“Hola te hablo desde mi metro cincuenta y tantos, sí desde esa posición en la que me acostumbré a ver el fútbol, a tratar con la pelota y a mirar hacia arriba solo para ver a mis compañeros, sortear rivales más grandes en estatura o para encarar la meta contraria. Desde pequeño, que aún sigo siéndolo en comparación con ellos, siempre he jugado el mismo papel, el de victima propiciatoria de figuras atléticas a las que el fútbol les entra por el músculo. A mí en cambio el fútbol siempre me entró por la cabeza y me salió por los pies. Por ello, por esa naturalidad con la que el balón se resiste a despegarse de mi bota me convertí en ese incómodo personaje de cuento que pasa de vagabundo a Rey. La pelota siempre fue una extensión más de mi cuerpo, y el viento y la velocidad fueron y siguen siendo mis mejores compañeras”.

De esta forma y manera podrían haber abordado el recuerdo de sus carreras numerosos futbolistas que superando a duras penas el metro y medio lograron hacerse hueco entre gigantes. Me viene al recuerdo el caso del genial Jimmy Johsntone que desde sus 1,56 metros de estatura logró entrar en la leyenda del Celtic y el fútbol escocés quebrando cinturas. Uno de aquellos pequeños geniales que encaran y desbordan sin complejos, uno de aquellos baixinhos de la historia del fútbol.

Y hablando de baixinhos me gustaría recordar a un futbolista carioca que a finales de los años 50, desafió a los elementos desde sus increíbles 1,54 metros de estatura. Su nombre Mário Braga Gadelha, conocido futbolísticamente como Babá.

La leyenda de su fútbol forjada en la Cidade Maravilhosa de Rio de Janeiro con la camiseta rubronegra de Flamengo, un menudo punta izquierda que disfrutaba haciendo bailar a adversarios mucho mayores que él. Aseguraba poseer una estatura de 1,56 m. pero los datos oficiales apuntaban a que sus cortas pero diabólicas piernas solo alcanzaban para llegar a los 1,54 m de altura.

Para nada un handicap físico pues este futbolista nacido en 1934 en Aracati, comenzó a despuntar sin apenas levantar un palmo del suelo con las camisas de Ceara y Sport, especialmente con esta última, la de Sport Recife, conjunto que le vio nacer ya como Babá en el legendario estadio de Ilha do Retiro. Recinto futbolístico en el que los ojeadores de Gávea descubrieron el fútbol centelleante de aquel pequeñito punta izquierdo. Con la camiseta rubronegra, Babá encandilo a millares de torcedores en aquellos años 50 y 60.

Tras cuatro años en la reserva y coincidiendo con la marcha de Zagallo a Botafogo en 1958, pasó a integrar como punta izquierda uno de los mejores ataques de la historia del conjunto de Gávea. Con Joel, Moacir, Henrique, Dida y Babá, luego tras la marcha de Moacir, Gerson pasó a integrar el legendario ataque.

En parte la historia del campeonato carioca de aquellos años pasa indefectiblemente por una pareja diabólica, la compuesta por Joel y Babá, que jugaron un papel esencial en la desconexión táctica y futbolística del sistema WM implantado por Zezé Moreira en Fluminense. Fleitas Solich, técnico de Flamengo encontró el resquicio por donde atacar al sólido sistema de Moreira, fue a través del talento y la movilidad de estos dos futbolistas. Cambiando constantemente la pelota de lado, de los pies de Joel a los de Babá, una y otra vez provocaron una verdadera locura en la defensa de Fluminense.

Y locura es lo que solía provocar este baixinho de Fla cada vez que encaraba a los sólidos y altos zagueros brasileños de la época. Memorables fueron sus duelos ante ‘gigantes’ como Bellini (Vasco) y Pinheiro (Fluminense). En referencia a ello circula la leyenda de que en un Fla-Flu, el pequeño atacante ejecutó un dribling de vaca a un zaguero tricolor que pasó entre las piernas de su rival.

Apenas tuvo opción para desarrollar su talento con la zamarra de la selección brasileña, pues la competencia en aquella época era feroz, Zagallo, Pepe y Canhoteiro le cerraron el paso. Por ello solo pudo ser internacional en una ocasión.

Pese a ello siempre quedará en la memoria histórica del torcedor brasileño la osadía y la habilidad de un diabólico baixinho llamado Babá.

Y es que como siempre defendí, podrán pasar cuarenta años de tipos grandes y fuertes pero basta un solo minuto, (miniatura de una hora) para que 154 centímetros de talento en estado puro pongan patas arriba toda una cantera, todo un estadio, o todo un país.

Y por ello me vino este recuerdo…

Fuente:

http://colunas.globoesporte.com/memoriaec/2010/04/08/morre-baba-um-gigante-de-154m/

Mariano Jesús Camacho.