José Perácio Berjun

Junio de 1938, estadio Chapou de Toulouse, dos grandes selecciones se enfrentan en la Copa del Mundo de Francia, de un lado la Checoslovaquia de Planicka, Puc y Nejedly y del otro la maravillosa selección brasileña del inigualable Domingos da Guia, Romeu Pelliciari, José Perácio y el genial Leónidas da Silva.
Son los cuartos de final y una acción entra en la leyenda de los mundiales, el potentísimo y veloz artillero zurdo Perácio engancha uno de sus terroríficos zapatazos que a duras penas acierta a interceptar el legendario meta checo Frantisek Planicka. La bola impacta con tal violencia en el cuerpo del meta, que este pierde la estabilidad y choca violentamente con la madera, fracturándose el brazo y la clavícula.

Definitivamente el mortífero disparo de Perácio entra en una leyenda en la que el artillero zurdo comienza a cambiar conceptos, pues el perfil del futbolista de Río rompe con el perfil tradicional de futbolista.

José es un atleta en toda la extensión de la palabra y muestra unas condiciones físicas sobresalientes, nada corrientes en el fútbol de la época. Perácio revoluciona conceptos llegando al área como una exhalación desde la media izquierda con la enorme potencia que le proporcionan sus poderosas piernas y una vez allí conecta un tremendo disparo que aterroriza literalmente a los guardametas. Por ello y aunque Planicka se fracturara el brazo al impactar con el palo, la leyenda acabó atribuyéndole la citada lesión a su temible chut de zurda.
Además destacaba por su oportunismo, sus cualidades le valieron para consagrarse como una de las armas más mortíferas del fútbol brasileño y Botafogo en aquellos años treinta. Un jugador que antes de recalar en el equipo del que era torcedor desde pequeño fue tri campeón mineiro con Vila Nova y pasó por las filas del Palestra Italia. Luego tras su paso por el conjunto alvinegro firmó por Flamengo, donde tuvo una importante participación en la conquista del tri campeonato en 1944, formando una legendaria línea atacante con Valido, Zizinho, Pirilo y Vevé.
Fuente inagotable de historias y anécdotas su personalidad también trascendió a lo meramente futbolístico. Cuentan que en una ocasión viajaba en coche junto a su compañero Martin Silveira y paró a repostar gasolina. Mientras el asistente llenaba el tanque, Perácio sacó un cigarrillo con toda tranquilidad, lo encendió, y tiró la cerilla junto al surtidor.
Martín, fuera de sus casillas y aterrorizado le espetó indignado que estaba loco y era un irresponsable, a lo que Perácio contestó impasible:
¿Por qué te pones así?
¿Quién ha visto tirar una cerilla encendida a los pies de un surtidor? -Replicó Martín.
Y Perácio respondió, lo siento, Martín, yo no sabía que eras tan supersticioso.
Así era Perácio, un futbolista que disfrutaba escuchando a los locutores radiales entonar el grito culminante de una jugada. “Gooool!” Uno de sus sueños era poder escuchar algún día el citado y exultante grito cantando uno de sus goles. Por ello el punta izquierda, que solía tener el mejor coche del mercado, se compró la mejor radio de auto de la época con la esperanza de cumplir algún día aquel sueño.
Cuentan que solía dejar el coche con la radio encendida junto a la tribuna del estadio y la voz a toda pastilla con la esperanza de oír al relator. Lógicamente nunca llegó a conseguirlo, la voz de la torcida tapaba cualquier posibilidad. Lo intentó en vano en numerosas ocasiones y cuando le cuestionaron sobre todo aquello contestó con la siguiente afirmación: -No era buena, compré la radio equivocada.
Su carrera una inagotable estela de goles y anécdotas, como la protagonizada en 1939, en un partido internacional en el que se enfrentaron Argentina y Brasil por la Copa Roca.
Estando el marcador en tablas 2 a 2, el colegiado brasileño, Carlos de Oliveira Monteiro, señaló una pena máxima contra los argentinos. Se formó entonces un pequeño tumulto por las protestas de los jugadores argentinos, que encimaron al colegiado y provocaron la intervención de las fuerzas de seguridad, que se emplearon a fondo con los futbolistas porteños. En medio de un clima enormemente tenso los argentinos prefirieron abandonar el terreno de juego, y el colegiado para sorpresa de todos decidió continuar con el lanzamiento de la pena máxima sin ningún adversario argentino sobre el terreno de juego.
Perácio, elegido para el lanzamiento de la pena máxima se encontró con una de las situaciones más extrañas de su carrera, su potente disparo ante una portería vacía. El asunto parecía pan comido, pero un instante antes de lanzar el penalti, Carlito Rocha, -seleccionador brasileño- entró el terreno de juego para decirle a Perácio: “Chute bien a la esquina”.
Perácio se quedó frío y respondió: ¡Pero Carlito, la portería está vacía!
“Me da igual, chuta a la esquina”- Insistió el técnico.
Entonces las dudas asaltaron al punta izquierdo, el posiblemente mejor disparo del fútbol brasileño se enfrentaba ante una meta vacía y ante la posibilidad de colocar la bola a un palo y echarla fuera, quedando marcado para el resto de su carrera.
¿Y si chuto fuerte y la pelota se va por encima del travesaño? – Pensó también enojado.
Mientras, la torcida le gritaba desde la grada: “Chuta flojo, al centro!
Perácio escuchó, hizo caso a la grada, acometió el balón y dio una patada en el centro tan suavemente que vivió uno de los momentos más tensos de toda su carrera, pues técnico, afición y punta izquierda, siguieron enmudecidos el pausado rodar de la bola en su viaje hacia el otro lado de la línea de gol, entrando poco más de un palmo tras esta y quedándose a centímetros del que hubiera representado el mayor ridículo de su carrera.
Genio y figura este Perácio, depositario de la leyenda, la potencia, la anécdota y el gol de aquellos años treinta y cuarenta en el fútbol brasileño. Aquel que en 1944 sirvió en la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB) en Italia, en la Segunda Guerra Mundial y puso punto y final a su carrera en el modesto Canto de Río en 1951.
Un futbolista que como dijo Joao Saldanha comenzó a cambiar la concepción física del futbolista, aportando sus incuestionables cualidades atléticas y abriendo la puerta del profesionalismo en el fútbol de su país.
Fuentes:
http://www.museudosesportes.com.br/noticia.php?id=4664
http://br.oleole.com/blogs/miliano-fc/posts/figuras-da-bola-peracio
Mariano Jesús Camacho.