La ciencia y el arte son dos actividades humanas claramente diferenciadas entre sí tanto por objetivos como por motivaciones, pero parten ambas de una misma raíz mágica y están separadas por una difusa línea en la que encontramos las fuentes en las que una bebe de la otra y se relacionan entre sí. A ellas podríamos unir otra actividad humana que en principio tampoco tendría por qué tener relación con ellas pero que acaba por relacionarse a través de diversos cauces. Os hablo del deporte, esa actividad que se convierte en ciencia cuando se teoriza sobre ella y en arte cuando la plástica y la estética surgen de forma sutil en la disciplina deportiva.

Tres esferas de la cultura humana, ciencia, arte y deporte, que se ven ampliamente desarrolladas en un tablero de ajedrez, en el que de la nada se puede desarrollar el arte como medio de expresión creativa con la gestación de una hermosa partida. Así es el ajedrez, un juego en el que tomando como lienzo la madera de 64 cuadriculas y como instrumento de expresión las 32 piezas blancas y negras que armonizan en belleza, sorpresa y ritmo se crean partidas épicas como “la Inmortal”, “la Siempre Viva” o “la Mona Lisa del Ajedrez”.

Ese apasionante juego en el que la ciencia juega también un papel preponderante puesto que las matemáticas y la estrategia abren el camino hacia su estudio y teorización. Un camino por el que nuestra mente encuentra una óptima tierra de cultivo y por tanto de desarrollo y ejercitación, palabras estas que definen a la tercera esfera que adorna este legendario juego: el deporte.

Ajedrez, ciencia, arte y deporte pero también tierra de cultivo para maravillosas leyendas, como la surgida de Oriente con “La leyenda de Sissa”:

“Cuentan que en el siglo V de la Era Cristiana  en un reino situado al noroeste de la antigua India, (seguramente en el actual Paquistán o Afganistán), había un poderoso y joven monarca llamado Rai Bhalit, un hombre de buen carácter pero conducido hacia la corrupción por sus aduladores. Un monarca que hastiado de tanta riqueza y placeres, llegó a olvidar la importancia de sus súbditos en el mantenimiento de sus privilegios y la estabilidad de su reinado. Olvido fatal que le condujo a una ceguera temporal en la que desoyendo los consejos de los brahmanes y rayals creyó estar por encima del bien y del mal. Fue entonces cuando uno de sus sirvientes, llamado Sisa, creó un juego capaz de entretenerle y hacerle ver la importancia de las piezas secundarias en el reinado de un monarca. Sissa creó un juego sobre un tablero con sesenta y cuatro casillas, alternativamente blancas y negras dispuestas en ocho filas y ocho columnas, un juego que emulaba unas confrontaciones bélicas en las que el Rey no podía salir victorioso, atacar, ni siquiera defenderse de sus enemigos, sin el auxilio de sus súbditos. Cuando Rai Bhalit tuvo conocimiento de ello quiso aprenderlo y le sirvió para captar un mensaje que había desoído en numerosas ocasiones, el Rey se entusiasmó con aquella creación, cambió de conducta y dejó al brahmán la elección de su recompensa. Este pidió una cantidad de trigo que se determinaría de la manera siguiente: un grano por la primera casilla del tablero, 2 por la segunda, 4 por la tercera y así sucesivamente, siempre doblando las cantidades, hasta la última. El monarca accedió al instante ante la aparente pequeñez de aquella petición; pero cuando sus tesoreros calcularon el montante total de la operación,  el Rey se encontró con que había adquirido un compromiso para el cual, no bastaban todos sus tesoros. Su alegría pronto se trocaría en ira cuando se dio cuenta de que ni con todo el trigo de su país alcanzaría a pagar semejante suma. La cifra ascendía a 18.446.744.073.709.551.615, es decir 2 elevado a 64. Ante la imposibilidad de pagar tal suma el brahmán mandó matarle. Así concluía una de las leyendas más conocidas del ajedrez, cuentan además que Sisa tenía un hijo llamado Shah, y de ahí derivó el nombre de su juego “shatranj”, “shak” o axedrez, ajedrez”.

Una de las muchas leyendas de un deporte mágico e intangible, matemático y tangible, teoría y expresión, un juego y deporte mental que adquirió connotaciones históricas y caballerescas en tiempos de Alfonso X “El Sabio”, con el que se introdujeron personajes de la sociedad medieval para designar el nombre y el papel de las piezas: el rey, la dama, el caballo (en representación del caballero), la torre y el obispo, que sustituye a un elefante que en Europa no existe como arma de guerra, aunque en español conserva el nombre de alfil (elefante en árabe).

Otro paso más hacia la evolución y legendaria estética de un deporte que volvió a dar otro salto de calidad en el siglo XVI, cuando un sacerdote español nacido en Zafra, Badajoz, llamado Fray Ruy López de Segura le dio el impulso definitivo a un juego que comenzó a ser apasionante. Tiempos legendarios en los que el ajedrez era algo maravilloso y bello, hablamos del arte renacentista, una época en la que se produjo la difusión de las ideas del humanismo, que determinaron una nueva concepción del hombre y del mundo. Un clara «ruptura» con la unidad estilística que hasta ese momento había sido «supranacional». La expansión mundial de la cultura europea y la expansión del ajedrez, el final del teocentrismo medieval y la época dorada de grandes artistas que como Leonardo da Vinci, apasionado del ajedrez, que representaron fielmente el estilo de la época con su domino espacial de la perspectiva, de la naturalidad, de la anatomía humana y las construcciones arquitectónicas. Un genio al que por cierto se le atribuyen el diseño de seis piezas de ajedrez que aparecen dibujadas e ilustran el manuscrito que acompaña las jugadas de ajedrez del tratado De Ludo Schacorum overo Schifanaoia, escrito por el fraile Luca Bartolomeo Pacioli.

Una época de la que sentimos gran nostalgia puesto que todo era nuevo, cada partida que se jugaba era una historia novedosa y distinta, una nueva creación. Apertura, medio y final, fases del juego a las que el sacerdote extremeño aportó mucha creación y estudio. Un Fray Ruy López que por motivos eclesiásticos tuvo que viajar a Roma- Italia, país en el que acabó por cerrar su creación y tratado sobre ajedrez gracias a la aportación y el estilo de talentosos jugadores italianos como Giovanni Leonardo di Bona,  Leonardo da Cutri, uno de los mejores jugadores de la época al que Fray Ruy venció en dos ocasiones. «Il Puttino» que tras esas dos derrotas se marchó a Nápoles para mejorar en su juego, aprendiendo de la técnica y maestría de otro de los grandes de la época, Paolo Boi, considerado el mejor jugador italiano por aquel entonces.

Giovanni Leonardo de Bona, natural de Calabria, o lo que es lo mismo el ajedrecista de la punta de la “Bota de Italia”, de la antigua Brucia romana, personaje sobre el que circulan también legendarias historias. Y es que según cuentan Leonardo da Cutri sufrió la captura de su hermano por parte de los sarracenos. Una situación a la que hizo frente valientemente ofreciéndole al capo de los piratas jugarse la liberación de su hermano al ajedrez. Una apuesta que le sirvió no sólo para ganar la libertad de su hermano sino también para sacar 200 ducados que el pirata se atrevió a apostar.

Así era el otro gran maestro del ajedrez y así se empezó a fraguar la gran confrontación de dos genios que coincidieron en Italia, donde el sacerdote español descubrió el libro del portugués Pedro Damiano, que le sirvió como fuente de estudio e inspiración para a su regreso a España en 1561, publicar, en Alcalá de Henares, su “Libro de la invención liberal y arte del axedrez”. Publicación en la que Ruy López nos presenta su estilo natural que surge de la convicción que poseía de que si algo parte de la buena naturaleza de las cosas no puede ser malo, y por tanto no entraría en contradicción con su condición religiosa, por lo que Ruy López nos presenta una obra que partiendo de una artificiosa prosa remata con una luminosidad picarona y burlesca.

En él Ruy López habla del Giuocco Piano, del Gambito de Rey, de la Apertura Peón Dama, de la Defensa Holandesa, del fianchetto de Rey y de Dama y…, por supuesto, de “Su Apertura” que lo llevaría a la fama del Ajedrez mundial: “La Apertura Española”. Una apertura abierta, “La gran partida” en la que las piezas blancas gozan de una ventaja ligera y duradera. El trabajo de un genio que aportó luz a la “Teoría del Ajedrez”, Fray Ruy López, que se ganó el respeto y la admiración del Rey Felipe II, monarca con el que según cuenta la historia protagonizó una legendaria anécdota:

“Luego de un almuerzo Ruy López y el Rey Felipe II estaban jugando una partida en un salón del Palacio El Escorial cuando se hizo presente el verdugo real. El monarca le preguntó si estaba todo listo para la ejecución. El verdugo respondió que sí, pero que el reo por su condición de noble pedía recibir los Santos Auxilios de un obispo antes de ser ejecutado, a las 3 de la tarde. El prisionero era el Duque de Medina Sidonia, amigo de Ruy López, ex favorito del rey y había sido acusado de conspirar contra él. El monarca consintió el pedido, pero el verdugo le recordó que no había ningún obispo a disposición en las cercanías del palacio, entonces Felipe II, muy molesto, ungió a Ruy López como obispo de Zamora y le ordenó que le diera el último servicio al reo.

 Ruy López se dirigió a la celda y trató de calmar a su amigo jugando al Ajedrez. Faltando pocos minutos para las tres de la tarde el verdugo se acercó al Duque pero éste le pidió que le dejara terminar la partida con Ruy López. Cuando se oyó la campanada de las tres, en todo el Palacio de El Escorial, el Rey Felipe II, creyendo que ya habían ejecutado al Duque, le pidió a su nuevo favorito y asesor que ocupaba el lugar del Duque de Medina Sidonia, que le alcanzara el documento de su nombramiento real para firmarlo, pero éste se confundió y le alcanzó la lista de conspiradores que encabezaba él mismo. El rey ordenó su rápido arresto. Cuando se corrió la noticia por todo el palacio, Ruy López y el Duque todavía seguían jugando su partida….y así fue como el Ajedrez evitó una injusticia.”

Partida de ajedrez entre López de Segura y Da Cutri en la corte española, por Luigi Mussini (1886).

Profundizando un poco más en la relación de Felipe II con el sacerdote extremeño nos encontramos con que el monarca fue su benefactor, un apasionado del juego que admiró profundamente a Fray Ruy López. Precisamente fue Felipe II el encargado de organizar la partida que ha pasado a ser considerada por la leyenda de este deporte como el primer gran campeonato mundial de la historia. Disputado en Madrid en 1575, patrocinado por la Casa Real Española, representada por la figura de Felipe II, el rey más poderoso del planeta que logró una confrontación múltiple entre los grandes ajedrecistas de la época: Leonardo da Cutri, Ruy López, Paolo Boi y el granadino Alfonso Cerón.

Partidas breves, jugadas ejecutadas de modo fulgurante que se adaptaban muy bien a la mentalidad de la época. Un torneo que venció Leonardo da Cutri, ajedrez de guerra, gambitos, apertura italiana, apertura española, contragambitos y celada. Como decía Fray Ruy López un simulacro de batalla, con dos ejércitos enfrentados y que por tal motivo colocaba a españoles e italianos en la cima del ajedrez mundial Y es que españoles e italianos compartieron mucho en los siglos XVI y XVII. Compartieron enemigos (franceses, ingleses, turcos, holandeses), religión, rey (puesto que gran parte de Italia se hallaba bajo dominio español) y la supremacía en el ajedrez.

De esta forma esta estirpe de caballeros, súbditos de Felipe II y Juan de Austria le dieron un nuevo impulso al juego con una máxima como premisa: ejecutar la maniobra de la partida consiguiendo la meta deseada en el menor tiempo posible y con un número reducido de jugadas. Así el factor tiempo comenzó a cobrar gran relevancia en el juego del ajedrez, un tiempo del que estos maestros del Renacimiento extrajeron e idearon acciones como el “gambito”, una apertura en la que el jugador sacrifica material a cambio de obtener una posición con mayores posibilidades de ataque.

En definitiva ajedrez de guerra en el siglo XVI, reyes, caballeros, torres, damas, alfiles y peones, jugando su papel en una sociedad convulsa por la lucha de tierras e intereses. Los padres del ajedrez y grandes maestros de los Steitniz, Lasker, Alekhine, Botvinik, Bobby Fischer, Boris Spassky, Gary Kasparov, Anatoly Karpov …

Un juego apasionante, estudiado hasta límites insospechados y que quizás respira la nostalgia de aquellos tiempos en los que se creaba de la nada. Tiempos lejanos y distantes a un momento actual en el que un duro competidor ha entrado en escena para ponérselo prácticamente imposible al hombre: la computadora, que nunca pierde la concentración. Una herramienta tan maravillosa como diabólica, que es inmune al reflejo del sol y  que te mata con su frialdad y su poderosa inteligencia artificial.

Por ello siempre apostaré por la inteligencia humana de Fray Ruy López y su ajedrez de guerra renacentista.

Fuentes:

http://www.zonadeajedrez.com/varios/otros/448-ruy-lopez-de-segura

http://www.p4r.org.ar/biografias/ruy-lopez.htm

http://ruylopez.juntaextremadura.net/modules/news/article.php?storyid=28

Articulo Ruy López y su época : Biografía de Ruy López (y III) por Charo Luengo Rivera.

http://www.ajedrezenmexico.org/articulos/306/ajedrez-imaginario-y-arte-la-ciencia-las-artes

http://www.worldchesslinks.net/izi04.html http://ajedrez.pastranec.net/historia/leonardo.htm

http://enciclopedia.us.es/index.php/Leyenda_de_Sisa