El próximo domingo el Monumental de River se reencontrará con el fútbol y abrirá una vez más sus gradas para acoger en sus entrañas un evento histórico en el que se dilucidará el nuevo Rey de América. Gradas desangradas, gradas heridas por un llanto aún muy reciente, testigo de una debacle que inundó de lágrimas y cenizas el corazón de los aficionados de la banda roja y que pasan página con la implacabilidad del tiempo huido para acoger una nueva final de la Copa América.

Una final inédita, pues pese a que Uruguay sea uno de los reyes de la competición y haya conseguido hacerse con el título en catorce oportunidades, y Paraguay lo haya conseguido en otras dos, ni charrúas ni guaraníes se han enfrentado en una final de la histórica Copa.

Competición que llega a la orilla de su destino pulverizando estadísticas y echando abajo todo tipo de pronósticos, favoritos que han ido cayendo con el peso del torneo.  Un torneo en el que el colectivo ha anulado la gris actuación de aquellos futbolistas a los que se les presuponía que establecerían la diferencia con su calidad individual. Estrepitosos fracasos de Colombia, Chile, Argentina y Brasil, cuatro selecciones llamadas a estar entre las favoritas y a hacerse con la Copa.

La historia de una competición en la que el fútbol y el espectáculo han brillado por su ausencia, estando únicamente presentes en pequeños destellos de estrellas que no han sido siquiera la sombra de sí mismos. Algo preocupante, digno de mención y reflexión, que queda reflejado en el hecho de que no se haya superado la media de dos goles por partido, pero que no debe restar un ápice de valor a las dos selecciones que han hecho méritos para disputarse el cetro americano del fútbol. Especialmente a sus dos guardametas, el uruguayo Fernando Muslera y el paraguayo Justo Villar. Sí, dos porteros que se han encargado de establecer la diferencia individual cuando el colectivo ha dilucidado su partida de ajedrez en tablas, gracias en gran parte al trabajo de los profesionales del no gol.

Como dirían por aquellas tierras, esta ha sido la Copa de los arqueros, un colectivo no siempre valorado en su justa medida y que queda magníficamente representado en los perfiles deportivos de Muslera y Villar. En el caso de Villar, ex guardameta del Valladolid, su brillante desempeño en la Copa le ha abierto las puertas de su regreso a Sudamérica para defender los colores del conjunto argentino de Estudiantes de La Plata.  Sus actuaciones en el transcurso de los partidos ante Brasil y Venezuela y especialmente en la tanda de penaltis, han permitido que la sólida y costosa Paraguay de Gerardo ‘Tata’ Martino, se plante en la final sin haber ganado un solo encuentro.

Por su parte Fernando Muslera ha sido el eslabón más sólido de una cadena sobre la que se sustenta el éxito de Tabárez: el conjunto. En el que tan solo tipos como Luis Suárez o Forlán tienen permitido salirse del guión. Del guardameta uruguayo Muslera cuentan las crónicas que defiende su guarida como un león, un felino que es un viejo conocido para todos nosotros, pues en el Mundial de Sudáfrica su actuación resultó vital para que Uruguay llegara a semifinales. Y en esta Copa “El León” de Wanderers, hizo atajadas de gran mérito tanto el transcurso de los encuentros como en las tandas de penaltis, brillando de manera especial ante Argentina. Ante sus paisanos, y digo bien, puesto que paradójicamente Fernando es bonaerense, pero antes de cumplir un año se marchó a Uruguay junto a sus padres, naturales del citado país. Tal y como le ha sucedido a su colega guaraní, su brillante desempeño ha provocado su pase del Lazio al conjunto turco del Galatasaray, en el que firmará un importante contrato a nivel salarial.

Por tanto y aunque en los carteles anunciadores podamos leer: Gran enfrentamiento por la conquista de la Copa América entre las selecciones de Paraguay y Uruguay, si Forlán o Luis Suárez no lo remedian, el partido quedará reducido a un versus bajo palos entre la grandeza de SuperJusto Villar y la leyenda de Muslera “El León de Wanderers”.

Será sin duda una final igualada porque ambas selecciones construyen sus éxitos desde la prudencia defensiva. Una final en la que por historia y estadística, Uruguay debería partir como favorito, pues todas las apuestas le son favorables. Los charrúas podrían conseguir su decimoquinta Copa destronando a Argentina en el privilegio de encabezar el cuadro de honor, pero en esta peculiar competición que hemos vivido, ser favorito ni te conduce a la gloria ni te garantiza la victoria, sino todo lo contrario. Por ello Tabárez no quiere oir ni de lejos la citada palabra.

El fútbol ha estado desaparecido en esta Copa América y aunque siempre he sido partidario de los modestos y su revolución, hubiera preferido más futbol y menos tandas de penaltis. Por ello y en el caso de que el fútbol siguiera sin aparecer, sería el momento para la reflexión, pero también el idóneo para que Villar o Muslera, pertenecientes a la estirpe de los héroes olvidados del balón fueran nombrados mejores jugadores del torneo.

Mariano Jesús Camacho

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