En 1957 el escritor estadounidense Richard Matheson adaptó al cine su novela de ficción  El increíble hombre menguante”, en ella el genial escritor relataba la fascinante historia de un hombre al que una niebla radioactiva reducía su tamaño físico a límites insospechados. Unos límites físicos que empequeñecieron a pocos centímetros su vida y transformaron su carácter, estableciendo desde ese momento una lucha constante de superación. Una batalla contra el físico y los elementos que solo puede vencerse a base de esfuerzo, talento, ingenio y personalidad.
Una historia que bien pudiera haber protagonizado el primer “The Golden Boy” de la historia del fútbol británico, Wilfred (Wilf) Mannion, aquel increíble hombre menguante que paseó su rebeldía y genialidad por los campos ingleses en las décadas de los años treinta y cuarenta.

Nacido en South Bank, Yorkshire, el 16 de mayo de 1918, su padre, inmigrante irlandés trabajó en los altos hornos de Bolckow Vaughan, donde se dejó media vida para sacar adelante una familia de diez hijos. 
Uno de ellos, un joven de pelo rubio llamado Wilf, jugaba mañana, tarde y noche en las irregulares calles de South Bank, en las que cualquier objeto era susceptible de convertirse en balón:  trapos, bolas, latas… Permanentemente sorteando charcos, rivales, baches y policías dispuestos a hacerles parar, pero incapacitados para acabar con la ilusión y los sueños de aquellos chavales del barrio. Hasta las vejigas de cerdo de la carnicería servían para mitigar las  ansias por el juego de aquellos pequeños, y en especial de aquel niño de cabello rubio, capaz de controlar hasta un melón. Wilf tenía un instinto natural para el fútbol y aunque fue rechazado por su corta estatura en algunas pruebas, su talento natural acabó abriéndose paso.
Comenzó a jugar al fútbol en el South Bank St Peters, por aquel entonces era aprendiz de soldador en los muelles de Smith. En 1936 recaló en las divisiones inferiores del Middlesbrough, y un año más tarde, el 2 de enero de 1937, hacía su debut con el primer equipo  en un empate a dos ante el Portsmouth. Mannion saltó al terreno de juego para sustituir al lesionado Micky Fenton. Lo hizo en la posición de interior derecho y desempeñó un buen papel, pero regresó al conjunto reserva en el momento en el que Fenton recuperó la forma física.  Aún así los diarios locales no permanecieron ajenos al debut y al futuro de aquel pequeño joven de cabello rubio.  Calificaron a Mannion como pequeño en estatura pero de robustas piernas y talento inconmensurable.  Había dudas con respecto a su adaptación al fútbol y sus duelos personales con los rudos defensores de la época, pero Mannion acabó resolviéndolas con su juego.
Pasó aquella temporada en la reserva y a la siguiente se convirtió en miembro de pleno derecho del primer equipo.  Fue entonces cuando irrumpió con fuerza en el fútbol inglés la figura del increíble hombre menguante.  Aquel al que el legendario Tom Finney definió como un artista del fútbol, un chico que hacía un fútbol atrayente, poseía un magnífico regate y era letal cara a gol. Un delantero fino,  gran pasador que hacía mucho daño jugando como interior -inside forward-. Te mataba con un regate, un desconcertante y súbito cambio de ritmo o un pase milimétrico, las crónicas de la época coinciden en su mayoría con una palabra para definir su fútbol: ‘marvellous’ –maravilloso-.
Un tal Matt Busby –leyenda- lo tuvo que sufrir y corrió tras él cuando militaba en el Liverpool, tras el partido le definió con dos escuetas palabras: “Wonder Boy”. En un partido contra el Blackpool, disputado el 10 de diciembre de 1938, Mannion marcó cuatro goles y fabricó varios más, contribuyendo a una histórica victoria 9-2. Esa temporada el Middlesbrough de Mannion, Hardwick y Camsel, marcó 93 goles y acabó la temporada en un brillante cuarto lugar.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial interrumpió su carrera, Mannion fue reclutado y enviado a Francia para combatir el avance nazi en su ofensiva occidental. Un periódico local llegó incluso a informar que Mannion había sido uno de los soldados caídos en la batalla, pero finalmente se supo que había sido uno de los evacuados de Dunkerque. Poco después fue enviado a Sudáfrica para servir con los Green Howards.  Fue también miembro de la fuerza que invadió Sicilia en un intento de derrocar a Benito Mussolini. Pasó por duros momentos en el frente, estuvo presente en varios puntos calientes de la batalla, la caída de muchos de sus compañeros  le acabó pasando factura, llegando a ser reducido de grado. Contrajo la malaria en El Cairo y a comienzos de la temporada 46/47 comenzó a ver la luz al final del túnel.
Wilf recuperó la forma y volvió a ser aquel genio de antes de la Guerra, no en vano debutó con la selección el 10 de mayo de 1947, firmando un hat-trick en la victoria 7 a 2 sobre Irlanda del Norte. El News Chronicle lo calificó como maestro, destacando su desempeño en el juego y su entendimiento con Lawton y Carter. Formó legendarias delanteras en la selección, primero con Stanley Matthews y Tommy Lawton, y luego con Tom Finney a la izquierda y Stanley Matthews a la derecha, con los que fue protagonista de la escandalosa victoria 10 a 0 sobre Portugal en Lisboa. Un año más tarde, nuevamente junto a Finney, encaminó con dos goles suyos la victoria 4 a 0 sobre Italia en Turín.  Matthews le profesaba gran admiración, en una ocasión le llegó a calificar de la siguiente manera: “Fue el Mozart del fútbol, de estilo, elegante, cortés, y una ejecución exquisita con el balón”.  Jugó su último partido como internacional el 3 de octubre de 1951 en un Inglaterra-Francia.
 Llegó a anotar 110 goles en 368 partidos de liga y copa para el Boro, conjunto con el que a comienzos de la campaña 48/49 vivió un conflicto salarial que forma parte ya de la historia del fútbol inglés. Mannion como gran futbolista de la época recibía una remuneración económica situada en los topes salariales establecidos, pero Wilf, un tipo con una personalidad fuerte y perseverante luchó por sus derechos con firmeza. Consciente de que existían pagos ilegales en –B- para eludir la legalidad, se declaró en huelga y solicitó formalmente ser traspasado, a lo que se negó en rotundo David Jack, gerente del club. Mannion se negó a jugar y aquella guerra privó a los aficionados durante un tiempo de su genialidad. Por entonces los futbolistas eran propiedad exclusiva de los clubes y la opinión del jugador contaba poco. David Jack llegó a afirmar que si no jugaba en el Boro, jamás lo haría en ningún otro equipo del fútbol inglés.  La respuesta de Mannion no se hizo esperar: “Francamente esto me suena a dictadura. ¿Por qué, en nombre de la justicia, yo, o cualquiera de mis colegas, debe ser tratado como ganado en una subasta y está obligado a permanecer en un club? El Middlesbrough no es el único responsable, es el sistema que permite dicho tratamiento. “
La guerra se dilató en el tiempo y vivió numerosos capítulos, en los que varios equipos se interesaron por su situación, intentando desencallar el asunto y ofreciendo elevadas sumas de dinero por el traspaso, pero David Jack se mantuvo inflexible. Finalmente la situación se resolvió y aunque el conflicto pasó factura a jugador y club, cuentan que acabó resolviéndose con la paga extraoficial de una elevada suma de dinero.
El Middlesbrough sin Mannion había caído a la zona baja de la clasificación, donde coqueteó con el descenso, pero su vuelta evitó el descalabro a final de temporada. Pese al buen desempeño de Mannion, el Boro no logró estar a la altura de su gran estrella, llegando en la temporada 53/54 a perder la categoría.
En mayo de 1954 decide retirarse como jugador activo a la edad de 36 años, pero en diciembre del mismo año firma por £4,500 por el Hull City. Se enciende nuevamente la polémica en torno a su figura, puesto que las autoridades de la Football League intuyen una oscura maniobra de otro equipo para forzar su salida del Boro. Mannion lo niega –años más tarde confesaría que fue el Aston Villa- y es sancionado de por vida en la Football League, por lo que pasa los últimos años de su carrera jugando en equipos menores como el Poole Town, Cambridge United, Kings Lynn, Haverhill Rovers (Suffolk) y Earlestown (Lancashire Combination), hasta su retirada definitiva en 1959.
Así concluía la carrera deportiva del genio rebelde, un futbolista que salió de forma atravesada del Boro, club en el que desempeñó su maravilloso juego y explotó su inconformista personalidad. Esa entidad deportiva que un buen día comprendió que no había habido mayor talento  concentrado en tan pocos centímetros de estatura y que la leyenda rojiblanca de “The Golden Boy” y el increíble hombre menguante merecían un perfil de bronce que restaurara su memoria e hiciera justicia a su genialidad.
Mariano Jesús Camacho