Ahora que la ciudad paulista de Santos se reencontró con la historia cuarenta y ocho años después, ahora que vive la gloria de la Libertadores de América, ahora que un sector de la prensa se empeña en caer una vez más en el absurdo error de comparar a Neymar con Pelé, quisiera felicitar a todos los santistas por su recién coronado reinado. Un reinado que hoy en día cuelga sobre el talento de Neymar, un chico nacido con el don y el duende del fútbol en su interior pero con muchas cosas aún por mejorar y demostrar. También por la reivindicación y la apuesta por un regreso a sus orígenes, por un fútbol que vuelve a sus raíces.

Nada que ver con el triste espectáculo que nos ofrecieron a la finalización del choque, tan absurdo como aquella comparación de Neymar con Pelé, pues la citada comparación podría asemejarse al hipotético hecho de equiparar a Federico García Lorca con Luis García Montero, por la única y sencilla razón de que ambos son grandes poetas y nacieron en Granada.

Y hablando de arte y fútbol, dos cualidades que además del Santos, comparten Neymar y Pelé, esta bitácora de ideas no puede seguir su rumbo esférico sin que conozcáis el perfil profesional y humano de un genio como Óscar Niemeyer, un viejo sabio con más de cien años de vida al que la naturaleza dotó con el don de la longevidad y la genialidad, además de proporcionarle aquellas musas que inspiraron su mágico mundo de formas con el que construyó la inmortalidad de sus obras y se consagró como el padre de la arquitectura modernista.

Su contribución creativa  dotó una nueva perspectiva de la arquitectura, en la que la línea curva, constantemente presente en la naturaleza, se convirtió en el elemento geométrico esencial de su creación existencial: “no es el ángulo recto el que me atrae, ni la línea recta, dura, inflexible, creada por los hombres. Lo que me atrae es la curva libre y sensual. La curva que encuentro en las montañas de mi país, en el curso sinuoso de sus ríos, en las ondas del mar, en las nubes del cielo, en el cuerpo de la mujer amada. De curvas está hecho todo el universo”.

Y en aquellas curvas de la naturaleza encontró también la esfericidad de un balón con el que Edson Arantes do Nascimento, Pelé, se convirtió en rey del fútbol. Tal y como dijo Niemeyer el ídolo de todas las generaciones, palabras mayores. Un genio hablando de otro genio que recientemente entrecruzaron sus vidas con motivo del imponente regalo creativo que Niemeyer legará para siempre a la leyenda de Pelé. Un monumento que se alzará en 2012 sobre la ciudad paulista de Santos junto a un museo que exhibirá los hitos de la exitosa carrera deportiva del astro goleador.

En aquel mágico encuentro Niemeyer mostró a Pelé el boceto de la obra, formada por una esfera de siete metros de diámetro junto a una torre de 20 metros de altura. Y en el interior de la misma, una silueta recortada con la figura de ‘O Rei’ celebrando con el puño en alto uno de sus 1.284 goles. En aquella gran esfera de cemento se exhibirán grabaciones con las jugadas más brillantes del ex futbolista. Niemeyer habló en estos términos para describir su obra y su idea: “Me he inspirado en el fútbol y en el balón, que son lo más ligado a Pelé”

Junto a aquel monumento de Niemeyer se extenderá el bloque principal del Museo Pelé, que acogerá más de 3.000 objetos de su vida, incluida una réplica de la Copa Jules Rimet -la del tricampeonato brasileño- que fue robada tras su conquista en 1970. Así mismo en aquel museo se podrá contemplar la caja de limpiabotas que guardaba su madre, recuerdo de los tiempos en que debió trabajar con apenas 12 años para ayudar a los suyos en Bauru.

La construcción del edificio de hormigón ya está en marcha, y está previsto que concluya en 2012. Con un presupuesto previsto de 20 millones de reales (casi 12 millones de euros), Niemeyer paradigma de la arquitectura será el encargado de levantar de su mundo natural el Museo del Rey del fútbol. Será como la construcción y el proyecto de uno de aquellos sabios arquitectos egipcios que levantaron templos y grandes pirámides a los faraones.

Tres dinastías se unen hoy en día a través de esta nota para glorificar la leyenda de Santos y Brasil, el primero Niemeyer, que ha vivido y sobrevivido a numerosas generaciones de fútbol y por supuesto arte, donde su obra ya es inmortal, el segundo Pelé, que vivió reinando a su generación y acabó por convertirse en ídolo de todas la generaciones y el tercero Neymar, un chico con un talento descomunal que aspira y pretende a que dentro de una década se hable de su tiempo como el de su generación.

Mariano Jesús Camacho