Una vez más el desafío personal que supone para mí encontrar la crónica del texto histórico y el personaje posibilita la exposición del perfil biográfico de leyenda. En esta ocasión y partiendo de los albores del  dribling game o passing game,  encuentro en el mapa antropológico del fútbol a un futbolista amateur llamado Harold Adrian Walden. Histórico y destacado representante de la selección inglesa campeona de los JJOO de Estocolmo de 1912.

Tiempos de kick and rush, y en este caso concreto tiempos de music hall,  una forma de espectáculo muy popular en Gran Bretaña entre 1854 y 1960, baile y comedia, vaudeville. Forma de interpretación escénica y musical que  tuvo en  The Alhambra a su mágico templo  evolutivo. Antiguo teatro londinense  que en encerró entre sus vetustas paredes toda su esencia.

Teatro creado en 1854 y demolido en 1936, cuyo nombre evocaba el esplendor árabe del palacio de la Alhambra, en Granada y adoptado por muchos otros teatros ingleses, como Hull,  Glasgow y Bradford. Este último testigo del talento artístico de Harold Adrian Walden, futbolista y artista de principios del siglo veinte, un delantero centro demoledor que en el verano sueco de 1912 inscribió su perfil goleador en  la crónica legendaria del fútbol.

Componente de una selección que tuvo en Gordon Hoare, Ivan Sharpe y Vivian Woodward a los mayores exponentes de un deporte en pleno proceso evolutivo. Los seis goles en un solo partido del perfil artístico de un genio, anotados en el enfrentamiento directo ante los húngaros, paso previo a la victoria final ante Dinamarca -4 a 2-  con hat trick de Gordon Hoare y  gol de nuestro biografiado Walden.

Primer y único cantante de music-hall en recibir una medalla de oro de los JJOO, aquel  que tuvo la genial ocurrencia de recibir la dorada medalla con un lacónico: “Gracias Rey” ante Gustav V, que le hizo entrega del preciado metal olímpico. Segundo máximo goleador del torneo con 9 goles, tras  el alemán Fuchs , que con 10 tantos se hizo acreedor al citado galardón.  Quince tantos anotados por los pross y repartidos entre tres futbolistas de la región noroeste de Inglaterra: Gordon Hoare, Harold Walden y Berry.

Delantero centro demoledor, con un alto porcentaje de acierto rematador que vivió para el fútbol y la música con la casaca de que los Bantams en Valley Parade, donde conquistó la primera y única FA Cup de la historia del Bradford City, hasta que la Primera Guerra Mundial cortó su trayectoria deportiva.

Una  guerra en la que ejerció como voluntario en el Regimiento de West Yorkshire, con el rango de capitán, y tras la cual su camisa nº9, encontró un nuevo escenario esférico  con la casaca de los gunners. Poco tiempo después de efectuar su debut artístico  en el Alhambra Theatre de Bradford,  junto al piano, acompañando una pieza musical con la que impresionó a Francis Laidler dueño del Teatro que le contrató y firmó el punto de partida de su carrera en el Teatro de variedades. Una carrera que tuvo una destacada continuidad tanto en el género cómico como en el cine, llegando a hacer en 1920 una adaptación a cine de un film futbolístico: “The Winning Goal”.

 Y es que según  cuenta la crónica histórica, Walden dejó el fútbol para ser artista e intérprete de music-hall,  actividad profesional y vocación que le  reportó innumerables satisfacciones personales, pues según Walden  en el fútbol  tienes 45 minutos en cada tiempo con, lluvia o  nieve, para ganarte el agasajo del público, mientras que en los salones y en los diez minutos que tienes para triunfar en cada show,- dos veces por noche con un intervalo de dos horas entre medio- , consigues recibir el cariñoso reconocimiento de tu público y  un beneficio económico al final de cada semana .

De esta manera el desconocido y olvidado Harold logró fusionar al deportista con el comediante, al artista  y el clown. Dicen que dibujando en su frente un caracol rizado de pelo 30 años antes de que Bill Haley lo convirtiera en marca registrada. Aquella que le definió,  encontró y vivió un momento crítico en un  incendio provocado por una lámpara de parafina en un vagón de las vías férreas australianas.

Circunstancia a la que el artista sobrevivió para consumir su llama artística  con  contadas apariciones en el celuloide, hasta que un ataque cardíaco puso fin a su comedia vital en 1955.

 

Fuente:

http://archive.thetelegraphandargus.co.uk/1999/3/10/165262.html

Mariano Jesús Camacho.