La pluma de Manuel E. Pose se desliza sobre una hoja en blanco y conecta con las musas que revolotean traviesas por los potreros de la populosa zona del sur porteño y el club Miriñaque. Allá en aquellos empedrados en los que la escasez dibuja los juegos malabares de la pobreza, la música de Víctorio R. Papini colorea con acordes de tango la leyenda de un purrete con sed de vivir que cumplió sus sueños tejiendo sobre el césped muy lindas gambetas y golazos con los que hizo feliz a la gente.

Y acá en estas líneas en las que el tango se hace fútbol y viceversa la leyenda de Norberto “Tucho” Mendez viaja con su pelo renegrido por las canchas de mi imaginación y vuestros recuerdos. Porteño de ley, gran amigo de Aníbal Troilo, bailarín infaltable en el Marabú y el Chantecler siempre llevó la magia, el arte, y la música en la sangre. Más

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