En Black Hills, Dakota del Sur, USA la creativa locura de un artista ya desaparecido, sigue tomando forma en manos de sus hijos sobre las Colinas negras. Aquel lugar en el que un día  Korczak Ziolkowski soñó con inmortalizar esculpida sobre la dura orografía de una montaña la legendaria figura de Tasunka witko, un poderoso jefe indio de los sioux que pasó a la historia con el sobrenombre: “Caballo Loco”.
A muchos kilómetros de distancia y en otro punto del planeta, otro “Caballo Loco”, otro jefe indio -en su profesión- fue inmortalizado en bronce en su ciudad de nacimiento. En Barrow in Furness en el condado de Cumbria. La gélida ciudad del acero y la industria siderúrgica que fue famosa mundialmente hasta que agotó su valioso metal acerado. En su día poderosa por sus inmensos muelles y astilleros de Devonshire Dock Hall. También bella e histórica, pues sobre la abadía de Furness y sus edificios de piedra arenisca roja rezuma la historia y el encanto de otros tiempos. Una ciudad que encuentra en el perfil de bronce de Emlyn Hughes a uno de sus paisanos más ilustres y al primer futbolista que izó al cielo red una Copa de Europa para el Liverpool.
Un guerrero con el don de la ubicuidad, la omnipresencia de un luchador que ponía sobre el terreno el 110% de su capacidad de entrega y sacrificio. Como dije un jefe indio, porque aunque después de un tackle de rugby a Albert Bennett, -winger del Newcastle- tuvieron a bien bautizarle con el sobrenombre de “Caballo Loco” -en alusión a un caballo desbocado-, Hughes fue uno de los jefes de un equipo de leyenda. Y es que existen maneras y maneras de llevar una camiseta, pero la que nos enseñó Hughes, no hizo otra cosa que darnos ejemplo de entrega y honor hacia unos colores. Sobretodo porque estaba en todas las zonas del campo, era defensor y atacante, muy versátil, todo en uno. De espíritu guerrero y ganador, jamás paraba; arriba, abajo, volviendo loco a todo el mundo.
Las características de un chico que vino al mundo en Barrows, un 28 de agosto de 1947. Hijo de un jugador galés de rugby  inició su trayectoria profesional en el modesto club de la localidad, para luego ingresar en las filas del Blackpool. Hizo su debut en 1964 junto a figuras de la talla de Jimmy Armfield y Allan Ball, primero, en la posición de interior y luego en la de medio por la izquierda.
Allí fue descubierto por el no menos legendario Bill Shankly, que se lo llevó al Liverpool por 65.000 libras, algo más de 93.000 euros. Precisamente y en referencia a aquella contratación existe una bonita anécdota que protagonizó el viejo Shankly cuando llevaba en su coche al recién contratado futbolista del Blackpool. Y es que cuentan que un policía paró el coche de Shankly, y este con su característico humor inglés le reprendió con la siguiente frase:
¿No sabe que en este coche llevo al capitán de Inglaterra?
El policía se asomó por la ventana y contestó: No lo reconozco.
A lo que Shankly replicó: ¡No, pero lo reconocerá, pues en el futuro este hombre será capitán de su país!
En las filas del Liverpool aquel centrocampista reconvertido a central de técnica limitada pero entrega ilimitada, fue escudero de muchas estrellas y apaga fuegos de su equipo. Guerrero que inició su andadura en el Liverpool en 1967 y vivió desde dentro la formación de un conjunto de leyenda. Aquel que blandiendo la espada de la entrega hizo la vida más fácil al talento de los Dalglish, Keegan o Souness. Su historia la de un Liverpool que  logró sus dos primeras Copas de Europa. Dos seguidas (1976-77, 1977-78), ante el Borussia Monchengladbach de Vogts, Stielike, Bonhof y Heynckes y ante el Brujas belga, respectivamente.
Doce temporadas en clave “The Kop” en las que disputó 665 partidos, conquistó dos Copas de Europa, cuatro Ligas, dos Copas de la UEFA, una Supercopa de Europa y una Copa inglesa. Toda una leyenda que llegó a ser nombrado mejor jugador del año en Inglaterra en 1977 y que como no podía ser de otra manera fue internacional con Inglaterra en 62 ocasiones, 23 de ellas como capitán.
Un gran futbolista y un excelente tipo, con un carácter optimista que contagiaba a sus compañeros, a los que hacía reír constantemente con sus ocurrencias. Todos le recuerdan con cariño y admiración, desde Toschack a Macdermott, pasando por Keegan, Dalglish.., pues todos tuvieron una vida futbolística más fácil a su lado por el trabajo sucio que hacía sobre el campo.
Un tipo duro con una risa contagiosa que cautivó dentro y fuera de los terrenos de juego, una leyenda que dejó el Liverpool en 1979 para enrolarse en las filas del Wolverhampton Wanderers, club en el que jugó dos temporadas para luego ejercer como entrenador jugador en el Rotherham United dos campañas más. Luego un breve paso por el Hull City, y el Mansfield Town, para cerrar su carrera activa como jugador en las filas del Swansea City en la temporada 83/84.
A su retirada desarrolló una exitosa carrera en televisión, convirtiéndose por su contagiosa sonrisa y su carácter, en una de las caras más alegres y controvertidas de los espacios de deportes de las BBC.
Al final de su vida un tumor cerebral se cruzó en su camino y le desafió con el más complicado reto al que ha de enfrentarse un ser humano. Dicen que Emlyn volvió a sacar el espíritu del guerrero, aquel del jefe sioux por el que había sido apodado “Caballo Loco”. Cuentan que luchó como un jabato hasta el final, pero la muerte le venció en 2004 y se lo llevó a la edad de 57 años a las Colinas negras.
Hoy recuerdo su figura y la ensalzo en esta sección para todos aquellos que lo conocían, los que no lo conocen, y los que lo conocerán al acercarse a un enclave mágico en el que un Caballo Loco en forma de bella escultura, dibuja su leyenda sobre las calles de Barrow, donde sus paisanos han bautizado aquel lugar como “La esquina de Caballo Loco”“Crazy horse corner” .
Mariano Jesús Camacho

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