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El Barcelona ha coronado en Levante su tercera Liga consecutiva de la mano de Pep Guardiola, un título ganado de forma merecida e incontestable, siendo superior en el  juego y en los números.

Un campeonato que ha tenido para mí un idóneo colofón con un gol de Keita a pase genial de Xavi, uno de aquellos futbolistas de perfil bajo pero grandeza humana y deportiva que trabajan por el bien del colectivo. Un colectivo entre el que hoy, una vez más podría haber brillado con luz propia la figura de Leo Messi, que en dos jugadas de genio en las que desafiando a las leyes de la física ha salido de un bosque de piernas, para quedarse a un solo centímetro de dejar el sello de grandeza con el que ha llevado en volandas a su equipo hacia un nuevo título. Por ello solo nos queda felicitar a un equipo que sigue haciendo historia con una proposición de fútbol que llega directamente al corazón de los aficionados, aquella que caló hondo en nuestra selección y que a mi juicio sigue siendo la apuesta más atractiva y sólida de nuestro fútbol.

Lo de hoy fue otro paso más de un estilo que ya sabéis que admiro porque nace de una idea que germina en cada campo de entrenamiento de las instalaciones deportivas del club. Desde el más pequeño de los integrantes de la cantera del club, al más veterano de los profesionales del equipo de Guardiola. Todos juegan con la idea de hacer circular a la pelota con la visión espacial y geométrica del triángulo y las eternas triangulaciones con las que llegan a la portería rival. Así crean las maravillosas superioridades con las que llegan a marcar las diferencias y a tener tal grado de complicidad con el balón. Hay mucho trabajo tras todo ello, el juego con balón tan vistoso que podemos ver y la movilidad de todas sus piezas, que son básicas para que las pequeñas superioridades se den.

Un título que aumenta la leyenda de un grupo de futbolistas que solo unos meses después de ser campeones del Mundo y en una temporada tan dura y larga como la pasada, siguen con hambre de victoria y fuerza para ganar. Todo ello pese a las andanadas que llegaron desde otro punto de España con la intención de acabar prematuramente con un ciclo y un equipo que como dije engrandece su leyenda con cada infundado ataque extradeportivo con el que se le ha querido derrotar.

También hay que decir que con una plantilla corta, con trece o catorce futbolistas de máximo nivel, más un grupo de chicos que luchan por encontrar su sitio en el complicado y vertiginoso fútbol azulgrana. Un hecho por el que les hemos visto llegar bastante justos al final de temporada y excesivamente cansados físicamente y mentalmente, especialmente  en sus duelos ante el Real Madrid. Por todo ello mayor mérito hemos de otorgar a los Iniesta, Messi y compañía, pues para mí resulta cuando menos sobresaliente el hecho de que lo han conseguido superando a un poderoso y grandísimo equipo como el Real Madrid, que con cada exhibición que hace partido tras partido, otorga mucho más mérito a los azulgranas.  

Son ya tres años en los que Pep Guardiola, un guerrero disfrazado de filósofo, ha conseguido mantener el altísimo nivel de juego y resultados que ha llevado al Barcelona a ser catalogado como mejor equipo del mundo de esta época.  Todo ello con un desgaste importante a nivel personal pero sin la necesidad de desgastar la imagen del club. Resistiendo en todo momento el ataque frontal en el último año de un gran técnico, que independientemente de ideologías futbolísticas, ha utilizado una táctica poco edificante con la que ha llevado demasiado lejos lo que siempre debió quedar en el terreno de juego.

Por todo ello e independientemente de si el Barça gana o pierde en la final de Wembely, solo tengo palabras de elogio para un equipo que una vez más ha hecho disfrutar a su afición y otro año nos ha deleitado a los aficionados al buen fútbol.

Gracias y felicidades a los culés…

Mariano Jesús Camacho