En junio de 1890 el excepcional escritor irlandés Oscar Wilde publicaba El retrato de Dorian Gray”, una novela que se convertiría en uno de los clásicos modernos de la literatura occidental.  En ella relataba la historia de un pintor llamado Basil, que cautivado por la belleza estética y juventud de Dorian Gray, lo retrató y convirtió en tema central de su inspiración artística. Un joven que influido por Lord Henry Wotton, -amigo de Basil- quedó fascinado de tal forma con aquel cuadro y la concepción de vida de Lord Henry, -que pensaba que lo único que merece la pena es la belleza y la juventud- que logró materializar su deseo de preservar la apariencia y edad que poseía cuando fue pintado aquel cuadro. Es entonces cuando la fantasía convierte esta historia en única y especial, pues mientras el eternamente joven Dorian se entrega a una rueda imparable de vanidad y placer, su cuadro envejece a la velocidad de la vida, que lleva el libertino y vanidoso protagonista de la obra.

Y aunque el tema central de la obra gira en torno a un narcisismo que desemboca en una espiral de odio, locura y vanidad que poco tiene que ver con el personaje que inspiró en mí este paralelismo y esta introducción, siempre me he preguntado si Ryan Giggs, guarda en el desván de su casa de Manchester un retrato en el que envejece con cada gol y cada galopada que deja para el recuerdo por la banda izquierda del Teatro de los Sueños

Me pregunto si este mago galés “The Welsh Wizards” -que antaño hiciera de la velocidad su modo de vida-, posee el secreto de la eterna juventud, aunque mucho me temo que su gran secreto resida en que en su día vendió su alma a un diablo conocido como “Red Devil”. Aquel que otrora le concediera su deseo de eterna juventud y talento, con los que perfiló la leyenda de su mágica pierna izquierda en Ely, un suburbio del oeste de Cardiff, y en las carreteras de Pentrebane.

Un diablo ‘red devil’ llamado Alex Ferguson, que en la historia esférica que atañe a Ryan, interpreta el papel de Basil, pues Ferguson ha pintado a Giggs y la belleza de su fútbol, consiguiendo que la leyenda del extremo volador -que deslumbró en sus primeros años en Old Tradford-, matice con su inteligencia desde la mediapunta del United, su estilo de juego y la genialidad de su mágica pierna zurda.

Mientras Giggs –Gray- sigue entregado eternamente joven a los placeres del fútbol, su físico parece no envejecer, su magia tampoco. Imagino aquel cuadro envejeciendo, escondido en una oscura estancia de su casa desde aquel año 1991 en el que debutó en Liga ante el Everton. Con cada regate, cada gol, cada pase, cada galopada y cada título, una arruga más en la imagen de aquel misterioso cuadro, que envejece en el Desván del tiempo a ritmo veloz, y vio pasar a leyendas como Cantona, Hughes, Yorke, Cole, Beckham, Ronaldo, Tevez, Rooney, Nani

Ryan en cambio permanece, y aunque ya se intuye el final de su increíble novela futbolística, -que mezcla fantasía y realidad-, sigue deleitando al mundo con la liviandad mágica de su juego, aquella belleza estética que le mantiene en la primera línea del elogio y la fascinación. Treinta y siete años, veintiuna temporadas portando la casaca roja del United, para la historia la impactante cifra de 871 partidos -superando el récord de Sir Bobby Charlton– y 158 goles.

Un futbolista que -como Raúl- nos deja sin palabras al repasar su carrera, su palmarés, su leyenda.  Aquel al que hoy quise guionizar a través de la genial obra de Oscar Wilde, y que espero a partir de este momento contempléis de otra manera, pues el argumento de su carrera y su eterna juventud, está cargado de razones que nos hacen sospechar que la imagen de aquel viejo retrato sigue encaneciendo sus cabellos y ajando su rostro, mientras el eternamente joven Giggs sigue entregado a los placeres del fútbol.

La eterna imagen de un futbolista que va camino de conquistar su decimosegundo título de la Premier con el United -y quién sabe si su tercera Liga de Campeones-, aquel al que desde hoy, por y para siempre veré como “El Dorian Gray del United”.

Mariano Jesús Camacho