A falta de diez minutos para la conclusión del partidillo, el entrenador le preguntó: ¿Você é o rapaz de Niterói?  El chaval asintió con su cabeza y se incorporó al juego.

Y en la inmensidad de un mundo profesional plagado de estrellas consagradas, en la segunda pelota que recibió, prendió la bola en mitad de la cancha y elevó su cabeza. Se pudo intuir entonces que aquel objeto de poder le obedecía, mientras  su determinación marcaba una autopista hacia la leyenda. Sobre sus hombros cargaba la enorme presión de sustituir a Leónidas “el Diamante negro”, pero el sabio Flavio Costa (su técnico) jugaba a caballo ganador, pues en su fuero interno era consciente de que en aquellos mágicos pies, el citado peso era tan ligero como una pluma sobrevolando la brisa eterna que aquella tarde recorrió el campo de entreno del conjunto de Gavea. Aquel chaval dribló a uno, dos y hasta tres rivales, para a la salida del portero batirlo buscando el contrapié de forma magistral.  En su tercer contacto con el balón repitió jugada y con aquel zigzagueo mágico que le definió, dejó claro que la leyenda de Leónidas había encontrado en la figura de Tomas Soarez Da Silva “Zizinho”, a su más inmediato sucesor. Más

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