El fútbol como la mayoría de las actividades humanas ha estado sujeto en sus inicios a la exclusión social y racial, por ello no podemos permanecer ajenos a la existencia de un grupo determinado de personajes y figuras de referencia que contribuyeron de forma crucial en la concienciación social sobre la necesidad y la posibilidad real de construir un mundo más justo e igual. Un mundo nuevo en el que la existencia de actividades catalogadas con rango de exclusividad para la raza blanca o en su caso determinadas y privilegiadas clases sociales, queden y vayan quedando en el olvido, dentro de lo considerado como caduco y obsoleto.
Gracias a ellos las enormes barreras sociales y raciales han ido superándose, y aunque el camino de igualdad siga encontrando obstáculos en su trayectoria, lo conseguido hasta nuestros días no habría sido posible sin perfiles vitales como el de Arthur Wharton.
Primer futbolista de color en gozar del privilegio de jugar como profesional en la  Football League, aunque no el primer jugador de color en practicar este deporte de forma amateur en Inglaterra, honor que correspondió a Andrew Watson.
En el caso de Arthur Wharton, nos topamos con la figura referencial de un extraordinario deportista originario de Jamestown, la Costa de Oro de África, la actual Accra -Ghana-. Un joven mestizo con ascendencias caribeñas, escocesas y ghanesas que llegó a Darlington a la edad de 19 años, para concluir su formación como predicador metodista.
Cuentan que un atleta de condiciones sobresalientes para el deporte, que desafió al viento con sus veloces piernas, al punto de convertirse en el hombre más rápido de Gran Bretaña. Recuerdo que nos transporta hasta el año 1886, cuando en el Campeonato Amateur de la Asociación Nacional de Atletismo disputado en Stamford Bridge en Londres, estableció en solo diez segundos una nueva marca mundial para la distancia de los 100 metros. Dejando la única opción a sus rivales de perseguir la estela que dejaba tras su endiablada y poderosa carrera.
Fue entonces cuando valoró seriamente la posibilidad de dedicarse y ganarse la vida siendo profesional del atletismo. Atleta que despuntó también en el ciclismo y en el criquet, llegando a jugar en equipos de Yorkshire y Lancashire, y que acabó captando la atención de varios clubes profesionales del fútbol de la época.
Aunque por su enorme velocidad llegó a jugar en alguna ocasión como winger, acabó consolidándose en la portería. Primero como guardameta del Darlington y luego del Preston North End, club por el que firmó un contrato semiprofesional tras convencer a los ojeadores en la temporada 1885/86.
En las filas de los Lilywhites llegó a disputar la semifinal de la FA Cup y su buen hacer en la portería propició que se valorara la posibilidad de que llegara a enfundarse la camiseta nacional de Inglaterra, pero los prejuicios raciales existentes acabaron con sus opciones reales de romper otra insalvable barrera de la época.
En cualquier caso su historia caló hondo y su figura es absolutamente referencial en la historia del fútbol, puesto que en 1889 se convirtió en el primer futbolista de color en firmar un contrato profesional con la casaca del Rotherham Town. Posteriormente en 1894 firmó por el Sheffield United, aunque la fortuna no le acompañó en esta nueva etapa, viéndose relegado al ostracismo por la irrupción de un joven guardameta llamado Bill “Fatty” Foulke.
Continuó su carrera en las filas del Stalybridge Celtic y el Ashton North End, cerrando de forma definitiva su paso por el fútbol en 1902, jugando para el Stockport County en la Segunda División de la Football League.
En febrero de 1902, a la edad de 37 años, este guardameta nada ortodoxo en sus acciones del que cuentan convirtió el oficio de portero en puro entretenimiento, jugó su último partido ante el Newton Heath.
A partir de aquel día su nombre comenzó a entrar en la leyenda de forma proporcional a la que su vida iba apagándose en el olvido y entrando de nuevo en otra forma de exclusión. En esta ocasión en la exclusión social, puesto que pese a nacer en el seno de una familia de clase media-alta, su decisión de dedicarse profesionalmente al deporte le acabó pasando factura y llevando a un nivel social más bajo. Siendo por ello rechazado por la Administración Colonial de Ghana para ocupar un puesto de la administración pública y pasando gran parte del resto de su vida laboral -los últimos 15 de su vida- en los duros pozos mineros de carbón de South Yorkshire. Localidad en la que en diciembre de 1930 falleció en el olvido, sumido en el alcohol y enterrado en una tumba de tercera clase de Edlington.
Afortunadamente su nombre, que fue rescatado en 1997 de la crónica legendaria por el proyecto “Football Unites Racism Divides”, acabó entrando en la leyenda.
Una leyenda que sigue viva en Darlington, donde se proyecta erigir una estatua en su honor y donde la crónica histórica desempolvó del recuerdo el cántico que le dedicó la afición con motivo de su regreso a casa tras una temporada jugando en el Preston North End: ‘Wharton of Darlington’.

Mariano Jesús Camacho.