Madrid y Barça escenificaron en el Bernabéu un partido muy similar a los tres vividos en esta última serie de clásicos, aunque aún si cabe por parte del Real Madrid dando un pasito más atrás con respecto al último de Copa, -en el que dentro de su estilo futbolístico fue más a por el partido en la primera mitad-. En esta ocasión ‘el equipo de José Mourinho’ fue descaradamente a por el cero a cero, con un planteamiento táctico claro que buscaba proteger su portería e intentar mover el partido en el transcurso de la segunda mitad con la introducción de los cambios. El Barcelona por su parte salió fiel a su estilo de toque, quizás valorando positivamente ese empate a cero, controlando, sin profundizar y sin ir decididamente a por el gol. A ambos parecía no disgustarles el empate sin goles, por lo que el clásico nos decepcionó un poco a todos. En este apartado resulta muy esclarecedor el hecho estadístico que arrojó la abrumadora superioridad azulgrana en la posesión del balón, un 79 % azulgrana por un 21 % madridista.

A partir de aquí que cada uno decida la filosofía que prefiere o la lectura que quiere hacer, pero os recomendaría que no pasarais por alto que el Madrid jugaba de local. Así llegamos a la segunda mitad de esta guerra, que vivió su punto álgido en el minuto 16, cuando Pepe –muy buen central-, en una de aquellas acciones en las que va al límite, hizo una entrada en una zona del terreno de juego que le descalifica como mediocentro defensivo. Y es que recurrir a Pepe como icono de tu plan estratégico en la zona media te puede dar resultados en un partido de contacto y agresividad, pero al hacerlo estas corriendo un elevado riesgo de acabar pagando un alto precio, pues como dije, Pepe siempre juega al límite y en esta ocasión para mí lo sobrepasó con esa absurda entrada a Alves. Una roja justa, por la altura de la pierna y el tackling horizontal sobre la pierna del lateral brasileño azulgrana.

Craso error de Pepe, que no del colegiado Stark, que sancionó correctamente la acción de una noche, que para mí en lo futbolístico había sido negra hasta ese momento. Lógicamente la expulsión cambió el partido, el plan de Mou se fue al garete y entonces Leo Messi apareció afortunadamente para rescatar a la pelota y dignificar el fútbol. Primero con un gol de pillo tras una buena acción de Afellay, y segundo con una obra maestra que define al mejor futbolista del mundo.

Para mí, la acción con la que los aficionados al fútbol debemos quedarnos de este partido, un slalom con una conducción sublime, a velocidad de crucero, acompañado por la impotente carrera de sus perseguidores: Lass, Sergio Ramos, Albiol y Marcelo. Una sublime carrera que culminó con un toque genial con la pierna derecha que batió a Casillas e hizo historia una vez más.

Aquella que siempre se recordará, que permanecerá en la memoria de bronce del aficionado, pues las guerras dialécticas jamás llegaran al corazón de los verdaderos seguidores del fútbol. Aún quedan noventa minutos por delante en los que Madrid y Barça intentarán jugar sus bazas, pero la incuestionable noticia futbolística de este partido solo la encuentro en ese maravilloso segundo gol de Messi.

Una vez más, el fútbol dicta sentencia de los pies de un genio que necesita del colectivo para mostrar lo mejor de su repertorio individual. Para mí, esto sí que es fútbol, como también lo fue aquel bonito cabezazo de Ronaldo unos días atrás…

Mariano Jesús Camacho