Aunque una corriente de historiadores atribuye el origen Portus Cale a los pueblos galaicos que habitaban en la zona, la corriente más sólida sobre el origen etimológico e histórico de la citada denominación apunta a que la palabra Cale deriva del griego Kalles -“bonito”-, término con el que los griegos bautizaron al puerto cercano a la actual Oporto y con el que quisieron describir la belleza del Valle del Duero.
Un término que los fenicios transformaron en la palabra Cale, y que los romanos acabaron haciendo suyo. El 50% de la etimología histórica de Portugal, palabra que deriva del nombre romano Portus Cale, surgido durante la Segunda Guerra Púnica -final del siglo III a. C.- cuando los Romanos conquistaron a los cartagineses la citada localidad.
De la misma forma no podemos pasar por alto aquella provincia romana de la Lusitania, al suroeste de la Península Ibérica, que otorgó el referido término luso a los originarios de aquellas tierras. En definitiva la historia y belleza de un país enmarcado por laderas de viñedos escalonados, en las que los sentimientos estallan con su paleta de colores, aromas y sabores. Sentimientos que fluyen por el caudaloso río Duero, arteria principal de la magia y leyenda de todo un pueblo.
La artería vital de unas tierras a las que hoy me traslado para buscar en ellas a las primeras cosechas de su fútbol. A Artur de Sousa “Pinga”, paisano de Cristiano Ronaldo -natural de Funchal- y considerado mejor jugador de la historia del Oporto. Futbolista que deslumbró en Marítimo y que en las doce temporadas que defendió la casaca del Oporto dio clases magistrales en cada partido, enseñando a las nuevas generaciones cómo se debía de jugar al fútbol. Un genial interior o delantero zurdo, dotado de gran calidad, visión y velocidad. Un auténtico genio con el balón en los pies. Sin duda la primera gran estrella de la historia del Oporto y un goleador con letras mayúsculas.
Un gran futbolista que junto a Acácio Mesquita y Valdemar Mota conformó uno de los grandes medios del campo de la historia del Oporto, una tripleta de futbolistas que pasaron a la historia con el sobrenombre de “Os três diabos do meio-dia”.
Máximo goleador en 1936 con 21 tantos, el Oporto con Pinga como máxima figura, conquistó el “Campeonato de Portugal” en la 31-32 y 36-37 y el “Campeonato de Liga”, en la 34-35. Con posterioridad y con la nueva designación en 1939 del Campeonato como “Campeonato Nacional”, logró conquistar dos ediciones más, en 1939 y 1940. La leyenda madeirense de Pinga, uno de los más grandes, aquel ‘craque’ que en la Rúa Artur De Sousa “PINGA”, posee una calle en honor a su figura.
Recuerdo que me sitúa justo ante otra de las primeras legendarias estrellas del fútbol portugués, como lo fue también el espirituoso Guilherme Santa Graça “Espirito Santo”, conocido también como “La Perla negra”. De ascendencia angoleña y nacido en Lisboa este genial jugador marcó época con la casaca de Benfica. Espirito Santo fue precursor de la saga de legendarios futbolistas de color que hicieron grande a Benfica: los Eusébio, Coluna, Santana, Rui Rodrigues, Jordão, Shéu, Mantorras…
“Espirito Santo” era un delantero de una velocidad impresionante, un salto extraordinario, gran calidad en el regate, en el pase, y mucho gol. Su clase y sus cualidades le valieron para ser un fenómeno tanto en la posición de delantero centro como en el extremo diestro Anotó la magnífica cifra de 199 goles, firmando nada más y nada menos que 16 hat-tricks.
Cuentan que Espirito Santo era veloz como el viento, un magnífico atleta, campeón tanto en fútbol como en el atletismo. En su faceta como atleta llegó a ser campeón nacional y recordman en tres modalidades de salto: altura, triple y longitud. Concretamente el 10 de julio de 1938 estableció un nuevo récord nacional de salto en 6,89m, que estableció el techo histórico durante muchos años.
Llegó también a representar a Benfica jugando al tenis, si a todo ello le unimos el hecho de que poseía una depurada técnica y un salto espectacular, estamos sin duda ante el gran futbolista que fue. La historia de dos grandes cracks que representan a la perfección la primera terna de estrellas del fútbol luso, continuada por Peyroteo y sus “Cinco Violinos”, Virgilio Mendes, Hernani, Jaburu…

Estrellas de nuestro país hermano, aquel Portus Cale testigo de un flujo constante de diferentes civilizaciones durante los últimos 3.100 años y de héroes futbolísticos en los últimos cien. Un siglo de talento y viñedos centenarios, aquellos de los que cuentan que surgió un auténtico manjar de dioses con el buqué de Futre, Chalana, Figo y Rui Costa, más la fuerza, el cuerpo y el espíritu de Eusebio. La grandeza de un vino que tuvo su mejor cosecha en 1985, en el camino pobre de Quinta do Falcao, en el que un 5 de febrero nació un madeirense llamado Cristiano Ronaldo.
Mariano Jesús Camacho.