En el año 1513 Nicolás Maquiavelo escribió El Príncipe, su obra cumbre, considerada el texto fundador de las ciencias políticas. En ella se realiza una brillante aproximación al poder de forma absolutamente real a través de un gobernante, que utilizando como excusa existencial la necesidad de hacer feliz a sus súbditos, medra recurriendo al engaño y la crueldad. Se pone entonces de manifiesto la capacidad del poderoso para manipular situaciones, ayudándose de cuantos medios precise mientras consiga sus fines: lo que vale es el resultado. El objetivo siempre prevalece sobre los medios utilizados para conseguirlo. No importan los medios, no es necesaria la moral, sino un realismo práctico, no lo que debe ser, sino lo que es en realidad. Paradojas humanas que se ponen en juego en frases como esta: “La grandeza de los crímenes borrará la vergüenza de haberlos cometido”.

Y hablando de grandeza, Maquiavelo, su Príncipe y la justificación de los medios a través del fin, quisiera situaros en la vertical temporal y legendaria por la que atravesó el fútbol inglés en la década de los sesenta, en la que el Leeds de Don Revie tocó la gloria utilizando medios muy discutibles con tal de conseguir resultados.

En marzo de 1961 cuando Donald George ‘Don’ Revie, asumió la dirección técnica, logró dar la vuelta como a un calcetín a la historia de uno de los clubes de Yorkshire, se hizo cargo de un equipo deprimido al que cambió incluso sus colores por el blanco inmaculado del Real Madrid con la intención de entrar en una nueva dimensión ganadora y dotar al Leeds de un aura legendario que les llevará mental y físicamente a la elite del fútbol. Y cierto es que Don Revie lo consiguió, pero quizás pagando un alto precio y ensuciando aquel color con el que el Madrid había dignificado el fútbol. Con el lema de ganar a toda costa y por todos los medios posibles, Revie se rodeó de un plantel poderoso en lo psicológico, notable en lo técnico, temible en el apartado físico y muy discutible en el terreno ético.

Revie fue el ideólogo, un personaje que bien podría haber protagonizado la obra El Príncipe de Maquiavelo, capaz de recurrir a la astucia, el engaño y la crueldad para conseguir sus objetivos. Un plantel y un equipo histórico que fundamentó su filosofía de juego en la especulación, la protesta y la rudeza, en un fútbol arcaico y prehistórico que encontró la adhesión de los fieles seguidores whites, pero el rechazo absoluto del resto del fútbol inglés.

Por ello aquel Leeds comenzó a ganarse el odio, el temor y la crítica de la gente; acumuló muchas más fobias que filias y pasó a ser conocido como Dirty Leeds. Elland Road, mítico estadio cuya existencia remonta al año 1897, cuando el Holbeck Rugby Club jugaba al noble deporte de contacto del rugby, jamás había asistido a semejante carnicería. Los chicos de Revie primero pegaban y luego preguntaban, la guardia pretoriana del Leeds convertía el fútbol en lo más parecido a una batalla. Había que vencer o morir, ganar a cualquier precio y Revie les aleccionaba para que saltaran al césped con un cuchillo entre sus dientes.

La situación llegó a tal punto que Revie y sus chicos fueron considerados como enemigos públicos nº1 del fútbol, por ello eran recibidos como en la arena de un circo romano, donde un combate sanguinario se iba a dirimir. La extensión de las ideas del entrenador sobre el terreno de juego quedó representada especialmente en el perfil de tres futbolistas: Jackie ‘La jirafa’ Charlton, Norman Hunter y Billy Bremner, tres forajidos de la pelota y el juego sucio que llevaron al límite las ideas de su entrenador.

En el caso de Jackie (en las antípodas de su hermano Bobby) escenificaba el sacrificio y la necesidad de machacar al rival, tomando la pelota como un elemento secundario. Brazos ejecutores de un fútbol primario que encontraron en Norman Hunter a un aventajado perro de presa que sobrevivió a la batalla por los bajos fondos y los suburbios del fútbol violento y subterráneo.  Una ideología y filosofía futbolística que coronó como héroe y espejo de su entrenador a la figura de Billy Bremner, un centrocampista rudo, oscuro, de área a área y muy bajito, pero imponente en el apartado físico. Una roca con mentalidad de gladiador, el más duro talibán de Don Revie, leyenda del Leeds con un total de 772 partidos disputados y un total de 115 goles anotados entre 1960 y 1976,

King Billy, como fue conocido era un escocés nacido en Stirling que se erigió como líder y capitán de un equipo odiado por el resto del mundo e idolatrado por los hinchas del Leeds. Para ellos fue su gran capitán, un ángel, pero para otros fue lo más parecido a Lucifer. Cuenta la leyenda que su piel era azul y negra, pues en ella estaba representado el mapa físico del contacto, el choque y el juego sucio.

Fogoso y sucio como ninguno, en derredor suyo circulan numerosas anécdotas que perfilan su ruda personalidad. Llegó a ser inhabilitado de por vida tras asolar y arrasar un bar de Copenhague en una pelea, y de su boca salió una de las frases más violentas que se recuerdan en la historia del fútbol. Fue en la previa de un partido ante el Vila, en la que soltó semejante lindeza sobre su rival:  “Ellos piensan que tienen dos piernas, un corazón y un balón – dijo Bremner- Les vamos a arrancar todo eso de cuajo. No les quedará nada”.

Con esta frase, Bremner asumió para siempre el papel de Príncipe maquiavélico de aquel equipo, la extensión sobre el terreno de juego de las ideas de su entrenador. Y junto a aquella guardia pretoriana que completaban hombres como, Gordon Moqueen,  Johnny Gilles y Peter Lorimer –posiblemente el futbolista más talentoso del equipo y un extremo grandioso- convirtió un equipo de provincias en una máquina de dar patadas en el culo de los ricos, como Revie solía decir.

Revie y sus pupilos fueron la pesadilla de árbitros, rivales y la mayoría de todos aquellos que se interpusieron en su camino. Aunque empleando métodos más que discutibles y especulando casi siempre con el juego y el resultado, de la mano de Revie, el Leeds United pasó de eludir el descenso a tercera a coronarse en la cumbre de la élite del fútbol inglés. Consiguió dos campeonatos de Liga, una FA Cup una League Cup, una Community Shield y dos Copas de Feria. Llegó también hasta en cinco ocasiones a lograr el subcampeonato doméstico y cayó derrotado en tres finales de la FA Cup.

Los Sprake; Reaney, Bell, J Charlton, Hunter; Giles, Storrie, Bremner, Peacock; Collins y Johanneson, llevaron el fútbol al límite del reglamento y la gloria a Elland Road, donde a día de hoy, aquella estatua de Bremner erigida frente al estadio, sigue generando sensaciones encontradas; para unos, una sanguinolenta sensación de temor, es más cuentan que los rivales aún se estremecen al pasar cerca del perfil de bronce del Príncipe maquiavélico; y para otros el escenario elegido por los hooligans del Leeds como punto de partida y reunión antes de cada encuentro.

Mariano Jesús Camacho