Ahora que el futbolista español se valora al alza en los pasillos de mercado de la Bolsa futbolística mundial, ahora que la materia gris que rodea a la pelota busca el ingenio de talentos curtidos y nacidos en nuestras fronteras, ahora que hace unos meses nos quedamos sin palabras ni argumentos ante el desembolso del Chelsea por Fernando Torres, quisiera recordaros dos casos que con sus traspasos escenifican uno de los mayores errores cometidos por los dos grandes que arrasan en nuestro fútbol. Dos enormes futbolistas que a priori podrían no tener muchas cosas en común, pero que en esencia vivieron los orígenes de su carrera partiendo de una crucial y complicada decisión en la que se jugaron todo su futuro: Francesc Fábregas y Juan Mata

El catalán tuvo que dejar el Barcelona ante la falta de oportunidades y la numerosa presencia de futbolistas que le cerraban el paso, por ello cuando recibió la propuesta del Arsenal, aceptó y  se lo jugó todo a una carta. Por su parte, el burgalés de nacimiento y corazón asturiano, abandonó la disciplina del Real Madrid cansado de tanta espera para comenzar de nuevo en Valencia.

Madrid y Barcelona, posiblemente las dos mejores canteras del fútbol español dejaban marchar entonces buena parte de su preciada materia gris y escenificaban su particular fuga de cerebros en la figura de Mata y Fábregas.  Hoy Fábregas regresa a casa como un crack previo pago de una millonada, mientras Mata, aquel que no encontró sitio en Madrid y explosionó en Valencia, se encuentra a un solo paso de cerrar su pase al Chelsea por 28 millones de euros.

En ellos queda retratada la complejidad de este mundo esférico, las variables infinitas que intervienen en la formación, explosión y consolidación futbolística de una estrella. Una estrella que en el caso de Mata nació un 28 de abril de 1988 en Ocón de Villa franca, en el Hospital burgalés de San Juan de Dios. Su padre, también Juan Manuel, jugaba por entonces en el Real Burgos, conjunto en el que militó durante cinco temporadas y vivió dos ascensos de categoría. Un obrero del fútbol, un jugador que no pisó la elite pero que ascendió dos veces a Primera. Pasó por el Burgos, el Salamanca, el Oviedo… y ejerció de consejero de su hijo Juan Manuel, en los momentos más decisivos de su carrera.

Juan Mata le correspondió e hizo feliz con la poesía y dinamita de su pierna zurda. Un niño que en su caso, por la profesión de su padre, creció con el rodar de una pelota por los campos de España. Así llegó muy joven a Asturias, a Oviedo, ciudad inaudita en la que discurrió su infancia. Maravillosa metrópoli peatonal en la que se respira cultura y el Teatro Campoamor abre sus ventanas a la montaña, aquella en la que Juan Mata respiró la estabilidad idónea para construir su personalidad y edificar su talento.

Fue allí donde Juan adquirió conciencia de que el fútbol jamás sería para él una profesión sino  una vocación. Y no malinterpreten esta palabras, pues aunque ahora le veamos en la élite del fútbol mundial como profesional, Mata sigue siendo en esencia aquel niño que disfrutaba jugando y comenzaba a compartir sus sueños futbolísticos con los aficionados que le vieron por primera vez cuando a la edad de doce años ingresó en las filas del Real Oviedo. Tres años en los que trazó los dos perfiles opuestos de su personalidad, aquella naturaleza un tanto tímida fuera de los terrenos de juego ante el torrente extrovertido de su mágica pierna zurda sobre el verde.

Salió de su casa con quince años para ir al Real Madrid, empezó jugando en el cadete B, luego subió al Cadete A, el Juvenil C y el Juvenil A, donde se salió en la temporada 2005/06. Paralelamente a su positiva evolución en las inferiores del Madrid fue acumulando éxitos y grandes actuaciones en las categorías inferiores de la selección española, con la que ganó el Campeonato Europeo de 2006 disputado en Polonia. Su magnífica evolución le valió para dar un paso más en su carrera dando el salto al Real Madrid Castilla, conjunto en el que destacó junto a otros chicos como Granero, De la Red, Negredo, Bueno. En el Madrid Castilla pasó a ubicarse como extremo zurdo, posición en la que también demostró su calidad y en la que no perdió su olfato goleador, llegando a hacer 26 tantos.

Por entonces Mata se mostraba como un futbolista que se sentía cómodo jugando entre líneas, un extremo o media punta al que le gustaba asociarse, tirar paredes, ser vertical y, acabar la jugada con un gol o un pase marca de la casa. En aquel momento su carrera apuntaba claramente al primer equipo, pero las oportunidades no llegaron y el chaval acabó por cansarse. El pobre ‘rol’ que jugaban en el primer equipo tanto él como sus compañeros provocó que Mata, aconsejado por su padre buscará nuevos horizontes futbolísticos en los que desplegar su buen fútbol de zurda. Fue una decisión un tanto arriesgada, puesto que muchos chicos dan pasos en falso ante la insistencia de sus representantes, pero este no era su caso, Mata había demostrado sobradamente su calidad, por ello acabó fichando por el Valencia como agente libre.

Así fue como llegó al club “che” sin hacer ruido y en sus primeros pasos como valencianista no lo tuvo fácil. Quique Sánchez Flores no le dio apenas minutos, pero luego Ronald Koeman le otorgó mayor protagonismo y Mata no defraudó. En la final de la Copa del Rey que ganó el Valencia CF contra el Getafe CF 3-1, marcó el primer gol de la final en los primeros minutos del encuentro. Ya por entonces apuntó que podía convertirse en un jugador importante para el club valencianista.

La calidad, visión de juego y gol de Mata hizo que solo fuera cuestión de tiempo su explosión en la Primera división del fútbol español. En la temporada 2008/09 y de la mano de Unai Emery, se consolidó en el titular, asociando su talento a los de Villa, Silva o Joaquín. Tras la lesión del sensacional David Silva acaparó aún más si cabe mayor protagonismo, puesto que el joven jugador burgalés llegó a conseguir que la ausencia de Silva no fuera tan dramática para el club valenciano.

Su gran momento le permitió llevarse el premio de la convocatoria con la selección absoluta de Del Bosque ante Chile. A partir de entonces Juan Mata ya no cesó de mostrar su talento al mundo, goles y momentos de enorme calidad que la afición che y todos aquellos que nos sentimos atraídos por el buen fútbol hemos sabido valorar en su medida. Toque, imaginación, calidad, velocidad, sacrificio defensivo… y otras tantas virtudes que adornan a un futbolista que disfruta jugando a la pelota.

Fue campeón del Mundo en Sudáfrica, aunque solo jugó 22 minutos ante Honduras. Cuando Villa y Silva fueron traspasados se echó el equipo a la espalda y junto a Pablo Hernández se convirtió en la mayor referencia ofensiva de un Valencia que logró el tercer puesto en el campeonato 2010-11. Su reciente conquista del campeonato de Europa sub 21 ha constituido sin duda todo un presagio, pilar fundamental junto a Javi Martínez y Thiago de la selección de Luis Milla, pocos dudan ya que el tobillo izquierdo de Juanín Mata, no valga los 28 millones de un mercado español en alza.

No nos gusta nada que el talento español salte las fronteras para llenar de inteligencia otros rincones un tanto más cuadrados del planeta fútbol, pero Mata, como lo fue Fábregas, lo es Torres, Silva, Arteta… será como un rayo de Sol que brilla en las mágicas pero lluviosas tardes londinenses….

Mariano Jesús Camacho