Foto: El País

Hace 47 años el NODO nos hizo creer que el inmenso cabezazo de Marcelino que doblegó a Yashin en el minuto 83 había venido precedido de un pase de Amancio Amaro, pero aquel centro que el coruñés de Ares convirtió en leyenda con la plasticidad de un remate imposible para La Araña Negra, salió de la bota derecha de un burgalés de Media de Pomar llamado Jesús María Pereda Ruiz de Temiño, Chus Pereda

 Nacido un 15 de junio de 1938, en el Valmesada de Tercera División comenzó a fabricar aquel pase con el que le sacaron de la leyenda, un equipo en el que curiosamente fue denunciado por el Zalla, por no tener la edad reglamentaria para jugar en la categoría. El bueno de Chus mostraba por entonces mucho talento y capacidad para acoplarse a diversos puestos de la línea ofensiva. En el SD Indautxu comenzó a despuntar y  mientras cursaba estudios de Bachillerato en Bilbao fue citado por la selección de Vizcaya juvenil. Tras ganar varios Campeonatos de España en diversas categorías, y ya con dieciocho años, jugó en la primera plantilla del Indautxu, donde formó una tripleta muy destacada junto a Miguel Jones y Lezama además de aprender mucho de dos grandes ilustres como Rafa Irirondo y Zarra.

 El 8 de enero de 1957, Ipiña ofreció al Indautxu en nombre del Real Madrid, millón y medio de pesetas y fichó por los blancos. Debutó contra el Jaén en Liga y ganó el Campeonato de esa temporada, siendo también finalista de la Copa del Generalísimo, y participando en la consecución de la Copa de Europa con dos goles en Nervión ante el Sevilla. Pese a ello no gozó de demasiadas oportunidades con la camiseta del Real Madrid, por lo que tuvo que marcharse cedido al Valladolid, donde consiguió el ascenso a Primera División. Regresó a Chamartín y entró en un trueque con el sevillista Pepillo en 1959.

Permaneció en Sevilla hasta la temporada 61/62, en la que el Barcelona de Luis Miró cerró su contratación. Chus entró en una operación conjunta con su compañero Szalay, pagando el Barça diez millones de las antiguas pesetas, (siete por Pereda y tres por Szalay).

En su primera temporada, nada más llegar se rompió el dedo meñique del pie derecho y estuvo dos meses de baja.  Llegó con la difícil tarea de hace olvidar nada menos que a Luis Suárez, que se había marchado al Inter. Aunque el Barça estaba en plena etapa de renovación, lo cierto es que los jóvenes (entre ellos Pereda) que recalaron en el conjunto azulgrana en aquel periodo, lo hicieron bastante bien. Pereda se consolidó como uno de los delanteros más destacados de su época y Barcelona disfrutó de las evoluciones de un futbolista que por concepto y calidad podía desenvolverse en tareas de distribución y ataque, pero que hizo carrera como azulgrana como extremo izquierdo, desde donde demostró muy buena visión de juego y mucha llegada.

En las filas del conjunto azulgrana consiguió la Copa de Ferias de 1966 y dos Copas del Generalísimo, jugando la final de la Recopa de Europa de 1969, que perdió con el Slovan. Pero Chus Pereda aparte de su recordada aportación al fútbol blaugrana de aquellos años sesenta, vivió su mayor éxito con la selección española. Y es que portando el dorsal número ocho del entorchado nacional, con el que debutó en Madrid, el 15-05-1960, en un España 3 – 0 Inglaterra, se convirtió en uno de los futbolistas decisivos y más destacados de la selección española que se proclamó por primera vez en su historia campeona de la Eurocopa de Naciones, en 1964.

En semifinales marcó el primer gol en el minuto 35 ante los húngaros, un remate sobresaliente a centro de Luis Suárez, un partido en el que España acabó venciendo 2 a 1. Y en la final completó una actuación excelente ante la URSS, pues Pereda fue una pesadilla constante para el mítico Lev Yashin. En el minuto seis de partido Pereda enganchó un certero y potente derechazo a la altura del punto fatídico, una pelota nuevamente servida por el genial Suárez que Chus convirtió en imposible para la estirada de La Araña negra. De esta forma Pereda abrió el camino a la victoria del equipo dirigido técnicamente por Pepe Villalonga, que tuvo en la figura de aquel nº8 a uno de sus elementos más desequilibrantes.

Poco le duró la alegría España puesto que dos minutos más tarde Khusainov, hizo el empate, pero en el 83, de partido un centro suyo escenificó la previa del gol más legendario de nuestra selección hasta que Torres e Iniesta cambiaron para siempre la historia de la roja. Aquella jugada sirvió para colocarnos en la leyenda y para cometer uno de los mayores agravios de la historia de nuestro fútbol, el NODO sacó a Pereda de aquella acción para situar en ella a Amancio, un genial jugador que jamás entró en juego en la misma.

Una acción que comenzó en las botas de Zoco y continuó en la carrera de Chus Pereda, que tras zafarse con un gran regate de su par, hizo un centro no muy adecuado para un remate de cabeza que Marcelino (impresionante rematador de cabeza), en posición totalmente antinatural de antigol, convirtió en uno de los goles más increíbles de la historia de la selección española. Un cabezazo épico que dejó a Yashin con los brazos en jarra y la cabeza gacha. Un gol y un centro que valieron una Eurocopa, aquella en la que merecidamente Jesús Pereda fue incluido en la selección ideal del Campeonato.

Años después en una entrevista digital realizada en EL PAÍS en 2008, un lector le preguntó si no se sentía “agraviado” por eso. “No, porque en aquella época, cuando salía el NODO, yo iba al cine con la que hoy es la madre de mis hijos y me decía: ¿pero, dónde sales tú? Se ve que el que trataba las imágenes puso a Amancio en vez de a mí y con una camiseta blanca en vez de azul, o sea que estaba trucada. Pero para mí no tiene importancia el que la centre uno o otro”.

Afortunadamente Telecinco y JJ Santos difundieron la jugada completa para restituir la memoria histórica, y colocar en su lugar a Pereda. Aquel al que en Barcelona se le recuerda con profunda admiración y cariño desde que dejó el club azulgrana tras la final de Basilea, a los treinta y un años de edad para jugar en el Sabadell al no querer moverse de Cataluña; el mismo que se lesionó y tras meses inactivo dejó el fútbol como jugador en las filas del Mallorca en Segunda División.

A su retirada siguió vinculado al mundo del fútbol como entrenador, profesión en la que sentó cátedra dirigiendo a las categorías inferiores de nuestro fútbol y nuestra selección. Por todo ello cuando la noticia de su fallecimiento a la edad de 73 años llegó a mis oídos, quise recordar su figura, la de un gran futbolista y profesor con toda una vida a sus espaldas dedicada al fútbol y a la enseñanza de los jóvenes. Aquellos que hoy más que nunca deben recordar que un 27 de septiembre de 2011, Marcelino perdió a su pasador.

Mariano Jesús Camacho