Como sucedió con Eindhoven la ciudad de Rotterdam fue duramete castigada por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, estos destruyeron en gran parte  la ciudad antigua y de sus escombros resurgió una ciudad moderna que se abrió camino a través de nuevas y futuristas líneas de diseño arquitectónico. De esta manera nació la nueva Rotterdam, aquella que juega constantemente con paisajes geométricos atrevidos y modernos que la convierten en una urbe única que parece haber surgido de un ordenador.
Su puerto comunicado con el río Rin es el más grande del mundo y más importante de Europa, su existencia data desde 1328, cuando todavía era un pequeño puerto para pesca situado en el río Rotte. Se desarrolló extraordinariamente a partir del siglo XIX, cuando se abrió una conexión con el Mar del Norte, llamada de Nieuwe Waterweg, estableciendo un importante canal de comunicación con la pujante y potente industria alemana. Su papel en la economía holandesa tiene tanto calado como el del propio e inmenso puerto, por el que cada día circulan navíos con una capacidad de carga de hasta 350 mil toneladas.


Paralelamente al crecimiento del puerto y a la histórica rivalidad existente entre Rotterdam y Amsterdam -se considera que en la primera se produce gran parte de la riqueza del país y en la segunda se gasta- hubo un tiempo en el que el Feyenoord, primer club en importancia de la ciudad -el otro es el Sparta- rivalizó por la hegemonía del fútbol holandés con el Ajax. Un tiempo pasado en el que la grandeza del equipo de los trabajadores fue equiparable a la de su puerto y en el que en la Eredivise existió una eterna dualidad protagonizada por los ajacied y los industriales.
Años para el recuerdo en los que un equipo con jugadores de la talla de Van Duivenbode, Rinus Israel, Willem Van Hanegem, Ove Kindvall y Coenraad “Coen” Moulijn mostró su infatigable oposición al Ajax y su poderío en el fútbol europeo conquistando la Copa de Europa en 1970. Siendo el primer conjunto holandés en conseguirla al vencer 2 a 1 en la final al Celtic FC.

Título con el que posiblemente se culminó el desarrollo de una etapa inolvidable. Días de gloria en los que un extremo de leyenda se consolidó como pieza básica del brillante destino que vivieron en los años sesenta y setenta los aficionados que acudían cada semana a “La bañera” a disfrutar con su equipo.
Su nombre Coenraad “Coen” Moulijn y como dije un extremo izquierdo que permanecerá por y para siempre en la memoria histórica de sus aficionados. De su regate toda la magia y de sus centros las líneas geométricas y parábolas que hicieron llegar de forma matemática el esférico a la cabeza de Ove Kindvall, gran beneficiado de su talento. En sus botas el desafiante diseño geométrico de la ciudad de Rotterdam y toda la historia de De Kuip, mítico escenario en el que hoy a sus puertas se rinde homenaje a su perfil de bronce.
Aquel que desde octubre de 2009 recuerda que Coen fue el mejor jugador de la historia del club, con 500 partidos disputados con la camiseta del Feyenoord, desde que en 1955 -a la edad de 18 años- llegara procedente del Xerxes DZB hasta el año 1972, en el que colgó sus botas.
En su número once dicen que residió la magia del considerado como equivalente holandés al legendario Stanley Matthews. Diecisiete temporadas para el recuerdo y una estatua hoy más que nunca para la enseñanza, también para la inspiración, aquella de la que surgió en 1961 una canción de Rita Corita titulada “Heeft Coen de bal aan zijn schoen” -Coen tiene el balón en su bota-.
Conocido como “Mister Feyenoord” hoy a sus pies reposan las flores y bufandas con las que sus aficionados y su club -desde el pasado 4 de enero- lamentan su pérdida a la edad de 73 años.
Con él se marcha el recuerdo de la final de San Siro, la mágica vaselina de Kindvall en el 117 de partido, el refinado juego del equipo dirigido por Ernst Happel, sus cinco títulos de Liga, la leyenda de su zurda y el envenenado regate con el que fingía salir para la derecha rompiendo a su marcador y saliendo a velocidad de crucero para la izquierda, desde donde ejecutaba sus mágicos centros.
Ese mismo capaz de medio llenar el estadio De Kuip solo con las cartas recibidas por el Feyenoord con motivo de su fallecimiento. Las gradas de un mítico estadio en las que hace cuatro décadas sonó con fuerza el grito: Coentje! Coentje! Coentje!

Mariano Jesús Camacho.
Fotos:
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