Si en algún momento pudo haber un instante de duda o vacilación con respecto a la mentalidad genética del futbolista uruguayo, la final de la Copa América se ha encargado de disiparla. Y es que tras ella no me cabe la menor duda de que Uruguay no disputa las finales sino que las gana. El uruguayo esta hecho de otra pasta, sale con el pecho henchido de historia y el corazón a ras del césped. Con sus armas de siempre y la genética del campeón la celeste de Uruguay se comió y no dio opción a Paraguay. Siempre siendo consciente de sus limitaciones, rentabilizando al máximo su entrega, sus virtudes y conociendo en todo momento los elementos sobre los que descansan la responsabilidad de establecer las diferencias. Más

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