Foto:Efe

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El Barcelona se alzó con el primer título de la temporada en juego tras dos intensos partidos en los que se pudo comprobar el equilibrio existente entre los dos grandes equipos del fútbol actual. El de un Barcelona eterno y un Madrid que parece pelearle por fin la hegemonía con argumentos futbolísticos. Y es que tras los 180 minutos de final el buen estado de forma y juego del equipo de Mourinho no le ha llegado para derrotar a su máximo rival, que ha depositado el peso de la Supercopa en la tremenda calidad de sus futbolistas ofensivos y en especial de Leo Messi, que ha estado espectacular una vez más.

  Todos hemos disfrutado con la calidad de ambos equipos, así hemos podido ver cómo dos grandes equipos han guapeado el fútbol con sus armas, cada uno con su estilo, buscando la portería contraria e incidiendo sobre los puntos débiles del rival. Así comenzó su partido el Madrid en el Bernabéu y así lo ha comenzado en Barcelona, mordiendo, presionando e incomodando al Barça, buscando también la meta contraria, con un juego vertical, de transiciones cortas, muy rápidas y letales. Mientras, el Barça apostando a su carta de siempre, el juego de elaboración, la rapidez de la circulación del balón y la infinita calidad de sus atacantes, aunque dejando entrever una falta de fluidez de juego, en parte ocasionada por el buen trabajo de presión del Real Madrid y en parte por la falta de preparación del equipo culé a estas alturas de la pretemporada.

En todo caso hemos visto una preciosa primera mitad, con alternancia en el juego, mucha presencia del Real Madrid en el área de Valdés y alternancia también en el marcador. Una alternancia de tanteo sobre la que ha establecido la diferencia un Messi intratable, mágico, espectacular… Primero dando un pase de genio a la espalda de Pepe, que Iniesta ha definido como los grandes, y segundo, haciendo el 2 a 1 tras una combinación formidable con Piqué en el área, definiendo como solo él sabe ante Iker.  Una primera mitad muy bonita en la que solo ha habido fútbol por ambos equipos.

Desafortunadamente, en la segunda mitad el nivel de juego ha decrecido, quizás fruto del cansancio y de algunas acciones que nos han recordado tiempos pasados que no benefician para nada a nuestro fútbol. En todo caso entre aquellos claroscuros de la segunda parte se han podido ver detalles buenos tanto del Barça como del Madrid. Un Barça que intentaba poner tierra de por medio  y un Madrid que sabiendo cómo jugarle a este Barça ha estado cerca de forzar la prórroga en el Camp Nou, especialmente tras no descomponerse y mantener el pulso con el gol de Benzema en el minuto 81. Hasta ese momento y obviando únicamente algunos feos detalles, que apenas emborronaron el fútbol guapo de ambos equipos sobre el terreno de juego, la final había sido maravillosa, y como tal merecía un epílogo a la altura de los contendientes. Un epílogo escenificado por una trenzada jugada azulgrana en el minuto 87, en la que Leo, SuperLeo, una vez más ha reivindicado su condición de número uno del fútbol mundial (aunque no le hace falta) ante su gran rival.

Sin duda merecía un colofón así este título pequeñito como dice Mourinho y esta superfinal para mí, pero Marcelo con una entrada absurda sobre Cesc en el centro del campo, ha encendido la mecha de una tangana que no debe ensuciar dos históricos duelos en los que siempre me quedaré con los buenos minutos de fútbol de Barca y Madrid y con un SuperMessi, un futbolista que parece no ser de este planeta y está muy por encima del circo que se empeñan en mostrarnos algunos dejándonos ver su mediocridad, los claroscuros del fútbol…

Mariano Jesús Camacho

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