“Muchos hombres envejecieron con su nombre en los labios”, la frase fue acuñada por el periodista inglés Michael Henderson y a mi juicio se corresponde con una bellísima forma de recordar a una de las grandes leyendas del fútbol inglés y del United. La equivalente al perfil de un joven al que la fatalidad convirtió en mito pero al que no privó de convertirse en una de las más brillantes estrellas históricas del  firmamento futbolístico inglés y británico.

Su nombre Duncan Edwards y si el pretérito imperfecto denota y sugiere hábito, sobre su figura solo cabe conjugar la siguiente frase para definir el tremendo calado de su fútbol y la esperanza que generó su irrupción en el fútbol de su país. “Duncan deleitaba a los seguidores del United y cautivaba al resto de los aficionados del fútbol de su país”.

Y es que aquel chico nacido un 1 de octubre de 1936 en Dudley, comenzó a perfilar los primeros esbozos de su leyenda en Elm Road en el Polígono Priorato. Aquellas primeras páginas en blanco que comenzó a rellenar con su torrente de genialidad  en el Worcestershire XI –de Dudley-, conjunto en el que con 11 años en un equipo en el que la edad media era de 15 despuntó sobremanera por su madurez física y calidad técnica. No en vano cuentan que uno de sus maestros de escuela al verle por primera vez, quedó tan sorprendido con aquel pequeño que marcaba el ritmo y le decía lo que tenían que hacer y hacia dónde ir a los 21 chicos restantes –árbitro incluido-, que esa misma tarde escribió a un amigo lo siguiente: “Acabo de ver a un chico que seguro veremos jugar con la selección nacional inglesa”.

Aquel joven tenía un gran sueño: jugar en Wembley y contaba ansiosamente los días que le faltaban para poderlo realizar. Llegó incluso a hacer un ensayo teorizando sobre su hipotético debut en aquella hierba sagrada, un sueño que pudo cumplir en un partido amistoso internacional entre Inglaterra y Gales de categoría escolar en el que deslumbró a propios y extraños.  Posteriormente, otro 1 de octubre -en esta ocasión de 1952-, poco antes de la salida del sol y el día en el que Duncan cumplía dieciséis años, Bert Whalley -por entonces técnico del M.United-, se presentó en su casa y se adelantó a media Inglaterra, que se lo rifaba. La gran promesa del fútbol inglés firmaba así su primer contrato profesional con el M.United, el reloj del destino comenzaba  a girar con dos cuentas paralelas, una hacia adelante y otra hacia atrás, aquellas que unieron sus caminos por y para siempre…

Y digo esto porque seis años después, con tan solo 21 años y como reza el código de honor militar, perdía su vida en acto servicio junto a siete de sus compañeros en un accidente aéreo acaecido en Múnich. Un giro del destino que convirtió en mitos y héroes tanto a Duncan como a sus compañeros, pero antes de llegar al luctuoso final que marcó su carrera, la grandeza del futbolista de Dudley brilló con luz propia en el seno de la inolvidable generación de los “Busby Babes”. Llamados así porque en el marco de la deuda que azotaba al club en aquella época, tuvo que recurrir a una política de cantera basada en la búsqueda y formación de futbolistas jóvenes de todo el país con los que Matt Busby y Jimmy Murphy construyeron un equipo de leyenda que sentó las más sólidas y legendarias bases de la historia del club.

Duncan fue clave en dicho plan, hizo su debut con el primer equipo un 4 de abril de 1953 contra  el Cardiff, en un encuentro en el que el United perdió 4-0. Duncan se mostró entonces como un jugador fuerte, polivalente, con una gran calidad y aunque su posición natural se enmarcaba en la media por la izquierda, jugaba con idéntica solvencia y calidad en todas y cada una de las posiciones en las que Busby consideró oportuno situarle. En este sentido  hay que destacar especialmente que entre otras muchas cosas Edwards fue grande porque era un futbolista muy completo, tanto como para lograr trascender a la crónica deportiva de la época y mantenerse vivo en el boca a boca del aficionado. La tan valiosa memoria hablada que para mí tiene mucho más peso que los videos y las avanzadas tecnologías que nos permiten conocer las hazañas y acciones de los futbolistas de hoy día. Quizás Edwards pertenezca a otro fútbol, el de blanco y negro, pero su grandeza –como la de Di Stéfano, Mattwes, Kubala y compañía- perdura y sobrepasa cualquier tipo de absurda comparación.

Y en su época Duncan fue de lo mejor, sus contemporáneos así lo atestiguan, voces tan autorizadas como la de Sir Matt Busby: ” Duncan Edwards ha sido el futbolista más completo de Gran Bretaña – tal vez del mundo.” “Era un coloso. Lo tenía todo, era inmensamente poderoso y estaba prodigiosamente dotado técnicamente. Además poseía un temperamento único y una confianza en su juego asombrosa. Ningún oponente era demasiado grande o demasiado famoso para Duncan. Podía jugar en cualquier posición ofensiva y hacerlo al máximo nivel. Jamás vi a un futbolista estar por encima de un equipo a excepción de Duncan Edwards. Vivía por y para el fútbol y en cinco años que lo tuve como jugador busqué sin éxito alguna fisura en su juego. Su muerte, además de una incalculable pérdida humana, supuso una irreparable ausencia futbolística, la mayor tragedia futbolística que ha vivido Inglaterra y el Manchester United. “

Sir Bobby Charlton, compañero suyo y personaje que no necesita presentación sigue manteniendo con firmeza la siguiente visión sobre él:  “Le recuerdo mucho, pienso a menudo en él, para mí es la única persona a quien, incluso hoy, realmente me sentía inferior. Tuve el placer de ver a todos los jugadores que en su tiempo fueron catalogados como mejores del mundo – Puskas, Di Stefano, Gento, Didi… – y ni uno solo de ellos han sido tan buenos como Big Duncan. No había ningún otro jugador en el mundo como él entonces, y no ha habido nadie igual a él desde entonces. Era incomparable, puede que la gente piense que como nosotros fuimos compañeros suyos y amigos, tengamos la citada opinión sobre él, incluso cabe la posibilidad de que se interprete que su muerte lo elevó a la categoría de mito, pero no modifico una sola línea sobre lo que pienso sobre Big Duncan, para mí fue el mejor”  

Con esto creo que queda todo dicho, tan solo una reflexión: Duncan contaba tan solo con 21 años de edad cuando perdió la vida y aunque tenía en aquel momento el mundo a sus pies, no había llegado para nada a la cumbre de su carrera. Le quedaba aún mucho por dar al fútbol inglés y mundial.

Entre 1952 y 1958 hizo 175 apariciones con la camiseta del United, anotó 21 goles y conquistó  2 Campeonatos de la Liga inglesa -en 1956 y 1957. También entre 1955 y 1957 acumuló 18 internacionalidades con la selección inglesa.  Formó parte de un equipo de leyenda que arrasaba en su país y comenzaba a ejercer su autoridad en Europa, un conjunto en el que jugaba el papel referencial. Duncan era la icónica figura de su generación, “oro puro” que generó dividendos tanto dentro como fuera de los terrenos de juego, en el campo de la publicidad con Dextrosol -tabletas de glucosa-.

Así hasta aquella fatídica eliminatoria semifinal de Copa de Europa ante el Estrella Roja de la temporada 57/58, en la que la tragedia se consumó. El United había vencido en el partido de ida  2-1 y en la vuelta consiguió la clasificación al empatar 3-3, pero en el viaje de vuelta,  el 6 de febrero de 1958, el vuelo 817 de la British European Alwais que regresaba de Belgrado haciendo escala en Munich para repostar, se estrelló contra una casa al final del aeropuerto muniqués. Únicamente se salvaron Charlton, el director técnico Matt Busby y el portero Harry Gregg. Veintiuna personas murieron, entre ellas siete de sus compañeros. Edwards por su parte resultó gravemente herido y falleció tras 15 días de una intensa lucha en el hospital de Isar der Rechts de Múnich. Fue enterrado en el Cementerio Municipal de Dudley y más de 5.000 personas asistieron de pie y en silencio a su emotivo adiós. Aún a día de hoy aquel túmulo funerario sigue siendo santuario y lugar de peregrinación para los seguidores del United, que a menudo depositan ramos de flores rojas y blancas sobre su base.

Tres años después de su muerte en un hecho sin precedente en el fútbol, se colocaron dos vidrieras en la Iglesia de St. Francis en Dudley conmemorando su vida. Hoy día una estatua mantiene vivo su recuerdo de bronce junto a la plaza del mercado de Dudley, lugar en el que el escultor James Butler, tuvo a bien esculpir su fascinante leyenda, la de Big Duncan, el diamante Koh-I-Noor, la joya entre las joyas de la corona británica.

Mariano Jesús Camacho

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