Con motivo de la votación del premio Golden Foot  2011 me gustaría compartir con vosotros el texto en español de un artículo realizado a petición de Mauro Carturan, (componente del comité organizador, Media Relations y coordinador web del citado premio) que ha sido publicado en inglés en  la web Golden Foot.com:

Dicen que la eterna Roma guarda entre las ruinas de su Coliseo las lauréolas,- coronas de laureles- de todos aquellos poetas, deportistas y guerreros que a modo de tocado portaron sobre sus cabezas  la gloria de su leyenda entre vítores de la gente y la admiración del César. Es más, cuentan que en aquellas gradas aún se desliza el rumor del afilado viento que convirtió aquel escenario de sangre y arena en teatro de los sueños para la historia, la tragedia y la comedia. Y en aquel mítico escenario, el cine mostró al mundo a través de Gladiator el perfil de un héroe y guerrero de leyenda que consagró su grandeza con una frase tan cargada de humanidad como divinidad: “Lo que hacemos en vida tiene eco en la eternidad”

Aquella frase que en 2009 y no muy lejos de allí, Pep Guardiola quiso transmitir a sus poetas gladiadores del balón. Una frase que no todos conocían, pero que Xavi Hernández, largo tiempo atrás, había adoptado como modo de vida, pues en su estilo de juego y personalidad siempre trascendió la importancia del colectivo sobre lo individual.

Y precisamente por ello, creo que al futbolista de Tarrasa le ha llegado el momento de ser reconocido con un prestigioso premio a nivel individual. Mucho más porque este galardón premia a una carrera y a la capacidad que tienen los mitos para perdurar y trascender en el tiempo a su propia existencia. En definitiva de dejar huella, de influir positivamente en la vida de otras personas, por su aportación humana o profesional.  Justo lo que hace Xavi, mediocampista tan talentoso e inteligente como generoso que se expresa sin fronteras cuando tira un pase de genio, gira sobre sí mismo o hace circular el balón.

Un tipo quizás demasiado normal, en peligro de extinción, al que echaremos mucho de menos cuando cuelgue sus botas en el limbo del adiós. Aquel al que la máquina del tiempo coloca cada día más en la grandeza del Olimpo y la nostalgia colocará dentro de un tiempo en la leyenda. Premiarle con este galardón sería la mejor forma de escenificar físicamente los valores estéticos y morales del fútbol que defiende a través de su privilegiada cabeza y sus pies. Pies dorados, Golden Foot, aquellos ante los que de forma testimonial se postró y besó un gran campeón como Valentino Rossi.

También un loco del fútbol que disfruta y sueña ejerciendo su profesión, sobretodo que le gusta el fútbol, algo de lo que no todos sus compañeros de profesión pueden presumir. El perfil humano y profesional de un jugador único por el que me decanté tras una dura pelea entre Ryan Giggs “el Dorian Gray del Uited” y Raúl González, al que la esfera del reloj, situó en la vertical temporal de su leyenda.

Y aquella esfera, en la que se refleja nuestro rostro, el sutil halo de nuestra presencia y el eco de la eternidad, voló todo un año para detenerse sobre la Roma de Francesco Totti, que cedió su lugar y el Golden Foot a un futbolista estelar en el Stade de France de la luminosa París, director de orquesta en el Happel de la armoniosa Viena, eterno en el Olímpico de Roma, épico en el Scoccer City de Johannesburgo y legendario en el incomparable Wembley londinense.

Xavi Hernández… tócala otra vez Sam.

Mariano Jesús Camacho.