El 9 de agosto de 1931, Eduardo Alterio, tío del magnífico actor argentino Héctor Alterio inscribió su nombre en la historia del fútbol al convertirse en el primer guardameta que anotaba un gol en el campeonato argentino. Conocido por todos como “Pibona”, este arquero -como dicen en Argentina- convirtió una pena máxima que en el minuto 34 de partido decretó el colegiado Ricardo Riestra, una acción por la que el buen portero de Chacarita entró en la historia del fútbol argentino.

Fue en la decimosegunda fecha del primer Campeonato profesional argentino disputada entre Chacarita Juniors y Tigre, en aquel año de 1931. Tigre jugó como local, y el encuentro acabó con empate a tres en el marcador. Alterio batió a Savarro y cuentan que no fue demasiado complicado para la “Pibona”, pues las crónicas de la época apuntan que Savarro permaneció inmóvil junto al poste derecho en señal de protesta por la cobranza de la pena máxima del juez Ricardo Riestra.

Pese a ello la citada acción le otorgó gran popularidad al tío del insigne Don Héctor, pues los historiadores del fútbol argentino tuvieron que aguardar bastantes años para anotar un nuevo gol de un guardameta en los libros históricos. Y es que no sería hasta el Torneo Nacional de 1972, cuando otro guardameta como Alberto Parsechián -de Independiente de Trelew- sucedió en el citado honor a Alterio haciendo dos tantos – también de penal: uno a Vélez y otro a San Lorenzo de Mar del Plata.

Curiosa la historia de la “Pibona”, pues no quedó ahí, es más tal y como recordó Héctor Alterio en alguna que otra entrevista, a su tío le tocó vivir los tiempos de amateurismo y el posterior proceso de profesionalización del fútbol en su país. Fue grande en Chacarita, club en el que recibió calzoncillos y camisetas de una marca que patrocinaba al equipo a cambio de sus servicios en la portería. Luego se convirtió en profesional y logró la remuneración económica, pero el destino le tenía reservada una quizás injusta conclusión a su carrera deportiva.

Y es que Eduardo Alterio firmó por Atlanta, eterno rival de Chacarita, club en el que cuatro años después de aquel gol a Tigre protagonizó otro suceso histórico, aunque en esta ocasión de naturaleza bien distinta y tintes más bien dramáticos.

Fue un 9 de junio de 1935 en un partido disputado ante River en la cancha que el conjunto de la banda roja tenía en Alvear y Tagle. Y nuevamente una pena máxima se cruzó en su camino para marcar su trayectoria y su destino personal y profesional.

En esta ocasión Alterio hizo de atajador, a los nueve metros, en el punto fatídico, le retaba la mirada inyectada en sangre de una fiera legendaria llamada Bernabé Ferreira. El golpeo marca de la casa y la estirada de Alterio fantástica, que hizo muy bien su trabajo pero que tuvo que rechazar el esférico. Una acción que en el citado rebote y de forma noble y fortuita provocó un nuevo choque entre portero y goleador.

Cuentan que la “Pibona” se lanzó de forma valiente a los pies de Bernabé y fruto de ello recibió una patada en la cabeza que le afectó a los tímpanos y le provocó una sordera permanente. Fue una situación un tanto dramática puesto que Alterio intentó levantarse en varias oportunidades y cayó al suelo en repetidas ocasiones.

Una vez más una pena máxima se cruzaba en el camino de la “Pibona”, aunque en esta ocasión para marcar el punto y final de la carrera de un arquero que forma parte de la historia del fútbol y siempre encontraremos en los libros de la historia de este deporte por aquel gol convertido a Savarro en la cancha de Tigre.

Fuente:

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Mariano Jesús Camacho.