En una final en la que quizás ni uno ni otro estuvieron a la altura de lo que esperábamos, un especialista en el arte del remate decantó el resultado del lado del Oporto de Vilas Boas, que como respuesta al entramado táctico presentado por el equipo bracarense de Domingos Paciencia, jugó con la primera velocidad y controló en todo momento el partido. Siempre consciente de que en cualquier momento su superioridad ofensiva decantaría la final de su lado, también con la paciencia necesaria como para buscar una internada de Hulk o un buen pase de Guarin, hecho este último que aprovechó el colombiano de Santa Ana, Radamel Falcao, para sacarnos del sopor con uno de sus letales cabezazos.

 Y es que el Tigre, bautizado así por los aficionados de River por su constante lucha y capacidad de finalización, coronó de esta forma su estelar actuación en la temporada y en esta Europa League, en la que su concurso ha resultado absolutamente determinante, pues los diecisiete goles que ha firmado así lo atestiguan. Un gol anotado en el crucial y psicológico minuto 44, fabricado y con sabor de puro cafe colombiano, 100%, pues Freddy Guarin efectuó un pase extraordinario y Radamel definió como lo hacen los grandes cabeceadores.

En Dublín por tanto, fue Radamel el que tuvo más paciencia para tumbar a Domingos, técnico de Braga que no supo dotar a su equipo de la suficiente ambición como para poner en apuros al Oporto, que a excepción de aquella oportunidad del Braga al comienzo de la segunda mitad, jugó demasiado tranquilo -que no cómodo- en lo que a sobresaltos se refiere.

 Al Braga prácticamente no se le vio y Radamel hizo una vez más historia, estableciendo la diferencia que corona de forma brillante la temporada histórica del Oporto, en la que ha conseguido un triplete que hace soñar a un técnico joven como Vilas Boas y a una plantilla con un enorme futuro y una media de edad que invita a acometer retos aún mayores. Y aunque el espectáculo solo se pudo ver a cuentagotas sobre el terreno de juego, al menos ambas aficiones fueron felices, la del Oporto exultante por la victoria y la del Braga, aunque sensiblemente menos feliz, orgullosa de haber vivido un momento histórico como este.

Por todo ello felicito a unos y a otros, al Oporto por ser el mejor del Torneo, por su presente y su futuro, y al Braga por conseguir llegar tan lejos y aunque muriendo sin fuerzas en la orilla, vivir la historia de la que fue una gran pasión.

Mariano Jesús Camacho.