A finales del siglo XIX y comienzos del XX, Fall River, ciudad estadounidense del Condado de Bristol en Massachusetts, era una metrópoli industrial que crecía cincelada sobre la base de sus canteras de granito y sus fábricas textiles, navegando a toda vela hacia su prosperidad sobre las aguas del río Quequechan. En aquellas fábricas un número elevado de inmigrantes irlandeses, franceses, canadienses y portugueses se ganaban la vida y transmitían sus costumbres y formas de ocio a los habitantes de la ciudad.

Y a través de ellos el fútbol comenzó a germinar en la localidad y a convertirse en uno de los hilos conductores de integración de toda aquella buena gente. De aquel hilo conductor surgió y fue fundado en 1922 el Fall River Marksmen, conjunto que  se consolidó como uno de los equipos más relevantes de la originaria American Soccer League.  Aquel en el que en su corta pero intensa historia brilla por encima de todos el nombre de un jugador: Bertram Albert Patenaude.

El primer futbolista en la historia en conseguir una ‘hat trick’ en un mundial, un chico de origen francocanadiense, que nació un 4 de noviembre de 1909 en Fall River, y creció respirando fútbol en la citada localidad. Bert Patenaude, un futbolista trabajador y por encima de todo veloz y goleador, cualidades que comenzó a demostrar en las filas del Philadelphia Field Club, donde jugó solo ocho partidos e hizo seis goles. Luego pasó por el J&P Coats y tras un partido de liga firmó por el Fall River Marksmen, donde dejó su sello de grandeza.

Bert se consagró como uno de los goleadores más prolíficos de aquella originaria liga estadounidense de fútbol, firmando 114 goles en 158 partidos, entre 1928 y 1931. Cuentan que formó junto al también legendario Billy Gonsalves la pareja más letal de la prehistoria del fútbol del citado país.

Permaneció en las filas de Fall River hasta el verano de 1930, ganando la Open Cup de EE.UU. de ese mismo año, en el que se traslada Newark Americans, conjunto en el que anotó siete goles en cinco partidos al inicio de la temporada 1930-1931. A finales de temporada regresó a Fall River y en 1931, el conjunto de Fall River se fusionó con el New York Soccer Club para formar el New York Yankees, con el que salió campeón nuevamente de la Open Cup.

Precisamente en aquel campeonato de copa, Patenaude anotó cinco goles en el 6-2 que los Yankees le endosaron en el primer partido al Chicago’s Bricklayers and Masons F.C . Bert permaneció en las filas de los Yankees durante la primavera de 1931 y en otoño de aquel año se marchó a los Gigantes de Nueva York, conjunto en el que puso firma y colofón a su paso por la American Soccer League haciendo 25 goles en 16 partidos.

Posteriormente con el colapso de la American Soccer League en 1931, su leyenda se difumina y sus registros se pierden en la estela del tiempo, pero se puede constatar que Bert firmó en 1933 por el Philadelphia German-Americans, conjunto que compitió en la segunda American Soccer League. En 1934 se marchó al oeste para jugar en la Liga de fútbol de St.Louis, la única competición futbolística profesional del país en aquella época, y en la que Patenaude compitió vistiendo la casaca del St. Louis Central Breweries. Patenaude conquistó la Liga y una vez más la Open Cup, posteriormente con la pérdida del patrocinio de la fábrica de cervezas Breweries, el conjunto de St.Louis pasó a denominarse St. Louis Shamrocks, donde permaneció hasta poco antes de poner fin a su carrera futbolística en las filas del Philadelphia Passon de la ASL, conjunto en el que dijo adiós en 1936.

Concluía así la carrera de un delantero veloz y tremendamente prolífico en su faceta goleadora, que dejó huella en el fútbol estadounidense pero que sobretodo, escribió su leyenda en la historia del fútbol en el Mundial de 1930 de Uruguay.

La suya, la leyenda del primer trigoleador de la historia de los mundiales, también una de las leyendas más discutidas de la historia del fútbol. Y es que desde un principio aquella gesta fue puesta en solfa injustamente por el informe oficial de la FIFA.  Los registros históricos que constituyeron las crónicas y los testigos de la época se difuminaron en el fondo del pozo del olvido temporal, que tergiversó por completo lo sucedido aquella tarde del 17 de julio de 1930 en el estadio Peñarol de Montevideo, Uruguay, cuando Patenaude anotó su “hat trick” en la victoria 3-0 sobre Paraguay. El informe oficial de la FIFA adjudicó los goles marcados por los Estados Unidos en los minutos 10, 15 y 50 de la siguiente manera:  los anotados en los minutos diez y cincuenta fueron adjudicados a Patenaude, mientras que el del minuto quince fue otorgado a Tom Florie. Sin embargo, la Federación de Fútbol de los EE.UU. siempre defendió que el autor de aquellos tres tantos no fue otro que Bert Patenaude.

Aquel asunto y aquella polémica, le acompañaron y golpearon sus recuerdos, su memoria, durante toda su vida. Bert tuvo que asistir atónito  a la reiterada incompetencia de los organismos oficiales, que atribuían el primer ‘hat trick’ de la historia a Guillermo Stábile, que hizo tres dianas dos días más tarde ante México. Una situación tremendamente injusta, puesto que Bert no perteneció jamás al perfil de hombre capaz de presumir por algo que no había conseguido. En su memoria y su corazón siempre residieron aquellos tres goles que le hizo a Paraguay en Montevideo, pues los había vivido y celebrado intensamente.

Bert falleció en su sesenta y cinco aniversario portando en lo más hondo de su corazón aquella injusticia silente que golpeó su memoria y le arrebató aquel honor, esperando que se restaurara su verdad, la que defendía con vivencias y recuerdos. La FIFA reconocía en su lugar a otro legendario y excepcional futbolista como Stábile, que lo consiguió pero dos días más tarde. Puede que para algunos esta historia corresponda únicamente a un asunto estadístico, a una anécdota histórica, a un logro menor que hacen los futbolistas cada domingo, pero para mí no, pues en el cajón de la memoria del fútbol siempre habrá un primero y en esta caso concreto ese lugar corresponde a Bertram Patenaude.

Tampoco lo fue para su familia, para su hijo Bert Jr. o para su nieto  Bertrand M. Patenaude, profesor en la Universidad de Stanford y la vida en Menlo Park, California. Un estudioso de la historia que buceó entre la crónica y los cajones perdidos de la memoria para rescatar del olvido la leyenda de su abuelo, un trabajo de investigación con el que restauró su leyenda y logró la rectificación de la FIFA en 2006.

La FIFA publicó un mensaje en su página web que no dejó lugar a la duda. Comenzó así: Honor a quien honor merece: gracias a la evidencia de varios historiadores y aficionados al fútbol, ​​así como una larga investigación más la confirmación de la Federación de Fútbol de EE.UU. Bert Patenaude consta en el registro de la FIFA como el primer jugador en anotar un hat trick en la Copa del Mundo de la historia en virtud de sus tres goles anotados en la victoria de EE.UU sobre Paraguay en Montevideo (Uruguay) el 17 de julio de 1930.
Tres generaciones aguardando ese momento, aquel mensaje, Bert hasta el día de su muerte, su hijo con la esperanza de que sus viejas canas y sus cansados ojos pudieran ser testigos de la citada rectificación; y su nieto con la fuerza,  capacidad de investigación y seguridad de que no iba a descansar hasta conseguirlo.
La alborada de un recuerdo, una memoria restaurada, la paz de un gran goleador estadounidense, aquel que Landon Donovan dejó pequeño, pero ese mismo al que aún se le recuerda por las calles de Fall River: Bertram Albert Patenaude, el primer trigoleador.

Mariano Jesús Camacho