pillo, listo, incondicionalmente trabajador y de enorme talento.

Su pierna zurda la pluma con la que rellenó de gloria innumerables páginas en blanco, en las que noveló golazos de cuchara y dejó en el archivo histórico de nuestra memoria instantes únicos. Un memorable gol en jugada bautizada como ‘aguanis’ ante Vasco de Gama y otra magistral rubrica futbolística regatenado rivales por el alambre de la línea de fondo ante su mayor víctima propiciatoria: el Atlético de Madrid.

Ese futbolista bandera y leyenda del Real Madrid ha dicho hoy adiós, lo hace sin un gran título a nivel de selección, pero con numerosas internacionalidades, mundiales y europeos a sus espaldas. Se marcha también sin un Balón de oro que haga justicia con la grandeza de su legado, galardón que a mi juicio debió recibir en aquella temporada en la que un tal Owen se llevó todos los honores.

Dijo adiós entre lágrimas, arropado por Valdano, su mentor, pero sobretodo habiéndose ganado el cariño y el respeto de todos los aficionados y profesionales del fútbol.

Su fútbol seguirá brillando en Alemania, pero en Gelsenkirchen, observarán a una estrella que encontrándose en el último trayecto de su vida -carrera deportiva- ha consumido toda su masa fusionable y se ha convertido en objeto cósmico. La Enana Blanca y la nebulosa planetaria constituida por su resplandor final, aquella que tiempo atrás brilló con luz propia pero que aún sigue conservando en su núcleo toda la densidad y el calor de la que fue estrella, buque insignia y diamante estelar de un Universo blanco.

Mariano Jesús Camacho.