La Masía

Un histórico edificio barcelonés construido en 1702 rezuma hoy oro de sus vetustas piedras del siglo XVIII, una edificación que vivió una prehistoria en la que sus 610 metros edificados fueron utilizados a finales de los cincuenta como taller y sala de trabajo para los arquitectos que proyectaron la maqueta y construyeron el mítico estadio azulgrana del Nou Camp, inaugurado el 24 de septiembre de 1957. Según aquella prehistoria la típica edificación rural del este de la península Ibérica cerró sus puertas aquel histórico 24 de septiembre en espera de un nuevo destino que encontró con la llegada a la presidencia de Enric Llaude, que reutilizó el edificio remodelándolo y ampliándolo para albergar la sede del club, inaugurada el 26 de septiembre de 1966.
Y cuenta la historia que trece años después, en 1979, el recién llegado presidente Josep Lluís Núñez decidió utilizar la vieja Masía del siglo XVIII situada junto al estadio para hacer las veces de residencia para los jóvenes que vivieran lejos de Barcelona.
Desde aquel año la creatividad de otro tipo de arquitectos comenzaron a construir y proyectar los sueños esféricos de muchos chavales entre aquellos muros, un concepto quizás no correcto del todo pues en su interior solo se aloja un porcentaje del grueso total de la prolífica cantera de sueños azulgrana, pero en todo caso y sin ningún género de duda la edificación que simboliza hoy día un estilo y una forma de trabajar.
En la primera línea de elogios los mediáticos nombres de Cruyff, Rexach, Van Gaal, Rijkaard, Guardiola, Xavi, Iniesta, Messi, pero tras ellos una serie de viejos y olvidados maestros encabezados por la figura de Oriol Tort, uno de los grandes arquitectos de este sueño. Coordinador del Fútbol Base desde los años ochenta, estuvo casi dos décadas al servicio de la ilusión, hasta su fallecimiento en 1999, cuando Pep Guardiola quiso despedirse del maestro con estas palabras: “el Barça ha perdido a un sabio”. Aquel sobre el que Josep Mussons, directivo encargado de la cantera durante la presidencia de Núñez, decía “si escribiésemos la lista de jugadores descubiertos por Oriol Tort, daría la vuelta al estadio”.
Tort asimiló, coordinó y asentó la filosofía de Cruyff en la cantera azulgrana, haciendo jugar a los chavales de idéntica manera desde benjamines. Todos pasaron por el buen criterio del viejo sabio, desde Guardiola a Iniesta, pasando por Amor, Ferrer, Sergi, Tito Vilanova, Xavi…
Trabajando codo a codo con él, la figura de otro hombre importante en el organigrama técnico del club, Joan Martínez Vilaseca, que desde 1995 compartió con Tort la coordinación del fútbol base. Dos figuras imprescindibles en el viaje esférico de sueños e ilusiones de los miles de chavales que pasaron por sus sabios consejos y a las que debe unirse una tercera, la de Albert Benaiges. Encargado de sustituir en el cargo a Vilaseca -tras su jubilación- y que tuvo a sus órdenes entre otros a Leo Messi y Andrés Iniesta. Un técnico para el que siempre tuvo mayor importancia la formación que los títulos en aquellos cruciales arcos de edad.
Todos ellos personajes imprescindibles y habituales en el paisaje histórico de aquellos muros de La Masía, de sus campos circundantes y la ciudad deportiva, lugares en los que tantos chicos se formaron tanto deportiva como humanamente. El viejo sueño que hoy viaja a través de dos plantas, aquel que recorre la cocina, el comedor, los baños, la sala de estar, la biblioteca, la sala de ordenadores, los vestuarios, los despachos de administración y los cuatro dormitorios. Ese mismo del que cuentan un viejo espíritu se hace dueño en el desván, allá donde la vieja crónica y la historia recuerda infinitos rondos con el balón, un pase de Guardiola o una genialidad de Laudrup mirando al tendido.
La sutil elegancia sobre la que se cimentó una filosofía y sobre la que trabajaron nombres menos conocidos, quizás representados en el singular perfil de bronce del viejo abuelo del Barça, -personaje emblemático creado por el dibujante y escritor valentí Castanys i Borrás para personificar al Fc.Barcelona en la revista Xut- que a las puertas de La Masía te da la bienvenida y alrededor del cual corretean las ilusiones de aquellos chicos que residen en ella.

Chicos como Andrés Iniesta, Leo Messi o Xavi, tres genios que fueron niños, que maduraron y se convirtieron en futbolistas y hombres, pero que nunca dejaron de serlo a la hora de entrar en contacto con el balón. Historias que hoy circulan por el viejo desván de La Masía, allá donde dicen que su espíritu cuenta leyendas de balones de oro y las transmite a las nueva generaciones.
Foto: http://www.flickr.com/photos/hiytel/264097344/
Mariano Jesús Camacho.