La superpoblación del planeta es uno de los problemas más acuciantes con los que se enfrenta y se enfrentará en un futuro inmediato el ser humano, especialmente por el injusto y desproporcionado reparto de recursos naturales, sociales y económicos que discrimina a los miembros de una misma especie y los diferencia entre otros muchos aspectos por zonas geográficas y clases sociales.  En definitiva desde que el hombre es hombre no hemos hecho otra cosa que intentar ejercer nuestra superioridad sobre los otros para dominar en nuestro beneficio a la masa.  Por todo ello, tan solo unos pocos privilegiados han tenido la opción de ejercer su poder de influencia sobre esta para intentar cambiar las cosas y por ello resulta tan trascendental el hecho de que ese poder de influencia tenga un carácter positivo con la intención de que podamos vivir en un mundo mejor.

El deporte y el fútbol, como no podía ser de otra manera y como reflejo de la sociedad ha dado también un claro ejemplo de todo ello y por ello hoy quisiera mostraros el perfil de otro de aquellos atletas que con su liderazgo e influencia positiva contribuyeron al progreso de este deporte y lograron cambiar su existencia y un poco la de los demás.

Quisiera hoy recordaros la existencia deportiva e influencia positiva de John Norman Haynes, más conocido como Johnny Haynes, en la historia y el estilo de juego del fútbol inglés. Un futbolista que muchos rescatan de la leyenda por haber sido el primer jugador en romper la barrera de las £ 100 semanales, cometiendo el grave error de obviar la que fue su característica fundamental deportiva y la que le hizo trascender: su talento y su estilo de juego.

Aunque muchos de vosotros no le conozcáis y otros recuerden más en el fútbol de aquella época a leyendas como Stanley Mattehws y Tom Finney, el poder de influencia que ejerció Haynes en el inconsciente colectivo de futbolistas y aficionados de la época fue grande. Y es que al verle jugar estaban contemplando algo nuevo, algo nunca visto, pues en la época el peso ofensivo de los equipos residía sobre todo en los extremos, radio de acción desde el que estos futbolistas desbordaban y hacían el resto para que el balón acabara en gol. El cometido de los medios y los interiores era conseguir que la pelota llegara a los costados para que los extremos –los wingers- hicieran el resto. Haynes en cambio era diferente, un interior que quería dirigir las operaciones por sí mismo, para establecer su propio ritmo, y elegir la opción de pasar y mover el juego, en definitiva de dictar su influencia y liderazgo positivo sobre los demás. Su talento, capacidad de pase, liderazgo y tremenda precisión, le permitió practicar y desplegar un estilo de juego que jamás se había visto con anterioridad.

El estilo de juego de un joven nacido un 17 de octubre de 1934 en Kentish Town, que paseó su leyenda a orillas del Támesis, en el estadio más antiguo del mundo, situado en Londres, en el barrio Hammersmith and Fulham, en Stevenage Road. En las fusionadas gradas y fachada de madera y ladrillos de un estadio con un barrio y un río, en las que Haynes hizo soñar a los cottagers. En Craven Cottage, algo más que un símbolo, un lugar de culto para una de las aficiones más fieles de Inglaterra, la del Fulham.  Aquel lugar en el que la semblanza del aroma romántico y acogedor de lo añejo se materializa en el conocido graderío Johnny Haynes.

Una tribuna romántica que hace honor a su leyenda, la de su ‘one club man’ por excelencia, también la de su hombre record, pues vistió la camiseta ‘cottager’ en 658 ocasiones, entre 1952 y 1970 y anotó 158 goles, marca únicamente superada por Gordon Davies en 1989. Leyenda también de la selección inglesa, con la que fue el primer futbolista en ser internacional en todas sus categorías y disputó 56 partidos, entre 1954 y 1962, siendo capitán en 22 de ellas. Especialmente recordado por su hat-trick ante Rusia en 1958 y su enorme actuación en la histórica victoria de los ‘Pross’ ante Escocia por 9-3, en Wembley, en 1961.

Un jugador de increíble astucia y muy solvente con los dos pies, aunque sublime en su perfil izquierdo, además de un goleador regular. Unas cualidades que no le reportaron muchos éxitos materializados en títulos pero que en cambio si le reportó grandes beneficios económicos, pues fue uno de los futbolistas mejor pagados de su generación. Esas mismas que reportó a los aficionados cottagers tardes inolvidables de talento, goles y pases por parte del que pasó a ser conocido cariñosamente como “El Maestro”.  Y es que Haynes en el Fulham era el rey, su equipo había sido diseñado para adaptarse a sus habilidades. A mediados de aquella década de 1950 y desde su debut en la media del Fulham –a la edad de 18 años- ante el Southampton en un Boxing Day de 1952, una nueva forma de juego se convirtió en popular.  

Con los ‘Whites’ coincidió con otros grandes jugadores como George Cohen y Jimmy Langley, fue semifinalista de la FA Cup en 1958 y 1962 y ayudó en el ascenso a la Division One de 1959. Estuvo presente en el Mundial de Chile de 1962, donde llegó hasta cuartos de final pero un accidente de automóvil marcó por primera vez su existencia, pues a partir de ese momento no volvió a ser el mismo y dejó de ser seleccionado con Inglaterra. Aún así Johnny se repuso y siguió jugando en el Fulham, conjunto al que fue fiel durante toda su carrera. Haynes podría haber buscado la fama y los títulos en otros clubes de superior categoría –lo quiso el Tottenham y el Milan- pero antepuso el amor a unos colores y su bienestar personal ante todo lo demás.

Así hasta concluir su leyenda cottagers en 1970, cuando a la edad de 35 años se marchó a Durban –Sudáfrica- para dar allí sus últimas clases magistrales como jugador en activo. Las clases magistrales de un futbolista tan generoso como genial que un 17 de octubre de 2005 tuvo la desgracia de perder la vida en otro accidente de tráfico que se cruzó en su camino y puso fin a su existencia en Edimburgo, ciudad escocesa en la que residía.

Aquel al que otra leyenda cottagers como Allan Mullery quiso recordar de la siguiente manera: “Él fue la única razón por la que fui al Fulham siendo aún un proyecto de jugador de tan solo 15 años, era mi héroe, el capitán de Inglaterra y el Fulham.. fue el mejor pasador que he visto nunca -. No conocí a nadie que pudiera pasar una pelota con el grado de precisión con el que lo hacía Haynes.

Esa misma precisión que demostró poseer en sus manos Douglas Jennings, encargado de esculpir la estatua diseñada por William Mitchell, -mismo autor de la dedicada a Dodi Al Fayed y Diana en Harrods-, y  financiada por ex jugadores, seguidores y el propietario del club Mohamed Al Fayed. Aquella que desde el 18 de octubre de 2008 da la bienvenida a sus aficionados y aporta si cabe un elemento romántico más a la magia que se respira cada día de partido en Craven Cottage.

Mariano Jesús Camacho.