A medida que la historia de un club se dilata en el tiempo, se presta mayor atención a su pasado, especialmente en el caso de que su presente y realidad deportiva e institucional no correspondan con su verdadero peso y valor histórico.

El citado pasado nos obsequia con recuerdos y registros tangibles de la creación, fundación y desarrollo cronológico del mismo. Entre los registros tangibles e históricos de un club destaca por encima de todos el de su fecha fundacional, que marcará sin duda la línea de salida y la profundidad histórica del mismo. Una línea de salida que por regla general se va tornando más difusa a medida que vamos retrocediendo en el tiempo en la búsqueda de los registros civiles e históricos que la certifican.

Por ello y como no podía ser de otra manera, el 10 de septiembre de 1910 que marca la fecha fundacional del Cádiz y lo convierte en centenario a efectos oficiales, es y será una fecha para la controversia, el debate y el estudio historiográfico. En cualquier caso y tal y como ha afirmado la Comisión de Historia del Centenario, la fundación y legalización en el libro de registro de sociedades del Gobierno Civil de Cádiz de un club llamado Cádiz Foot-Ball Club por parte de José Rivera y Lora parece un hecho histórico comprobado. Lo realmente complicado es hilvanar cronológicamente e historiográficamente aquel embrión que reducía su actividad deportiva a esporádicos encuentros de carácter amistoso en un football que tuvo al primer equipo -en cuanto a importancia- de la ciudad en el Español FC.

Quizás por todo lo ya comentado, el club gaditano no encuentra a su germen más identificativo hasta la segunda mitad de la década de los años veinte y primera de los treinta. En este punto cronológico de la historiografía deportiva de la ciudad, el conjunto lasaliano del SCD Mirandilla FC– que también defendió su supuesta fundación en 1910 y vestía los colores amarillo y azul que hoy son seña de identidad de la entidad gaditana- cambia su denominación por la de Cádiz para llevar el nombre de la ciudad. Eterno por tanto el debate, tan eterno como el club en cuestión, que celebra su Centenario sumido en una de las mayores y profundas crisis institucionales de su historia.

Una realidad y una historia que me conducen inexorablemente al pasado, a esos cien años que quisiera reducir a momentos únicos, instantes milagrosos y minutos mágicos. Hoy cierro los ojos y la nostalgia me inunda recordando a Santiago Núñez, Pilongo, Camilo Liz, Nené, Enrique Mateos, Baena, Machicha, Macarty, Rovira, Manuel Irigoyen, Pepe Mejías, Manolín Bueno, Kiko Narváez, Migueli, Botubot, Mosquera, Bolea, Quino, Carvallo, Oli, Carmelo, Armando, Lorenzo Buenaventura, Jose, David Vidal, Linares, Manolito, Escobar, Dieguito, Espárrago, Juanito Mariana, Milosevic, Juan José, Quevedo, Arteaga, Dertycia, Duda, Pablo, Soriano, Mané…

Todos, protagonistas de aquellos minutos mágicos a los que me gustaría reducir los cien años de esta, para mí, querida entidad. Una entidad especial que personificó y encarnó su idiosincrasia en la figura de un genial salvadoreño que mimetizó su genio con las aguas de la Bahía gaditana que brillan a pocos metros de Carranza, escenario amarillo de sus sueños. Pues -bajo mi punto de vista- el Cádiz representa todo lo bueno y malo que el mago salvadoreño escenificó en aquella inolvidable década de los años ochenta y comienzos de los noventa.

La montaña rusa de sentimientos -rendimientos- que nos atrapó y puso a prueba constantemente nuestro corazón, el corazón amarillo de una afición que sin duda siempre constituyó el más valioso y estable valor de la ya entidad centenaria, que en tan señalado año sufre el doloroso destierro profesional del bronce.

En definitiva, una historia en clave amarilla escrita en consonante, en la historia reciente con M de Muñoz y en la historia brillante con M de milagro, de Manuel Irigoyen y de Mágico González, el genio de la lámpara que nos redujo a momentos únicos, instantes milagrosos y mágicos minutos, cien años de emociones.

Mariano Jesús Camacho.