Son varias las ocasiones en las que en alguno de mis artículos hice referencia al ‘passing game’ o el ‘kick and rush’ para mostraros los dos caminos primigenios desde los cuales partieron todas las tácticas que hoy y ayer vimos desplegar sobre un terreno de juego. Dos estilos contrapuestos que viajaron a través del tiempo y el espacio de la mano de futbolistas, técnicos y equipos que los hicieron suyos e intentaron llegar al éxito poniendo en práctica una u otra filosofía de juego. En esta ocasión dirijo mi camino hacia el ‘kick and rush’ –patea y corre-, filosofía del pragmatismo y la eficacia que estudia el camino más directo y posiblemente menos estético para llegar a la portería contraria y al gol. Y acompañando el vuelo esférico del balón por encima de nuestras cabezas y a través de la historia, me acerco vertiginosamente a un estilo inglés representado tradicionalmente a la perfección por uno de los equipos con más historia y solera de la Premier: el Wolverhampton Wanderers.

Dueño de una de la historias más gloriosas del fútbol y pionero del profesionalismo surgido por el norte industrial de Inglaterra y Escocia, pasa por ser el único club que ha conseguido conquistar todos los títulos oficiales de su país, pues los ‘lobos’ ganaron tres títulos de Liga, cuatro Copas, dos Copas de la Liga y una Supercopa. Títulos a los que hay que sumar los campeonatos de Segunda, Tercera y Cuarta, conquistados en su viaje legendario a través del tiempo, la historia y las diversas categorías del fútbol inglés. Circunstancia esta que lo diferencia del resto y lo convierte sin duda en un equipo sumamente singular en el fútbol de las Islas. Tan singular como el legendario ocre dorado de su camiseta, quizás el primer vestigio histórico que encontramos en nuestro camino imaginario hacia el no menos legendario Molineux Stadium.

Uno de los primeros ilustres escenarios en los que se instaló la luz artificial y acogió sobre su hierba el fútbol directo de un conjunto que llegó a ser considerado en su momento como uno de los mejores del continente. Su renovada estructura aún mantiene intacta el aroma puro del fútbol de las Islas, pues aunque sus gradas experimentaron profundas renovaciones, estas se llevaron a cabo respetando en todo momento la historia de los Wolves.

Así fue como una tras otra, sus renovadas gradas, fueron adoptando legendarios nombres de ilustres personajes que marcaron época en la historia del club. En concreto, en una de ellas, y en la que correspondía a la demolida Waterloo Road Stand se erigió el Billy Wright Stand. Legendaria figura que escribió con letras de oro la mejor época de la historia del club y que hoy en bronce muestra a los jóvenes aficionados el metal esculpido de un pedacito de la historia ocre de Wolverhampton. Y es que junto a la fachada del Billy Wright Stand destaca el perfil escultórico de un futbolista que forjó su leyenda en los cincuenta, a escasos metros de la base sobre la que hoy emprende su poderosa carrera, en el verde tapete de su amada Molineux.

Su nombre William Ambrose Wright, aunque conocido por todos como Billy Wright, un futbolista que comenzó jugando como delantero centro, pasó por el wing-half pero que por polivalencia acabó marcando época como defensa central, posición desde la cual controlaba y aportaba seguridad defensiva a todo su equipo. Wright se convirtió por tanto en eje y futbolista referencia de un equipo que de la mano de Stan Cullis, -por entonces entrenador del Wolverhampton- hizo suyo aquel fútbol directo de ‘Kick and rush’ y llegó al éxito por el camino más corto y pragmático.

Billy, es sin duda uno de los grandes de la historia del fútbol británico, que lideró a un conjunto que pronto se convirtió en referente y una vez más pionero en el fútbol europeo, pues además de triunfar de forma incontestable en la Liga inglesa con la conquista en 1949, de la F.A. Cup y tres títulos de la Liga inglesa -campañas 53/54, 57/58 y 58/59-, logró hacerse un nombre fuera de sus fronteras venciendo y plantando seria batalla en 1954 al Spartak de Moscú, Real Madrid y, sobre todo, al Honved de Budapest, constituido en su mayoría por la base del equipo húngaro que había aplastado 2-6 a Inglaterra en Wembley un año antes.

Cuentan que fue entonces cuando su nombre saltó a la primera escena europea, David Wynne-Morgan, del ‘Daily Mail’ en un ambiente de euforia desmedida expresó de la siguiente manera su visión periodística de lo conseguido por los Wolves: “El mejor equipo de Europa”. No tardaron en Francia en replicar a lo tabloides ingleses, en concreto y desde las páginas de L’equipe, el legendario Gabriel Hanot quiso apagar aquella euforia con la siguiente frase: “Ha ganado a tres grandes equipos, pero ha sido en su campo y sin tener que hacer un viaje ni soportar su cansancio”.

De la citada polémica surgió un intenso pero fructífero debate del que acabó surgiendo y sentándose las bases fundacionales de la Copa de Europa.

En definitiva y retomando una vez más el perfil legendario en bronce que nos ocupa, tenemos que destacar que Billy fue el primer futbolista inglés en llegar a las 100 internacionalidades -105 en total y 90 de ellas como capitán-. Toda una leyenda que participó en tres mundiales -1950, 54 y 58- y se mantuvo durante trece años al servicio y lealtad tanto del  Wolverhampton Wanderers -541 partidos y 19 goles- como de la selección, donde además de aportar su personalidad, desplegó su talento, su seguridad defensiva y dejó patente su gran corazón y profesionalidad.

Apodado también “Snowy” –nieve- por el color rubio de su cabello, tuvo también tiempo para protagonizar la anécdota vital y copar las portadas de los periódicos de la prensa rosa, puesto que su casamiento con Joy Beverley, una de las hermanas del grupo de cantantes Beverley Sisters, le convirtió en lo que algunos ahora equiparan como los ‘Posh y Becks’ de su época.

Nombrado en 1952 Mejor Futbolista del Año según la Football Writers Association, y en 1957 por la revista France Football, Balón de Plata como segundo mejor jugador europeo del Año, por detrás tan solo del mítico Alfredo Di Stéfano. Dos premios de un interminable rosario de agasajos y reconocimientos que vivió uno de sus momentos culminantes con la distinguida condecoración británica CBE.

Las tres letras que junto a su nombre coronan la placa situada en el frontal del pedestal del monumento escultórico ejecutado por James Walter Butler, en el que se puede contemplar a Billy emprendiendo la decidida carrera de un capitán y el balón hacia su inminente destino. El homenaje a una época, a un gran futbolista, a la historia ocre del fútbol inglés y a un estilo de juego…’Kick and rush’

Mariano Jesús Camacho.

 

 

 

 

 

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