Existe un sabio y edificante proverbio chino que afirma lo siguiente: “Las sociedades avanzan sobre los frágiles pies de los niños”. Para mí una sentencia tan sabia como profunda y que para desgracia nuestra olvidamos con demasiada frecuencia tanto en el campo de nuestra vida personal como en el de nuestra vida profesional.
El mundo del fútbol tampoco se encuentra ajeno a ello, pues tristemente siempre generó mayor interés -y por tanto mayor producción de ventas- el enfrentamiento dialéctico, la polémica y la provocación, que las pequeñas pero grandes historias humanas que se entretejen en la tramoya del fútbol. Aquella en la que competidores se muestran como amigos y los deportistas son conscientes de que llegará el momento en el que el balón dejará de rodar en sus vidas para convertir en un bello recuerdo sus habilidades deportivas, haciendo valer desde ese justo instante las personas que fueron y realmente son.
Será entonces quizás, cuando se valorará en su justa medida y en todo su conjunto al deportista, a la persona, pues entonces sabremos si su docencia ha sido tan edificante como para trascender del campo de juego y llegar a aquellos frágiles pies de los niños sobre los que avanza nuestra sociedad.
Historias tan humanas como la de Andrés Iniesta, uno de los mejores futbolistas del planeta, tan liviano como genial, uno de aquellos artistas que desde siempre, consciente o inconscientemente, son reveladores de la historia de este deporte. Su introspección, su sobriedad, sus gestos medidos y su parquedad, contrastan con el clima habitual del medio en el que ejerce su privilegiada profesión. Por ello su talentoso fútbol y sus gestos se traslucen en poesía, en una necesidad de transmitir enseñanzas, en una verdad enseñable y una actitud pedagógica.
Características difíciles de encontrar en la actualidad y enseñanzas tan universales como la de la inquebrantable amistad, tan poderosa como para saltarse barreras a priori insalvables. Tan poderosa como para hacer posible que el alma y corazón del Espanyol –Dani Jarque-  se convirtiera en hermano esférico de un modesto joven de Fuentealbilla e icono de su más encarnizado rival deportivo.
Aquel fútbol que a priori les tendría que haber separado les unió, hasta el jodido instante en el que el destino vital -que detuvo el corazón de Dani- les separó de forma trágica. Un duro golpe para Don Andrés, que encontró en su entonces dolido corazón el rincón adecuado para dejar apuntada una importante nota pendiente: “Despedirme de mi amigo como verdaderamente se hubiera merecido”.
Y así estuvo aguardando hasta el momento adecuado, concretamente hasta un 11 de julio de 2010, cuando en el minuto 116 de una Final de un Campeonato del Mundo, logró despedirse con todos los honores de Dani.
Con el gol que convirtió a España en campeona del mundo, el instante más mágico que puede llegar a vivir un jugador, aquel tiro cruzado que nunca olvidaremos y superó a Stekelenburg. El gol del triunfo, un gol que valió por un Mundial y provocó uno de los gestos más bonitos del fútbol moderno: Iniesta se sacó la camiseta y dejó ver otra debajo con aquella nota pendiente que flotaba en su corazón desde la marcha de su amigo  ‘Dani Jarque siempre con nosotros’

Grande Andrés, recuerdo que encontré en aquel entonces que su actitud tenía algo que en ese momento no podía definir, pero que luego entendí como una forma de nobleza sublime y una condición ética inclaudicable. Un gesto de nobleza que caló hondo en el espanyolismo, y vivió su continuación el pasado jueves, en un acto emotivo celebrado en Cornellà-El Prat.

Foto: RCD Espanyol

La foto y la noticia podría haber estado en la presencia de los dirigentes de ambas entidades en un ambiente de positiva sintonía, pero definitivamente esta circunstancia quedó relegada en un segundo plano. Y es que en el citado acto, Don Andrés tuvo un gesto más para con su amigo haciendo entrega a la entidad espanyolista de un objeto tan preciado como histórico, aquella camiseta que el pasado 11 de julio dio la vuelta al mundo con el nombre de Dani Jarque rotulado a mano. El detalle, enorme, un gesto más de nobleza de un tipo que merece mucho la pena, una camiseta que quedará expuesta en la puerta 21 del estadio, santuario dedicado al capitán espanyolista desde el día de su muerte .

Iniesta, al que le costó mantener el tipo quiso compartir el momento con todos de la siguiente manera: “Será difícil no emocionarse”, empezó diciendo. “Doy las gracias al Espanyol. Me da pena separarme de esta camiseta aunque creo que éste es el mejor lugar donde puede estar. Yo marqué el gol, pero Dani también será recordado”
El Espanyol por su parte quiso agradecerle a Iniesta su bonito detalle, haciéndole entrega de la insignia de oro y brillantes del club de manos del presidente, Daniel Sánchez Llibre. Personaje este último que eligió las palabras más acertadas y justas para definir a un crack como Don Andrés:  -“Iniesta es un gran futbolista, pero más allá de eso, cuando deje el fútbol será una persona muy querida por el espanyolismo y el mundo del fútbol”.

En esos dos gestos para mí se resumieron su fútbol poético, su innato desapego hacia los halagos, su grandeza, y sobretodo lo que yo vengo a definir como “La nobleza del poeta”.

Mariano Jesús Camacho.