EFE

En 1980 un joven de doce años natural de Benidorm dejaba su maleta repleta de nostalgia junto a la litera y miraba abrumado la grandeza de aquel edificio en el que viviría la segunda mitad de su infancia y los años claves de su adolescencia. Su nombre Guillermo Amor Martínez y La Masía abría sus puertas al futbolista más joven en pisar la histórica edificación blaugrana.  

Autor del gol nº 4000 en Liga para el FC Barcelona en Mestalla frente al Valencia CF. dieciocho años después de aquel día y diez después de su debut con el primer equipo, se despedía de la entidad azulgrana con 421 partidos a su espalda y diecisiete títulos en el zurrón de la leyenda. Consagrándose entonces como el futbolista con más títulos de la historia del Barcelona, pero sobre todo dejando la sensación de que con su salida se producía la marcha de uno de los futbolistas más rentables, honestos y trabajadores de la centenaria historia del club.  

También uno de los buques insignias del recordado Dream Team, talento, trabajo y eficacia, elevada a la máxima expresión. Por números y rendimiento, uno de aquellos futbolistas a priori inalcanzables, que hubiera permanecido muchos años como tal de no ser por la irrupción estelar y mítica de la generación de los Xavi, Puyol, Messi, Iniesta y compañía, que a día de hoy ya no encuentran igual en la historia del club y pulverizan todos los registros históricos del Fc.Barcelona.

Registros históricos que con la victoria en el Stade Louis II de Mónaco ante el Oporto, han vivido otro capítulo legendario más, personificado en el perfil bajo de un genio, un chaval de Tarrasa que, como Amor, encontró sus orígenes futbolísticos en un legendario edificio barcelonés. Su nombre Xavi Hernández y junto a Carlos Puyol la bandera de un equipo mítico, que como dije ya no encuentra parangón en la historia azulgrana y que por juego y títulos comienza a no encontrarlo en la historia del fútbol.  

Un tipo quizás demasiado normal, en peligro de extinción, al que echaremos mucho de menos cuando cuelgue sus botas en el limbo del adiós. Mediocampista tan talentoso e inteligente como generoso que se expresa sin fronteras cuando tira un pase de genio, gira sobre sí mismo o hace circular el balón. Aquel al que la máquina del tiempo coloca cada día más en la grandeza del Olimpo y la nostalgia rescatará dentro de un tiempo de su propia leyenda. La leyenda de Xavi Hernández, que con 18 se convirtió en el jugador culé con más títulos tras ganar el pasado viernes la Supercopa de Europa frente al Oporto. “Este equipo está haciendo historia y queremos mirar hacia adelante. Pensamos que nos queda margen para conseguir más títulos”, decía a la finalización.

Socio indivisible de su equipo y director de orquesta de un conjunto en el que Lionel Messi, siempre aparece para dar un toque de genialidad a la partitura musical, cuando el rival o las circunstancias impiden que la música suene con todo su esplendor y grandeza. Como hizo ante el Oporto (que fue un digno rival) y como viene haciendo cada vez que sus socios le buscan en la pared, los triángulos de Pep o el espacio, para establecer la diferencia.

El rosarino, la tercera generación dorada de La Masía, cuando Amor debutaba en el primer equipo, tenía un año y vivía ajeno a todo ello en su Rosario natal. 23 años después y con 24 años se encuentra a un solo título de Xavi, amenazando con pasarle como un fórmula uno y pulverizar cualquier registro histórico posible de la entidad culé, siempre que las lesiones le respeten, su cabeza siga centrada en lo que más le gusta, y el Barcelona le cuide y valore como hasta ahora. Y es que sus diecisiete títulos como azulgrana, más su condición de indiscutible número uno del mundo, se abren sobre el horizonte y la leyenda.

El Barça sigue haciendo historia y creo sinceramente que podemos sentirnos privilegiados de ser testigos de ella, independientemente de los colores que cada uno defienda. Como pasó con el Madrid de Di Stefano, el Milan de Sacchi, el Ajax de Cruyff, el Bayern de Franz, el Benfica de Eusebio, el Peñarol de Spencer, el Santos de Pelé, el United de Busby, La Máquina de River y el Charro Moreno, el Liverpool de Shankly, los Mágicos Magyares, el Wunderteam austríaco

 

Mariano Jesús Camacho

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