Hoy la quilla de mi barca rasga el Océano y sus viejas cuadernas nadan por la Costa de Mogán para mostrarme el encanto de un bello paraje que al fondo, justo donde diviso la que podría ser tierra prometida ilumina mi regreso a puerto. El omnipresente Sol de Arguineguin tuesta la arena de su playa y se confunde con la belleza natural de su barranco y la calurosa acogida de su puerto marinero. Enclave geográfico paradisíaco, único de la bella Gran Canaria, tierra canari y guanche de agua quieta, de la que solo podía surgir arte y belleza, conceptos estéticos que trasladados a fútbol cuentan en el rodar reciente con dos ilustres talentos que llevaron a lo más alto el nombre de su pueblo legendario: Juan Carlos Valerón y David Silva
El primero de enjuto físico y frágiles rodillas pero sutil y elegante presencia esférica, la magia canaria en sus botas y la luz en su privilegiada cabeza. El segundo, nieto de la ‘tirajanera’, orgullo y realidad de Arguineguin, en su zurda el fútbol de los dieciocho futbolistas grancanarios que abrieron el camino hacia la leyenda.
Aquel al que en su tierra idolatran y en Valencia buscan pero ya no encuentran, ese mismo que con la camiseta Sky Blue conquista hoy corazones citizens. Elegido con todo merecimiento como figura histórica representativa de la cantera del fútbol gran canario que tantas generaciones de talento nos ha legado.
Desde José Padrón “el Sueco” hasta Tonono, pasando por Germán Devora “el Maestro”, Trona, Gerardo Miranda, Manolo López “el Gato de Aruca”… Todos ellos representados en el elegante fútbol de Silva, maná esférico canario, el perfil adecuado para ser inmortalizado a las puertas de un estadio.
La escultura, del artista agüimense Francisco Suárez Díaz, que consiguió escenificar en bronce el esfuerzo de los miles de jugadores que a lo largo de tantos años han contribuido a darle brillo al fútbol de Gran Canaria. Situada paradójicamente junto al acceso de la grada sur del Estadio de Gran Canaria de Siete Palmas, escenario en el que juega sus encuentros la UD.Las Palmas, y puerta en su momento cerrada para el citado genio canario. En cualquier caso el merecido homenaje a varias generaciones de fútbol representadas sin duda en la citada estatua, símbolo del fútbol gran canario en la acepción más literal de la palabra.
Como dijo David Silva hace un año en la inauguración de la estatua: “Es un orgullo para mí el representar al fútbol gran canario, a los jugadores de esta tierra. Me siento orgulloso, pero no solo por mí. También por todos los que han luchado por este deporte”.

El inventario artístico del recuerdo esférico, ídolos y héroes de la mítica Grada Curva del Insular y de los equipos modestos de aquella bella tierra. Una estatua a la que el aficionado ni debe, ni puede permanecer ajeno, pues en ella quedan escenificadas miles de crónicas e historias, recuerdos por y para transmitir a las futuras generaciones, a aquellos pequeños aficionados que hoy avanzan ilusionados por el barrio Siete Palmas hacia la Grada Sur de su Estadio.
La técnica exquisita e improvisación de un futbolista de raza y estirpe entroncada genética y culturalmente con su legendario pueblo.  

Mariano Jesús Camacho.