Una triste noticia ha cruzado el charco y ha desempolvado los legajos históricos de las segunda y tercera década del fútbol argentino en el siglo pasado. Desde La Plata una nota de prensa revelaba que la pasada madrugada Don Pancho Varallo, el insigne y legendario goleador de Gimnasia y Boca había fallecido a la edad de 100 años. Edad centenaria a la que había llegado el pasado 5 de febrero, cuando recibió un caluroso homenaje en el teatro municipal Coliseo Podestá de La Plata.

Con él se nos va el último sobreviviente del Mundial de Uruguay de 1930, se nos va uno de los primeros ‘romperredes’ de la historia del fútbol argentino, identificado siempre con Boca -donde es una leyenda- pero de corazón platense de Gimnasia y Esgrima. Se nos va también el insal -insider- derecho, el centroforward, irrepetible goleador -hizo 194 goles en 222 partidos con la camiseta xeneize- y el viejo sabio contador de historias de aquel otro fútbol.

Se nos va un siglo de fútbol, de pelota de trapo y terrible balón de cuero anudado, el chico que reventaba redes en el Club 12 de Octubre y debutaba con 18 años en la primera de Gimansia y Esgrima en los últimos años del amateurismo. Club de La Plata al que hizo campeón amateur en 1929.

El “Cañóncito”, la feroz patada de Boca, club en el que fue tri campeón integrando el primer once de un campeón profesional en 1931, repitiendo en el 34 y 35. En la línea sucesoria de Roberto Cherro y Domingo Tarasconi en lo que al gol xeneize se refiere.

Presente y ausente del primer Mundial de la historia disputado en Uruguay, y digo bien al calificar como ausente por las circunstancias especiales en las que tuvo que disputar el insal derecho de la albiceleste la mítica final en el incomparable estadio Centenario de Montevideo, una de sus más célebres y sabias crónicas de vida.

Jugó y ganó contra Francia 1-0, y en el segundo partido -ante México-, Argentina hizo seis goles, uno de ellos anotado por “Pancho”, pero en el partido siguiente disputado ante Chile se lesionó la rodilla y no pudo jugar la semifinal con Estados Unidos.

Lo cierto es que Don Pancho se convirtió en un futbolista importante para aquella selección, pero la lesión en la rodilla izquierda le mantuvo en cama durante los cuatro días previos al partido final ante Uruguay. Fue entonces cuando se vivió la histórica anécdota que le acompañó a lo largo de toda su vida. Y es que según contaba el viejo Pancho, en aquel entonces el once titular era elegido por los dirigentes del fútbol argentino, la figura del técnico Francisco Olazar era más bien decorativa y las opiniones del preparador físico Juan José Tramutola no eran tenidas muy en cuenta.

Aquel 29 de julio Varallo no se encontraba en condiciones de disputar la final, ante la ausencia de un médico en la expedición argentina los dirigentes recurrieron al diagnóstico de un médico uruguayo de apellido ilustre: Campístegui -hijo del por entonces presidente uruguayo-.

El Dr.Campistegui no tuvo dudas, Varallo no estaba para jugar pero los dirigentes argentinos desconfiaron de la opinión del galeno uruguayo. Fue entonces cuando conminaron al delantero argentino a que se probara de una forma muy poco ortodoxa: dando patadas a una pared y probando su disparo ante el meta suplente Bossio.

Varallo pasó a duras penas aquella prueba pero se jugaba la primera final del Campeonato del Mundo, el rival era Uruguay y Varallo no se lo quería perder. Aunque partía en desventaja con Alejandor Scopelli, Varallo acabó jugando tal y como explicó en más de una ocasión:

-“Terminaron poniéndome a mí – recordaba “Pancho” – porque los jugadores mayores, como “el Nolo” Ferreira, Monti y Spadaro, quienes armaban el equipo, se dieron cuenta de que Scopelli, que era el insider derecho titular, se había asustado un poco por el clima que se vivía”.

Su presencia constituyó la antesala de su ausencia pues su rodilla izquierda dijo basta y tuvo que abandonar el terreno de juego, dejando con diez a la albiceleste en una época en la que el reglamento no contemplaba la sustitución de jugadores.

Don Pancho lo recordaba así:

-“Yo en el fútbol triunfé por lo guapo y quería ganar ese partido. En el partido anterior no pude jugar por estar lesionado y fui reemplazado por Scopelli. Pero para la final, me probaron para ver si podía jugar. Me hicieron patear contra una pared, a la mañana del partido. Yo le daba de izquierda y de derecha porque tenía ganas de jugar esa final, era un loco, era un pibe. ‘¿Estás bien, Pancho?’, me preguntaron. ‘Sí, sí, estoy fenómeno’, les respondí. Y fue un error de juventud. Un jugador viejo no juega. No tendría que haber jugado, ni entrado a la cancha. Nolo Ferreira me lo dijo, después. Pero yo tenía el entusiasmo y me sentía bien”.
“Ellos nos ganaron por ser más guapos y más vivos. No por ser mejores jugadores”.
Así era Francisco Antonio Varallo, el insider derecho que inspiró tres tangos, se ganó la fama guapeando y rompiendo redes en aquellos finales del amateurismo e inicios del profesionalismo de la historia del fútbol argentino.

Mariano Jesús Camacho.