Pasan dos largos meses desde que a mis manos llegó una publicación de la Editorial Córner, sesenta días y sesenta noches en las que dilaté a propósito mi lectura diaria con la intención de aprender y saborear con detenimiento cada una de las historias con las que me deleitó José Antonio Martín Otín, un futbolista con alma de literato y un literato con corazón de trovador.

Dos meses en los que cincuenta verídicos y esféricos relatos me mostraron la esdrújula y complicada belleza de la historia del fútbol, la realidad del rodar de la pelota a través del tiempo y la memoria hablada del aficionado hecha libro, hecha persona en su narración.

Historias y relatos que os emocionarán y que en mi caso llevo tiempo encontrando a diario y modestamente plasmando en este Blog a la deriva de la actualidad. En aquella deriva en la que Bernardo Salazar lleva ejerciendo su magisterio histórico para el deleite de todos aquellos que pensamos que el pasado enseña, el presente muestra y el futuro nos espera.

Cincuenta intensas historias en las que la pluma del futbolista trovador nos muestra, entre otros, al dios de los héroes rotos a través del recuerdo de Corbatta, Heleno de Freitas, Garrincha y Best. 186 páginas rescatadas del desván del olvido y la pasión para recordarnos a Gigi Meroni, Dixie Dean, Campanal, Amadeo, Canhoteiro, Rene Petit, Di Stéfano, Quini…

Relatos que salen del corazón de un contador y trovador de historias que disecciona como nadie la leyenda y nos la presenta a través de sus ojos y la voz en off de la crónica legendaria. Aquella que dibujó para la historia equipos tan geniales como el Gran Torino y los Carasucias del Ciclón.

Como dije, sesenta días y sesenta noches que hoy, cuando puse punto y final a la lectura, parecieron ser segundos para mí, pues a cada vuelta de página, de cada párrafo, me aguardaba una nueva genialidad.  186 páginas y la constante sensación de que lo mejor lo dejaba para el final, para aquella maravillosa historia que nos describe el travieso vuelo de un hermoso pío pío amarillo que vuela ojo avizor sobre la Caldera del Insular. La historia de Oliver Mayor, un joven de 18 años, futbolista de alma, cuerpo y corazón, el mayor crack de este libro, al que la pelota de la vida le dio el tiempo justo de existencia para que sus enfermos pulmones aguantaran hasta dejar huella. La huella suficiente como para cambiar un poquito el destino de miles de chavales, a los que como a él, la fibrosis quística les cortó las alas pero no sus sueños e imaginación.

Esta, no la única pero sin dudarlo la mayor razón de peso que encontré para recomendaros este libro, cuya compra constituye con una contribución a la Fundación Oliver Mayor, que como muy bien dice el autor recibe aire para dar aire.

Y por el aire polvoriento y caduco del desván de nuestros olvidados recuerdos, la voz de un narrador viaja en el tiempo para rescatar del pasado historias que demuestran que El fútbol tiene música… y trovador: José Antonio Martín Otín PETÓN

Mariano Jesús Camacho

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