Posiblemente si comienzo este perfil esférico citando a Rio Kalle, muchos de vosotros no acertaréis a conectar al citado personaje con un momento determinado de la historia del fútbol, pero si en cambio giro el timón de este trazado lineal de leyenda hacia la crónica histórica que reposa sobre las gradas del Råsunda fotbollsstadion, puede que ya alguno de vosotros comencéis a viajar mentalmente hacia la localidad sueca de Solna y a la mítica tarde del 28 de junio de 1958.

Será entonces cuando la crónica legendaria de la final del Campeonato del Mundo de Suecia de 1958 nos muestre el nacimiento de O´rei Pelé. Y aquel 5 a 2 nos acerque a la figura de Rio Kalle, por extensión de aquella selección sueca que sucumbió ante la leyenda. Una selección dirigida técnicamente por George Raynor, que contaba con Nils Liedholm ‘Il Barone’ un futbolista legendario sobre el que giró todo su juego. Escoltado por dos interiores de enorme calidad, Gunnar Gren en la derecha, y Nacka Skoglund en la izquierda, un desgarbado malabarista apodado “Mazorca de maíz”. Arriba Kurt Hamrin, un diestro letal y más veloz que el viento, completaba junto a Agne Simmonson, el poderío de un equipo que quedó perdido en el tiempo a la sombra de Brasil y Pelé.

Y tras aquella sombra y como privilegiado testigo del nacimiento de un mito quedó Karl-Oskar “Rio-Kalle” Svensson, el legendario guardameta que encajó la maravilla técnica del descarado y talentoso joven que en una tarde de junio le dejó petrificado. Aquel que eligió curiosamente el minuto 58 para consagrase mundialmente con una acción de genio. Recibió un balón en el corazón del área, salvó a  Axbom con un sombrero estratosférico y sin dejarla caer empalmó al fondo de las mallas del meta Rio Kalle Svensson, que acompañando con la mirada aquel balón entró en la historia junto a Pelé.

Una afirmación sin duda injusta con la figura del que representa a uno de los mejores guardametas suecos de todos los tiempos, que marcó una época con la camiseta del Helsingborgs IF. Localidad natal en la que se convirtió en leyenda, dicen que apagando fuegos dentro y fuera de la cancha, dentro de ella salvando goles y fuera de ella salvando vidas en su profesión de bombero.

Las mágicas manos y salidas de puño de un portero que debutó con solo 18 años en la Allsvenskan –Liga sueca-, donde en 1952 consiguió el primer trofeo de futbolista del año –Guldbollen-  para un portero. Portero que dejó en la citada Allsvenskan cifras de récord como 349 partidos y 575 goles encajados.

Curiosamente y pese a su dilatada y brillante trayectoria, jamás campeón de la Allsvenskan con su club, el Helsingborgs IF, pero igualmente reconocido y querido por la afición y la historia del fútbol de su país.

Sus 73 internacionalidades desde que debutará en 1949 ante Inglaterra hasta que dijera adiós en aquella legendaria tarde de 1958 en el estadio Rasunda, representan sin duda el calado histórico de su grandeza, su leyenda. Una leyenda que en 1948 ganó el oro en los Juegos Olímpicos de Londres, seguido del tercer puesto en la Copa del Mundo de 1950 en Brasil, el de bronce en la Olimpiada de 1952 en Helsinki y el subcampeonato mundial ya citado de 1958 en su país.

Guardameta de gran salto y reflejos que vivió uno de los puntos culminantes de su carrera en el Mundial brasileño de 1950. Y es que cuentan que fue justo allí donde nació su curioso apodo de Río-Kalle, derivado de Río de Janeiro y el apodo común sueco Karl, Kalle.

Un nuevo bautizo futbolístico que recibió tras dos heroicas actuaciones ante Italia y España, aunque curiosamente los dos citados encuentros fueron disputados en el Estadio do Pacaembu de São Paulo.

En cualquier caso parece claro que su figura y su leyenda, quedó vinculada a Brasil, ya sea por la anécdota de su apodo o por aquella tarde vivida en Solna ocho años después. Sin duda una figura de gran calado en su país y especialmente en Helsingborg, donde en los exteriores del Olympiastadion una escultura realizada por Risto Karvinen, colorea en piedra su imagen.

Su gorra calada marrón, jersey verde, pantalón azul, rodilleras blancas, medias azulgranas, botas de la época y el balón de cuero anudado a sus legendarias manos de bombero.

 

Mariano Jesús Camacho.