Por los arrabales de nuestra memoria, allá donde  la bohemia hace un brindis por la genialidad la historia de un sueño hace brotar la palabra para hacer del verso música y del gesto alas del recuerdo.  Esta, la historia de un sueño que nace al pie de las montañas costeras de un lago con hechuras de mar llamado Cuzcatlán, enclave mágico en el que en sus xacales de paja moraban las doce mil almas que componían el pueblo pipil. Un legendario pueblo indígena al que se le atribuyó de forma errónea la leyenda de Atlacatl, presunto líder que se opuso a los españoles comandados por Pedro de Alvarado a su entrada en el actual territorio de El Salvador. Una leyenda que nunca gozó de veracidad histórica pues surgió de la errónea traducción de un texto de origen cakchique, pero que sirvió para mitificar la resistencia de un pueblo muy real, descendiente de la energía de Téotl, –aquella que gobierna el Universo- y que entregó su soberanía a Quetzalcóatl e Itzqueye.

Una historia de dioses, sueños y fuerzas de la naturaleza representadas en la leyenda de Atlacatl, un indio de plumas y arcos que jamás existió históricamente, pero que acabó encarnándose físicamente en la figura de un pipil elegido. Su nombre Jorge Alberto González Barillas, un chico nacido en 1958 en una modesta colonia de San Salvador, en el seno de una familia humilde, allí, donde impera la pobreza y la riqueza, y la gente, queda dividida por ideales y flaquezas.

Capital refundada en varias ocasiones, a caballo entre el “Valle de La Bermuda” y el “Valle de las Hamacas”-paradójico que Jorge naciera en este lugar-, entre la aridez de Suchitoto y las fuerzas telúricas de la tierra de Quetzal.  Hoy enclavada en el “Valle de las Hamacas”, bello paraje situado  a los pies del Cerro San Jacinto y junto a las aguas del lago Illopango, -que bañan el cráter de un volcán dormido- donde las fuerzas de la naturaleza otorgaron a este joven de puro bohemio, noble corazón y mala cabeza, el don de la genialidad y la dote del talento para la magia.

La viva encarnación de un mito, Atlacatl en persona, jovenzuelo de arco, plumas y balón que hizo brotar duendes y hadas de las calles de la colonia Luz. Aquel lugar en el que junto a sus hermanos, –la dinastía de los pachines- comenzó a redactar la memoria de nuestros sueños, mientras sus mágicos pies hacían volar naranjas y pelotas de trapo sobre las telúricas calles de San Salvador. Un niño que jamás dejó de serlo y disfrutó practicando lo que nunca dejó de ser para él más que un juego: el fútbol.

Y en la memoria de los que iban a verlo cada tarde en el “Oscar Quiteño” de Santa Ana, en el Cuscatlán o en el “Barraza” de San Miguel, sigue viva la imagen de aquel joven que les hacía soñar con sus cósmicos regates. Nos remontamos al año 1975, en el cual aquel genio de 17 años despunta con la camiseta de los “inalámbricos” de ANTEL en la Liga Mayor del fútbol salvadoreño. Allí se convierte en cómplice de Norberto “El Pajarito” Huezo y quiebra cinturas por doquier arropado por su hermano Miguel “La Mica” González. Tardes de genio e ingenio en las que el periodista salvadoreño, Rosalío Hernández Colorado, prendado por su cambio de ritmo y su fútbol de fantasía lo bautizó con el apodo de El Mago”. En 1976 juega en el salvadoreño Independiente, luego Guadalajara se interesa por él, pero acaba firmando en 1977 por el Club Deportivo FAS por la “astronómica” suma de ¢60,000.00 colones.

Con el conjunto tigrillo el flaco de la colonia Luz, perfila los primeros retazos de su leyenda y convierte en objeto sagrado el balón con el sutil tacto de sus botas. Jorge integra las filas de un equipo que de los pies de su magia y velocidad, revive sus días de gloria con la conquista de su sexta corona y dos títulos consecutivos junto a un buen grupo de futbolistas argentinos que elevan la calidad del plantel.

Dpvo. FAS le disfruta hasta 1982, cuando tras disputar el Mundial de España, en el que dejó destellos de su clase ante Hungría, Argentina y Bélgica, concreta con el secretario técnico cadista, -Camilo Liz-, su pase al modesto equipo andaluz del Cádiz C.F. Jorge llega precedido por un halo de genialidad, pero nadie puede imaginar el tremendo futbolista que están a punto de descubrir. Llega a Cádiz como ‘el Mago’ y el periodista de Diario de Cádiz, Paco Perea, lo eleva a la categoría de “Mágico”. Nada más llegar, percibe que su personalidad sería acogida por una ciudad con una filosofía de vida en la que el talento y el ingenio gozan de carta blanca para la creación. Su morena y larga cabellera rizada, su nariz angulada y su rostro picassiano, provocan que compañeros como Juan José y Pepe Mejías le bauticen cariñosamente como ‘Lola’, porque además de compartir rasgos físicos evidentes con la “Faraona”, en su fútbol residía toda la magia y el duende que desprendía la bailaora jerezana.

Así comenzaba su intensa relación con Cádiz y su rendida afición, con su presidente Manuel Irigoyen, con Rovira, aquel masajista fenómeno que le dejaba dormir en la camilla de masajes. También con sus entrenadores, Milosevic, Benito Joanet, David Vidal, Víctor Espárrago, Héctor Veira…. todos y cada uno de ellos tuvieron que lidiar con sus excentricidades y sacar partido de su genialidad. Jorge entrenaba a su manera, dormía a su manera y jugaba a su manera, muchas leyendas circulan en torno a su figura, a sus salidas nocturnas y desapariciones, casi todas ciertas, pero todo se le perdonaba cuando saltaba al césped con las luces encendidas y el tarro de las esencias abierto. Siempre fue un bohemio incorregible, solía preguntar a Rovira: ¿hoy que toca, entrenamiento con balón o sin balón?, si era con balón aparecía, y si no, se perdía entre la maleza del abismo onírico.

Jorge se enredaba en las estrellas, se embrocaba en la magia de la noche y sus caderas de mujer. En el lindero de lo prohibido y a la luz tenue de las lunas suburbanas, el salvadoreño mágico bajaba al inframundo y reaparecía dormido en la prosa poética de su personalidad bohemia. Luego era rescatado y volvía a convertirse en niño, para de cuando en cuando reaparecer con la inmensidad de su fútbol poético.  Llegó, triunfó, desapareció, lo enviaron a Valladolid cedido–donde le pusieron un mayordomo  chino que no pudo con él-  y regresó a hombros a Carranza. Ni el Atlanta, ni el PSG, le hicieron cambiar de opinión, Cádiz era su segunda casa, su segundo país, la Catedral de su vida, solo en aquel rincón le podían entender, disfrutar y aguantar.

Entre sus admiradores un tal Diego Maradona y entre sus damnificados, José Ramón Alexanco, Ricardo Arias, Nery Pumpido, Pedro Alba, N´Kono… En la vertical temporal de su leyenda, la ‘culebrita macheteada’, su interpretación genial y personal de la ‘elástica’ de Rivelino. Y es que Jorge más allá de jugar al fútbol, lo interpretaba, algo de lo que pudieron dar fe los aficionados, privilegiados testigos de instantes en los que la magia se hacía visible en un estadio Carranza poblado de pañuelos.  Para la historia un majestuoso slalom que culminó en gol en Carranza ante el Barcelona en la temporada 86/87, también una maravilla coronada con una vaselina en el Luis Casanova de Valencia en abril del 88, y sobre todo una obra de arte ante el Racing de Santander en el año 1986. Este gol, una acción que el que suscribe presenció ‘in situ’ en el Fondo Norte de Carranza. Una luminosa tarde de un 14 de septiembre que jamás olvidaré, puesto que aquel salvadoreño moldeó la belleza estética del recorte y la quebrada sobre la media luna, dejando esparcidas por el césped las cinturas vencidas de sus rivales y levantando la mirada para enviar la pelota en vuelo sutil al ángulo de los imposibles. Carranza se levantaba a compás e inundaba sus gradas de pañuelos una vez más. Mientras, yo caía desplomado en mi asiento con una mirada de bronce inmortal, reflexionando sobre lo que acababa de contemplar. Por la cabeza de Pedro Alba –portero- debió pasar algo similar, puesto que fue hasta el centro del campo para felicitarle y darle la mano tras aquella inenarrable acción.

Desgraciadamente, todo acabó un 6 de junio de 1991, cuando su intensa relación con Cádiz llegó a su fin, “el Mago” regresaba al “Valle de las hamacas” para vivir los últimos años de su carrera en las filas de Deportivo FAS, y el San Salvador CF. club en el que dijo adiós en el año 2002. Aquel año, la magia se marchaba para siempre, luego llegarían los homenajes, el olvido y el recuerdo. El gobierno de El Salvador le nombraba Hijo Meritísimo, la plaza situada junto al “Óscar Quiteño” de Sta. Ana era bautizada con su nombre y un busto de mármol era erigido en su honor, además el estadio “Flor Blanca”, de San Salvador pasaba a llamarse Estadio Nacional Jorge “Mágico” González. Todo para honrar la figura de una leyenda, que ha transmutado el pasado en presente en estas líneas esparcidas por mis recuerdos de bronce.

Recuerdos que nacen, crecen y cambian con uno, y un sueño de bronce que para mí sería centenario, si en este pequeño rincón se hiciera realidad la visión plástica de su figura. Aquella que dos hermanos –el que suscribe y Miguel Ángel -, han intentado plasmar a través de esta historia y una creación plástica y artística que nos hace soñar. Un trabajo genial –mirad el video de la recreación artística de una estatua que solo existe en nuestros sueños- que nos muestra el perfil de bronce de un Mago, marcándonos el camino de entrada a un nuevo Ramón de Carranza. Un guante lanzado al aire para aquel que lo quiera recoger.  Para un mitómano incorregible como yo, la forma idónea de inmortalizar la leyenda de “Mágico” González,  genio de puro bohemio al que desde hoy vincularé por y para siempre con la leyenda del pueblo pipil y la figura legendaria de Atlacatl.

También publicado en:  el Desván de Vavel y en El Enganche

Mariano Jesús Camacho.

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