Nacido en París en 1905 la figura de Jean Paul Sartre representa a la de uno de los más geniales pensadores del siglo pasado. Sus lineas de pensamiento agrupadas al movimiento existencialista y la neurosis existencial que constituyó su obra y su vida. Aquellas con las que defendió que la existencia precede a la esencia y en las cuales nuestra esencia es aquello que mediante nuestros actos construirá nuestra existencia y nos definirá.

Su obra filosófica más importante El ser y la nada, y sus novelas sombreadas de tonos dramáticos alcanzaron resonancia universal, en ellas teorizó y reflexionó sobre la soledad, la angustia, el fracaso, la muerte… El ser existencial que vive en nosotros y está condenado a ser libre pero tiene miedo a ello y a la científica realidad de que no hay otra salida que la de renovarse o morir en cada instante de su vida.

Su figura pública, siempre comprometida con los avatares políticos contemporáneos, un hombre que se mantuvo firme en la brecha activa, circunstancia que le reportó más de un problema a lo largo de su tránsito vital. Un tránsito vital entregado por completo a la neurosis existencial de un genio, aquel que comenzó a interesarse por el fútbol observando al Paris Saint Germain, club que acabó por convertirle en ávido estudiante esférico

De esta forma no tardó en recurrir al citado deporte para disertar sobre sus pensamientos existencialistas, la conciencia del otro y algunas bases de sus teorías de los grupos. Ejemplos que pueden darse en un partido de fútbol sobre lo que Sartre define como conciencia no tética de nosotros. Es decir, aunque cada conciencia está absorta en el objeto (el espectáculo), los espectadores de un partido de final de copa, pongamos por caso, son ciertamente co-espectadores, por más que no esté reflexionando en el “nosotros” como sujeto colectivo. La conciencia no tética del nosotros se manifiesta muy a las claras cuando estallan espontáneamente los aplausos masivos y el vocerío.

A la última época de su producción filosófica corresponde el intento de establecer las bases de una antropología materialista, a través del pensamiento marxista, que encuentra su obra más importante en La Crítica de la Razón Dialéctica -1960-. Obra en la que en más de una ocasión recurre al fútbol para demostrar sus reflexiones filosóficas. Sartre utilizó el ejemplo del equipo de fútbol para ilustrar su teoría sobre los grupos y se refirió al mismo en estos términos: “Es ejemplar el caso del Fútbol, con las relaciones entre los jugadores, esos pequeños grupos estrechos y rigurosos; la indiferenciación del derecho y del deber para cada jugador, así como el juego de las reciprocidades diversas entre jugadores, grupo adverso y espectadores”.

También en sus reflexiones sobre el “buen guardameta”, el genial pensador nos sorprende con la siguiente y curiosa crónica filosófica de una acción del juego: “El guardameta fue quien salvó varias veces a su equipo a través de acciones individuales, es decir, de una extralimitación de su poder en una práctica creativa.”

Sartre no olvidó agregar: “En el fútbol todo se complica por la presencia del equipo adversario”. Y acabó sentenciando con una frase que muchos de nosotros hemos comprobado en una de nuestras habituales crisis y neurosis existenciales: “El fútbol es una metáfora de la vida”

Pura filosofía, corrientes de pensamientos y enfrentamientos reflexivos a la realidad, la curiosa relación entre el filósofo y el fútbol que hoy quisiera rematar con la representación de un Partido de fútbol entre filósofos que los Monty Pyton elevaron a la categoría de genialidad:

Mariano Jesús Camacho

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