Desde lejos las historias son leyenda y desde cerca las noticias dibujan efectos futuros de acciones presentes. En lo lejano apreciamos el sabor de lo añejo y en lo cercano descubrimos el olor de lo nuevo, allá a lo lejos llueve ausencia en el olvido y acá en la cercanía de lo inmediato se hace presente la primicia. El pasado nos instruye, el presente construye y el futuro nos espera
Y allá, en la lejanía se fuga la historia abriendo paso a palabras que deslizan sobre hojas en blanco crónicas que constituyen cumbres del presente.  Noticias de tierras cercanas y lejanas que vuelven a situarme en la órbita temporal de una nueva estrella esférica. En esta ocasión en la vertical temporal de un fútbol que en la lejanía encuentra a sus más relevantes leyendas en John Charles, John Toshack, Mark Hughes, Ian Rush y Ryan Giggs.

En este último caso un druida natural de Cardiff que aún esconde en su zurda prodigiosa todo el poder de la magia celta. Un futbolista y una ciudad  con los que las palabras jamás consiguen estar a la altura de su grandeza. Giggs y Cardiff o viceversa, arquitectura de matices neogóticos, eduardianos y victorianos que resaltan la historia de su pasado tradicional con la modernidad del presente y la ingeniería del futuro.

Modernidad e ingeniería -presente y futuro- que en la cercanía del tiempo encuentran en un joven de 21 años a su máximo exponente de talento. De nombre Gareth Bale, y en su pierna izquierda la sabiduría y escuela de Ryan, su alter ego y “The welsh wizard”.
Su máximo ídolo, al que quiso emular en la Eglwys Newydd Primary School de Whitchurch, donde comenzó sus primeros sueños vinculados al deporte y el fútbol. Su primer equipo el Cardiff Civil Service Football Club, equipo en el que sus primarias carreras construyeron el envidiable futuro de un chico que poco después manifestaría de forma exponencial su poderío físico.
En la Whitchurch High School en Cardiff, escuela en la que Gwyn Morris -profesor de educación física que le hizo mejorar jugando a un solo toque y sin usar su pierna izquierda- lo calificó como uno de los alumnos menos egoístas, más modestos y con más talento a los que había tenido el placer de formar. Un chico que se desprendía del halago con el clamor de su carrera. Deportista de sobresaliente con grandes aptitudes para el hockey y el rugby, pero destinado a ser un gran futbolista.
Y es que mientras su insaciable carrera abrumaba, y su pierna diestra hacía balance y acompañaba, su zurda sutil hacía sonetos sobre la banda. Cualidades que fueron valoradas en alta estima por los técnicos del Southampton, que lo reclutaron para su prolífica academia de talentos de Bath. Enclave geográfico en el que este joven considerado hoy como attacking full-back -defensa lateral ofensivo- completó su formación futbolística.

Su salto a la primera escena hace ya un buen tiempo, un 17 de abril de 2006, cuando en la victoria 2 a 0 sobre el Milwall en la Championship, se convirtió en el segundo jugador más joven de la historia -tras Theo Walcott- en debutar con los Saints, -Southampton- tres meses antes de cumplir los diecisiete años. Un mes más tarde hacía su primera aparición con la selección absoluta de Galés, en la victoria 2 a 1 sobre Trinidad y Tobago. Poco después -en octubre de aquel año- comenzó a dejar claro que las palabras de Toshack -que le definió como un futbolista muy especial- estaban cargadas de fundamento. Un lanzamiento de libre directo de su prodigiosa zurda ante Eslovaquia en el Millennium Stadium de Cardiff, le convirtió en el futbolista más joven en anotar un gol con la casaca de la selección galesa.
En diciembre de aquel año Bale recibió el Premio Carwyn James, que la BBC galesa otorga al más destacado deportista joven del año. Para aquel entonces Bale ya había mostrado la precocidad de su magnífica pierna izquierda, sus precisos golpeos a pelota parada y la velocidad de sus 183 cms. La energía cinética de una carrera huracanada, que al entrar en contacto con la calidez tropical de su pierna izquierda, comenzó a generar disturbios atmosféricos sobre la línea de cal del estadio St. Mary.

Era solo cuestión de tiempo que su talento exponencial protagonizará el primer traspaso de su carrera, circunstancia que aconteció en mayo de 2007, cuando el Tottenham Hotspur pagó por el joven jugador galés la cantidad de siete millones de libras -más tres por incentivos-.
Debutó en partido oficial con los spurs un 26 de agosto de 2007, en el campo del Manchester United y anotó su primer gol unos días más tarde, en el empate a tres ante el Fulham FC. La precocidad de Bale le habían situado en la parrilla de salida de una prometedora carrera, que experimentó cierto estancamiento hasta que Harry Redknapp se cruzó en su camino. Y es que Gary luchaba por un puesto en la zaga de los spurs, donde lo hacía bien pero no llegaba a la excelencia con la que se exhibe hoy día. Fue Harry Redknapp el que le encontró la ubicación idónea para explotar al máximo sus cualidades. El astuto técnico consciente de sus aptitudes ofensivas lo adelantó a la posición de winger izquierdo, y aún a sabiendas de que era capaz de cubrir toda su banda, le cubrió las espaldas y liberó toda su fuerza cinética.
El resto es historia, un talento de gran presente y futuro, pero con mucho de pasado, pues en su fútbol se puede intuir el sabor de lo lejano, el de aquellos ‘extremos encaradores’ que pasaron de moda y nos hicieron disfrutar rompiendo zagueros sobre el hilo blanco de la cal. Allá donde cuentan que la hierba aparece segada por el arrasador paso de un ‘ciclón galés’, capaz de mandar un centro medido en carrera o irrumpir en el área con la fuerza del viento huracanado y la sutilidad de la brisa para hacer un hat trick como el que le vimos firmar ante el Inter.
Por todo ello empiezo a sospechar que lo de su apellido no es fruto de la casualidad, sino más bien del destino. Esta bala galesa tiene el mundo a sus pies y a su espalda la posibilidad de mejorar en defensa. “El Ciclón de Cardiff”, la mejor representación de lo nuevo, lo cercano, con albores de un fútbol lejano y el enorme reto de suceder a un druida galés que convirtió la banda izquierda en escenario de su ilusionismo esférico.

Mariano Jesús Camacho.

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