Entre el 18 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939, España vivió un duro conflicto bélico que tuvo como detonante el intento fallido de golpe de estado de un sector del Ejército contra el Gobierno legal y democrático de la Segunda República Española. Un grupo de generales del Ejército español, traidores a la República que en connivencia con un sector de la población civil, se sublevaron e iniciaron su particular Cruzada de Liberación Nacional.

La citada contienda convulsionó a todo el país y dividió a hermanos que derramaron una sangre que desgraciadamente trajo la desigualdad y el autoritarismo al pueblo español tras la victoria de los rebeldes y la instauración de un régimen dictatorial de carácter fascista, a la cabeza del cual se situó el general Francisco Franco.

En momentos tan delicados y convulsos en los que tantas personas perdieron sus vidas tanto físicamente como socialmente se produjeron incontables historias de lucha, sinrazón y fatalidad. Todos los sectores de la sociedad se vieron abocados a elegir, y en la mayoría de los casos tuvieron que tomar partido por un bando u otro para proteger a sus respectivas familias aún no siendo partidarios de ese tipo de convicciones. En el caso del fútbol los clubes quedaron a expensas de la zona en la que se encontraban, en el bando republicano o el bando nacional.

De esta forma tanto en el periodo prebélico como el periodo de conflicto bélico y la posguerra se produjeron un sinfín de situaciones limite en el factor social y humano. De entre varias de esas situaciones abordaré algunas de las más puntuales y que forman ya parte de la historia del fútbol español.

Aunque en este articulo me detendré especialmente en el tema vinculado a los exilios y a la diáspora que se produjo en el fútbol español, me parece tremendamente injusto no citar a una serie de futbolistas que defendiendo a uno u otro bando dejaron sus vidas en aquel oscuro periodo de la historia de España.

Futbolistas como Arater, del Levante, que murió en el frente, al igual que Luis Olaso, del Athletic de Madrid. Monchín Triana fallecido en Paracuellos, Galé, del Oviedo, que dejó su vida en Lleida. Julián Ramón, hermano del defensa del Valencia Juan Ramón, Jose Luis Justel Bollar, una de las grandes promesas del Athlétic de Bilbao, que tuvo una vida de auténtica película ambientada en la Guerra Civil. Un chico al que el estallido bélico le pilló al igual que sus compañeros de equipo, disfrutando de sus vacaciones tras la conquista del título de Liga de la temporada 1935-36. Un momento crucial de sus vidas en el que algunos de ellos se alistaron voluntariamente como milicianos y otros fueron movilizados pasando a engrosar las filas del Ejército vasco. Una vida y un momento de la historia magníficamente contado por Carlos Aiestaran en su libro “Fútbol y Metralleta”

Vidas perdidas o en su caso mutiladas, marcadas en cuerpos lisiados que no les dejaron otra alternativa que la de retirarse, como fue el caso de Manolín, del Espanyol.

Futbolistas -como todas las personas- que tuvieron que sobrevivir en un medio hostil, como Jacinto Quincoces, que condujo una ambulancia para el bando nacional o como Antonio Pérez, portero del Onda y exguardameta del Atletico, que como cuenta Julián García Candau de forma magistral en su libro “El deporte en la “Guerra Civil”, vivió en primera persona la Batalla del Ebro, en la que cruzaba los ríos con machete para evitar que los que no sabían nadar lo ahogaran subiéndose a su espalda. Un portero que acabó en el campo de concentración francés de Agde, donde un cocinero que era homosexual le daba platos de comida cuando desaparecían los oficiales a cambio de tocamientos.

Historias del dolor y el hambre, tanta hambre como para durar toda una vida puesto que según Candau en 1982, cuarenta y seis años después de aquello, el portero del Onda seguía comiendo y cenando raciones dobles por el hambre que padeció en aquella dura época.

Dolor a flor de piel, despedidas forzadas, destierros temporales o indefinidos y privación de la libertad, como el caso de Tonico Conde, del Valencia, que estuvo encarcelado en San Miguel de los Reyes o el del mítico Ricardo Zamora que fue encarcelado en la Modelo, donde llegó incluso a organizar partidos y donde temió por su vida. Una vida que salvó gracias a la intervención de un poeta maldito llamado, Antonio José Gálvez, que salvó a muchos y ayudó al mítico guardameta, que salió de prisión y a través de la Embajada argentina salió de Valencia a bordo del Tucuman para exiliarse temporalmente en Francia, donde llegó a jugar en el Niza junto a Samitier. Precisamente a Francia llegaron varios de esos jugadores y dieron con sus huesos en los campos de concentración. En algunos de los casos gozaron de la colaboración de otras personas, que lograron sacarles de allí, como fue el caso del último aviador de la República, Salvador Artigas, que jugaba en el Levante y que gracias a la intervención de Benito Díaz, pudo salir rumbo a Burdeos, donde llegó a jugar en el Girondins. Un equipo en el que compartió vestuario con otros exiliados como Urtizberea, Mancisidor y Paco Mateo, este último un goleador extraordinario que se convirtió en la estrella del mismo. Por cierto un Girondins que fue campeón de la Francia libre, siendo dirigido por Benito Díaz.

En definitiva cientos de historias que rodearon a equipos que como el Levante, seguía jugando en la Liga Mediterránea en la temporada 36/37, en el que algunos de sus futbolistas como el ya citado Salvador Artigas y Agustín Dolz participaban en la Guerra y acudían desde el frente a jugar. Equipos que se vieron muy afectados por la Guerra, como el Oviedo y el Athletic, seriamente perjudicados, el primero viendo como volaba su gran estrella y su campo, devastado por las bombas, era atravesado por una trinchera, y el segundo sufriendo la pérdida de más de la mitad de su vigente campeona plantilla.

Situaciones limite de la que surgieron dos principales vías de escape con la intención de de recabar fondos para la causa republicana. A través de la primera de ellas nació la selección de Euzkadi (Euskal Selekzioa), creada en plena Guerra Civil por José Antonio Aguirre, el primer lehendakari y exjugador del Bilbao. Una selección que emprendió una exitosa gira por Europa y América y que formó su expedición con Blasco, Roberto, Pablito, Muguerza, Zubieta, Gorostiza, Ciaurren, Iraragorri, Txirri II, Larrinaga, Langara, Emilín, Areso, Ahedo, Urkiaga, Eguskiza, Barco, y Regueiro, como jugadores; como entrenador, Perico Villana; como masajista, Perico Biritxinaga; y como delegado, Ricardo Irezabal.

Una gira iniciada en el Parque de los Príncipes, estadio en el que golearon por 0-3 al Racing de Paris, campeón de la liga francesa. Aquella selección que cosechó un éxito tras otro por toda Europa, de Moscú a Cuba y de ahí hasta México, donde jugó con bastante éxito la Liga Mayor de 1938/39 con el nombre de Club Deportivo Euzkadi. Así fue hasta abril de 1939, fecha en la que finalizó la guerra y en la que la Selección de Euzkadi consumó su disolución tras comprobar desde el otro lado del charco la victoria del bando nacional y la llegada de la dictadura del General Franco.

 La segunda vía de escape surgió a través del Barcelona y su expedición, que emprendió una gira por Sudamérica que reportó 12.000 dólares vitales para la subsistencia del club. Una gira en la que algunos de sus futbolistas más destacados optaron por permanecer en el exilio, algunos en Francia como Balmanya y Escolá y otros en México como Vantolrá, que se casó con la sobrina del presidente de México, Lázaro Cárdenas y como Iborra, que años más tarde fue cónsul honorario de España en Puebla. Corría el año 1937, y ya el presidente del Barcelona, Josep Sunyol (El 6 de agosto del 1936 Josep Sunyol fue detenido y fusilado en la Sierra de Guadarrama, cerca de Madrid) había caído bajo las balas franquistas.

Sólo cuatro jugadores catalanes regresaron a España durante la guerra, de los vascos, apenas dos (Gorostiza y Roberto Etxebarría volvieron al bando nacional). Cuando la República fue vencida, la FIFA declaró en rebeldía a los jugadores exiliados, y los amenazó con la inhabilitación definitiva, pero unos cuantos consiguieron incorporarse al fútbol latinoamericano. Con varios vascos se formó, en México, el club España, que resultó imbatible en sus primeros tiempos.

Los vascos Blasco, Pablito, Aedo, Cilaurren, Muguerza, los tres hermanos Regueiro(el mítico Luis Regueiro militó en el Asturias de México y permaneció definitivamente exiliado en ese país), Lángara, Emilín Alonso, Urquiaga, Iraragorri, los catalanes Vantolrá, Munlloch, Gual e Iborra y el santanderino Fernando García fueron figuras en una época en la que el fútbol mexicano empezaba a crecer.

Entre esos peregrinos estuvo el delantero del equipo Euzkadi y exjugador del Oviedo, Isidro Lángara, que luego fue contratado por San Lorenzo de Almagro. Apenas concretó el arreglo – había llegado la mañana del 21 de mayo de 1939 a Buenos Aires- a la tarde debutó frente al River Plate de Minella, Moreno, Pedernera y Peucelle, por el campeonato oficial. Y su debut no pudo ser más auspicioso e impactante: en 30 minutos hizo cuatro goles.

En el equipo sanlorencista se encontró con su compañero y amigo Ángel Zubieta, otro exiliado de la fratricida guerra española, que se convertiría en un autentico mito en el club argentino, que en medio siglo de vida del club de Boedo, fue el tercer jugador que mas partidos disputó. Zubieta había llegado antes, en el momento de la disolución del seleccionado vasco, cuando encontró su nuevo horizonte en San Lorenzo.

Ambos dejaron un sello inolvidable en el fútbol argentino. En esa tanda de jugadores españoles estuvieron también Emilín e Irarragorri pero con un paso inadvertido en el club “azulgrana”.

Lángara jugó hasta 1943 marcando 110 goles llegando a ser el máximo anotador en el campeonato de 1940. Posteriormente y coincidiendo con el comienzo de la Liga profesional mexicana, fue contratado por el Real Club España, club en el que hizo 27 goles en su primer temporada, 38 goles en su segunda campaña y 40 en la tercera. Números que le llevaron a ser en dos ocasiones máximo goleador (1944 y 1946) y a conquistar una Liga y una Copa. En 1946 puso fin a su exilio y volvió a España, donde jugó nuevamente para el Real Oviedo.

Zubieta en cambio – un excelente mediocampista- permaneció 13 temporadas ( 352 partidos oficiales), donde se codeó con otros inolvidables como Farro, Pontoni y Martino. Su liderazgo en el campo le convirtió en capitán del conjunto que en 1946 fue campeón. Ese equipo protagonizó una inolvidable gira por Europa. Jugó diez partidos con una sola derrota ante el Real Madrid, pero con el halago de haberse impuesto en dos ocasiones a la selección de España y en una a la de Portugal.

Zubieta volvió a España para despedirse del fútbol jugando en el Deportivo La Coruña donde estuvo cuatro temporadas, ya con inclinación a la dirección técnica. Pero regresó a Argentina para conducir al flamante Deportivo Español en la división “D” y arrimarlo a la primera cuando se retiró. De vuelta a su patria, entrenó al Athletic, Valladolid y Real Jaén entre otros. También probó suerte en México con los Pumas y en Argentina con Atlanta.

En definitiva historia pura y dura de la muerte, el dolor y el exilio, que he intentado desgranar en estas líneas que suponen apenas un 0,1 % del drama, de la huida y la sinrazón que vivió este pueblo y el conjunto de sus nacionalidades. Un tema histórico que he intentado cerrar con la brillante trayectoria de dos de los iconos del exilio futbolístico español, que dejaron su imborrable huella en el fútbol argentino: Lángara y Zubieta.

 Fuentes:

“El deporte en la “Guerra Civil”- Julián García Candau. Editorial: ESPASA-CALPE, S.A. Año: 2007

“Fútbol y Metralleta”- Carlos Aiestaran Álvarez. Ediciones Beta III milenio, S.L.

http://club.levante-emv.com/acto.jsp?pIdActo=149

http://www.elenganche.es/2009/05/70-anos-del-vasco-inolvidable.html#more-4753