Por los alrededores del Pizjuán un atleta octogenario deja ver en su carrera la portentosa capacidad física del que lleva en sus poderosas piernas los genes de una tierra, una ciudad nacida al calor del Camino de Santiago.  Dicen los más viejos del lugar que aquel veterano atleta pudo haber llegado a Sevilla sin problemas corriendo desde su Estella natal, pues como dijo Aymeric Picaud en el siglo XI: “Estella es ciudad de buen pan, excelente vino, mucha carne, pescado y toda clase de felicidad”. Y Juan Arza Íñigo llevaba muy adentro las virtudes que adornan y establecen la diferenciación e identidad de su bella tierra.

Hasta no hace demasiado tiempo a Juanito Arza aún se le podía ver entrenando en el Pizjuán como un chaval más y, pese a que los más jóvenes no reconocían en su rostro a una estrella, la memoria hablada y la historia del club hispalense siempre le recordará como una gran leyenda.

La leyenda de un jugador que con motivo de la celebración del centenario del Sevilla Club de Fútbol, fue nombrado “Futbolista del siglo”, y reconocido como el mejor jugador que ha tenido el equipo andaluz en toda su historia. Aquel que escribió las primeras páginas de su inolvidable carrera vital en la plaza de Santiago de su ciudad natal, en la que destrozaba alpargatas de esparto dándole patadas a un balón. Y cuentan que allí comenzó a germinar la leyenda de Juanito, en las filas del equipo “La Bomba”, donde con el color azul y rojo del club, dio a conocer sus habilidades el hijo de Vicente y Estanislaa. Cuentan además que aquel chaval con peinado de la época y raya marcada a la izquierda, quedó fascinado cuando en su domicilio se alojó el entonces soldado Rafael Iriondo, jugador del Athlétic Club de Bilbao.

Con el estallido de la Guerra Civil, Juanito Arza, conocido en Estella como “Pimponico” entró a formar parte del equipo de “Acción Católica”. Aquel chaval había nacido para el deporte, destacaba en fútbol y en varias disciplinas deportivas, estuvo a punto de dedicarse profesionalmente a la pelota vasca, pero Juanito reservaba únicamente un lugar en sus sueños para el balompié.

Así llegó a las filas del Izarra, conjunto en el que los estelleses vibraron con su talento y llamó la atención del doctor Amadeo García Salazar, ex-seleccionador nacional, que propició su pase al Deportivo Alavés, conjunto en el que su tremenda progresión le situó en el escaparate del fútbol nacional. Juanito llamó entonces la atención de equipos como el Real Madrid y el Athlétic, pero el futbolista estellés se decantó finalmente por el conjunto vasco, que le entregó cinco mil pesetas como adelanto. Cuando todo apuntaba a que Arza iba a continuar su carrera en el Athlétic se cruzó en su camino el Club Deportivo Málaga, que además de ofrecerle una interesante propuesta económica, le aseguró la titularidad en el equipo andaluz.

En el conjunto malacitano permaneció hasta 1943, año en el que fue traspasado al Sevilla, que lo convirtió en el fichaje más caro de la historia del club hasta ese momento (90.000 pesetas, dos partidos amistosos con la recaudación para el Málaga, y la cesión de algunos jugadores para las temporadas siguientes).

Juanito tenía veinte años y pese a que eran varios equipos los que pretendían hacerse con sus servicios, la presencia de su hermana Jesusa, que vivía en Sevilla acabó haciéndole decantar por el conjunto de Nervión. Arza llegó a Sevilla en el crepúsculo de la mítica Delantera Stuka, y su llegada resultó definitiva para que Guillermo Campanal colgase las botas después de una década goleando para el club.

Cuentan que a su llegada coincidió con el técnico irlandés O’Connell, que impactado por su calidad como jugador y conociendo la importante inversión económica que había realizado el Sevilla y Sánchez Pizjuán, comenzó a decir: “Agza es el niño de ogo”. A partir de ese momento Juanito pasó a ser conocido como “El niño de oro”, algo que además demostró sobradamente en el terreno de juego.

En su primer partido con la camiseta del Sevilla hizo tres goles de los cinco con los que el Sevilla venció (5 a 2) al Sabadell. Descubrió entonces la afición hispalense a un futbolista ambidiestro, que dominaba el regate en corto y en largo, y disparaba con el veneno mortal de un interior que por potencia y talento podía jugar como delantero. Además su toque técnico y  su buen gusto por el fútbol estético encajó a la perfección en el sentimiento del aficionado sevillano que lo adoptó como ídolo de toda una generación. Su menuda presencia y su cara inocente hicieron reconocer a la afición sevillista en su figura a aquel “Niño de oro” que les robó el corazón durante dieciséis temporadas.

Su estancia durante dieciséis temporadas en el club de Nervión solo puede calificarse como gloriosa, siendo para todos los entrenadores con los que trabajó, un jugador insustituible. En la temporada 45/46 su concurso fue decisivo para que el Sevilla lograra el Campeonato de liga con un equipo legendario formado por: Busto, Joaquín, Villalonga, Alconcero, Antúnez, Eguiluz, López, Arza, Araujo, Herrera y Campos. Posteriormente conquistó la Copa del Generalísimo en 1948 derrotando en la final al Celta por 4-1 en un encuentro en el que abrió el camino del triunfo anotando el primer gol.

Militando en el Sevilla siguieron lloviéndole ofertas del exterior, Madrid, Barcelona y el argentino San Lorenzo de Almagro lo tentaron y River Plate llegó a ofrecerle 800.000 pesetas y cuatro pasajes Buenos Aires-Madrid, pero siguió siendo fiel al equipo andaluz, porque como le dijo su padre, “A ti te ha enchulado el Sevilla”.

 En 1951 el Sevilla con Arza en sus filas se quedó a un solo paso de ganar su segunda liga, acabó como subcampeón, en un título que se decidió el 22 de abril en un encuentro ante el Atlético que finalizó con empate a uno, pero en el que el árbitro Azón, anuló un gol a Araujo que hubiera dado el título al conjunto sevillista. Su leyenda fue creciendo con el tiempo y en la temporada 1954/55, alcanzó el «Pichichi» con un total de 28 goles, sin ser un delantero nato. En 1955 quedó una vez más a la orilla de la gloria y un nuevo título, pues fue subcampeón de la Copa del Generalísimo tras caer en la final ante el Athletic de Bilbao por 1-0.

Con  la selección española fue internacional en dos  ocasiones, debutando un dos de marzo de 1947 en Eire, en un Eire 3 – 2 España. Jugó su segundo y último partido como internacional el ocho de junio de 1952 en Estambul, en un Turquía 0 – 0 España.

El paso de los años y la estela de sus goles transformaron a este estellés de nacimiento en un sevillano de adopción y sobre todo un sevillista de corazón. En 1959 a la edad de 36 años dijo adiós dejando la indeleble marca de 416 partidos oficiales jugados y 216 goles anotados (192 goles, en Liga, y 24 en la Copa) con la camiseta el Sevilla CF.  Y aunque su leyenda tuvo continuidad en el tiempo a través de su carrera como entrenador, sin duda por las calles de Sevilla y los alrededores del Sánchez Pizjuán, hoy se echará en falta las quince vueltas y la figura imborrable de un veterano atleta que haciendo filigranas con un balón fue ídolo de toda una generación que nunca olvidará su leyenda, la de Juanito Arza “El niño de oro”.

Fuentes:

“Juan Arza. El niño de oro”,  Juan Castro Prieto y Agustín Rodríguez Jiménez, editado por “Andalucía abierta 2005”.

“El Izarra. 70 años de fútbol en Estella”, de José Torrecilla, edición del autor.

http://www.sasua.net/estella/articulo.asp?f=juanarza

 Mariano Jesús Camacho