Astrónomos de la Universidad de California en Santa Barbara, la Universidad de Lancashire Central en Gran Bretaña, los Observatorios Carnegie en Pasadena (California) y la Universidad de Washington efectuaron una investigación en busca de las primeras estrellas que se formaron en nuestra expansiva Vía Láctea. Como nuestra galaxia se formó del centro hacia afuera, desde un principio se encontraron con la tremenda dificultad de que las mismas eran tremendamente complicadas de descubrir y rescatar por la sencilla razón de que las estrellas más antiguas habrían estado todas cercanas al centro y por tanto engullidas por el polvo cósmico. Se les llamó por tanto la generación desvanecida, remanentes tardíos de una generación inicial que hubo de rescatarse con una simulación y el estudio del extrarradio, donde encontraremos el rastro cósmico de esta generación primigenia.
Y en busca de una de aquellas generaciones desvanecidas de la historia del fútbol rescato una de aquellas cajas repletas de polvo cósmico que orbitan por el extrarradio histórico de la Galaxia esférica del fútbol argentino.
Remanentes tardíos del fútbol argentino en cuyo contenido residen los elementos primordiales que propiciaron el posterior brillo de las generaciones de futbolistas del citado país. Sin aquellos no hubieran brillado estos, una serie de -estrellas primigenias- futbolistas que en su camino inicial me conducen indefectiblemente a la figura de otro: Manuel Seoane, “el Maradona del amateurismo”.
En Argentina para hablar de primeras estrellas debemos ineludiblemente citar a Jorge Gibson Brown, “el primer caudillo del fútbol argentino”, primer crack de un fútbol aún muy británico, copado de anglicismos, apellidos de las Islas y poblados bigotes que evangelizaban las canchas argentinas. El citado jugador del histórico Alumni, un espejo de comienzos del siglo XX, símbolo de una Argentina que murió y de otra que sigue siendo. Un futbolista tan habilidoso como abanderado del fair play.
Hablar de inicios en el fútbol argentino y no citar al Alumni y a Jorge Brown es un sacrilegio pero en el avance cronológico de la historia encuentro la respuesta de un fútbol criollo que será el encargado de dotar al citado deporte de la personalidad real de su pueblo.
Es en este punto donde cobra protagonismo el fútbol del potrero y la Academia de Racing Club, aportando al mismo a jugadores como Juan Perinetti (un chiquilín que ya deslumbraba con su gambeta en la punta izquierda), y especialmente a Alberto Bernardino Ohaco, que logró forjar su propia impronta, no sólo como delantero sino como icono del Racing, que se llenó de gloria en el amateurismo.
Avanzando otro peldaño más en esta génesis del fútbol criollo de aquellos años veinte, encontramos a un goleador implacable xeneize llamado Domingo Tarascone “Tarasca”, al que Osvaldo Fresedo le dedicó en 1928 el tango “Tarasca solo”, excelente jugador que compartió época con la primera gran figura de aquel fútbol del potrero: Pedro Ochoa “Ochoita”.

En este último caso uno de los mayores ídolos argentinos, surgido poco antes de finalizar la década de los años veinte. Fino en el manejo de la pelota, todo un estratega y un consumado goleador
Fue tal la devoción que despertó en los aficionados que Carlos Gardel, reconocido hincha de Racing, le llegó a admirar tanto que le dedicó el tango “Patadura”, en el que su fraseo insuperable le definió así: “.. y ser como Ochoita, el crack de la afición. “
El “Zorzal criollo” sintió admiración por muchas de aquellas primeras estrellas, especialmente por Pedro Ochoa, delantero derecho de Racing. También por Raimundo Mumo Orsi, el wing de Independiente, a quien muchas veces le rogó: “¡Largá al rojo, Mumito. Largá al rojo y venite a Racing! ¿Sabés lo que serían Ochoita y vos, juntos?”. De igual manera le cantó al corazón de Monti y a la efectividad de Tarascone, capaz de hacer: “de media cancha un gol”.

Ha debido transcurrir un largo tiempo para que estos elementos pesados enriquezcan un gas mucho más lejano y sean rescatados del polvo cósmico de la historia. Unas estrellas primigenias tardías que vivieron su estallido lumínico en la figura de Manuel Seoane, un jugador que con la camiseta de Independiente dejó una huella imborrable y conformó una delantera temible junto a Zoilo Canaveri, Alberto Lalín, Luis Ravaschino, Manuel Seoane y Raimundo Orsi.
Un genio, una estrella, magníficamente perfilada en el “Libro del Fútbol” editado por Editorial Abril en 1975:
Perfecta concepción estratégica del juego. No fue un técnico eximio, pero estuvo lo suficientemente dotado para gambetear con rara facilidad, realizar pases de perfecto destino tanto en el juego corto como en el largo y conducir la pelota con absoluta seguridad. Muy buen remate con ambas piernas, ya sea con potencia o colocando el balón. Extraordinario en el juego alto. Guapo en los entreveros. Gran personalidad con cualquier camiseta y en cualquier escenario. Increíble picardía para desorientar al rival y sacar partido de diferentes situaciones.”

La majestuosa descripción de un genio, la del recordado como “Maradona del amateurismo”, dicen que el delantero argentino más completo y espectacular en la década de los años veinte. Un jugador al que también se le colocó el apodo “La Chancha” por su físico obeso, común para los jugadores de su época. Otro fútbol pero igualmente potrero de puro genio, gol, pura gambeta, centroforward e insider izquierda, iniciador de la legendaria saga de volantes por la izquierda que legó Independiente. Aquel diablo rojo al que la histórica revista “El Gráfico” publicó una sus famosas tapas con una gran foto suya en la que se podía leer: “Manuel Seonae, el Forward más peligroso de los últimos años”.
La investigación cósmica de una historia de luz que la voz del Río de la Plata convirtió en leyenda  en un tango de altos vuelos titulado: Patadura (frag.)
“Piantáte de la cancha, dejále el puesto a otro de puro patadura estás siempre en orsay; jamás cachás pelota, la vas de figurita y no servís siquiera para patear un hands. Querés jugar de forward y ser como Seoane y hacer como Tarasca de media cancha gol. Burlar a la defensa con pases y gambetas y ser como Ochoíta el crack de la afición”.

Fuentes:
http://caindependiente.com/cms/grandesleyendas.php?id=51
Mariano Jesús Camacho

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