El 25 de febrero de 1964 el Convention Hall arena de Miami Beach acogió el que está considerado como uno de los más legendarios combates de todos los tiempos. En una esquina del ring el consagrado y temido Sonny Liston, campeón del mundo y ejemplar prototipo de ello. Cuentan que un bombardero que derrotaba sin piedad a sus oponentes y además les hacía daño, humillándoles con aquellos KOs fulminantes… Poseedor del jab más devastador de la historia, -un golpe hacia arriba con el que levantaba a sus rivales del suelo- y unos reflejos soberbios acompañados de un buen control de los pies y de su rapidez. Toda una leyenda y considerado el boxeador más temido desde los tiempos de Joe Louis.
En la otra esquina el aspirante, Cassius Marcellus Clay Junior, un arrogante joven púgil que por fín había encontrado al entrenador adecuado -Angelo Dundee- capaz de manejar su arrogancia y sobre todo su enorme talento. Un genio que encontraba su mejor defensa en la rapidez, aquella insólita habilidad para calibrar el golpe del adversario y apartarse lo justo para que no le acertara, devolviéndolo de inmediato. Una eléctrica devolución cimentada en la envenenada trayectoria de sus golpes de izquierda, en aquellas vueltas de puntillas con sus manos colgando. Talento, velocidad, pegada y encaje, un genio que en alguna que otra ocasión hizo gala del “rope a dope”, una estrategia que consistía básicamente en apoyarse en las cuerdas y dejarse golpear hasta cansar al otro y en cuanto percibía una apertura, lanzar un contraataque, por tanto también inteligente sobre el cuadrilátero.
Un tipo muy peculiar, un provocador en potencia, capaz de llevar al extremo su particular habilidad para desquiciar al público y a los rivales con sus famosas guerras psicológicas. Como la que protagonizó con ocasión de aquel inolvidable combate, pues Clay llegó a pasearse por Londres con bombín y pajarita diciendo que Buckingham palace era “un pisito la mar de apañado” y solicitó el combate por el título persiguiendo a Liston armado con un tarro de miel, “para atraer al gran oso feo”. Cuentan que nada más concedérselo se trasladó a Denver para, a las tres de la madrugada, organizar un escándalo de proporciones bíblicas frente a la casa de Liston: -“¡Sal de ahí! ¡Te voy a machacar! ¡Ahora! ¡Sal a defender tu casa o echo la puerta abajo!”- …No sin haber llamado antes a todas las agencias de prensa de la ciudad.
Así afrontaron Liston y Clay el combate por los pesos pesados, en el que 8.300 privilegiados espectadores fueron testigos del nacimiento de una leyenda. Un duelo en el que un debutante muy bocazas como Clay derrotó a una máquina llamada Liston, que se dejó embaucar por la incontinente y provocadora verborrea de Cassius, tras la que se escondía el perfil de un campeón legendario.

A mediados del segundo asalto, el hombre más duro de la tierra sangraba abundantemente por su ojo izquierdo, aquel que el aspirante martilleaba convenientemente. Liston, el Rey, no le había podido alcanzar en una sola ocasión, y en el séptimo asalto arrojó la toalla aludiendo una lesión en el hombro, cediendo así su título a Clay, aquel polémico e insolente joven que poco después abrazaría al Islam y pasaría a ser conocido en el mundo entero como Muhammad Alí.
El próximo 29 de noviembre de 2010, ni Liston, ni Alí, saltaran al césped del Nou Camp, en su caso lo harán, Messi y Cristiano Ronaldo, el Barcelona y el Real Madrid o lo que es lo mismo, Pep Guardiola y José Mourinho. Y aunque en ambos equipos podría encontrar características de los dos legendarios púgiles protagonistas de la historia que os acabo de relatar, la cronología histórica de los hechos que nos han llevado hasta este nuevo clásico nos recuerdan en gran medida a aquel histórico duelo de 1964.

El Barcelona podría encajar a la perfección con el perfil de Sonny Liston, pues sigue siendo el Rey vigente, y además de la pegada y el buen control de pies de Sonny, posee su rapidez. Aunque las vueltas, la circulación por el ring de puntillas con las manos colgando de Clay y su frase “vuelo como una mariposa y pico como una abeja” se asemejan un poco más al estilo azulgrana.
Por su parte el Real Madrid encajaría con el talentoso pero provocador perfil de Clay, el aspirante. No en vano Cristiano Ronaldo y Mourinho escenifican a la perfección -cada uno en su parcela- su arrogancia, pero también la disciplina, la pegada y el talento del controvertido púgil, que en su estilo único de boxeo poseía alguna de las virtudes que exhibe hoy el actual Real Madrid. Una defensa basada en la rapidez, su  insólita habilidad para calibrar el golpe del adversario y apartarse en el momento justo, y devolverlo de inmediato. La eléctrica devolución de  la envenenada trayectoria de sus golpes de izquierda y su temible contraataque, aquel “rope a dope”, apoyado en las cuerdas dejándose golpear hasta cansar al otro, para encontrar una apertura en la defensa rival.
Como dije el encuentro entre dos grandes pesos pesados, uno -el Barcelona- que ya es leyenda y no tiene nada que demostrar, y el otro -el Real Madrid- que ha encontrado a su Angelo Dundee -Mourinho- particular, capaz de ajustar y afinar la potencia, el talento y la pegada de un aspirante que ya había dejado sobradas muestras de su valía.
En aquel legendario combate el aspirante pudo con el campeón y logró abrir paso a una nueva época, pero en este caso me resulta muy complicado hacer ningún tipo de pronóstico, pues como pude leer a Santiago Segurola, una de las características que mejor definen al campeón azulgrana es la admirable resistencia que demuestra ante retos de cada vez mayor enjundia.
En cualquier caso esta es mi visión del que puede ser el combate del año, la visión de un lunes 29 de noviembre en el que -como dijo Pep- aunque lo parezca, el mundo no se acabará, pues cada uno de nosotros seguiremos con nuestro tránsito vital cuando el ocaso cierre la página luminosa de ese día para abrir paso a la noche y al nacimiento de uno nuevo, que vivirá su resurgir luminoso a la hora del orto, cuando un nuevo amanecer nos transmita su poderosa enseñanza, aquella que nos permita reconocer el verdadero valor de las cosas, la diferencia entre el juego y la vida.

Mariano Jesús Camacho.

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