En enero de 1914, sobre el césped del viejo estadio “El Morro de Talcahuano” de Chile se contempló por primera vez en la historia una espectacular acción técnica de un joven talento chorero que dejó deslumbrados a los aficionados. Una acción en la que un elástico y atlético futbolista vasco chileno llamado Ramón Unzaga Asla, efectuó un golpeo al balón en el aire por encima de su cabeza y a espaldas al defensor contrario, formando un ángulo de 90 grados con la vertical, una maniobra espectacular y deslumbrante que arrancó numerosas exclamaciones de admiración entre el público asistente.

Todo un lujo para aquella y todas las épocas, puro espectáculo, una espectacular y bella acción bautizada en un primer momento como la “Chorera,” dado el origen Talcahuano del futbolista vasco chileno. Conocida de esta forma en Chile hasta el sudamericano disputado en la ciudad de Viña del Mar, en el año 1920, con participación de las selecciones de Brasil, Argentina, Uruguay y Chile. Competición en la que alcanzó relevancia internacional el maravilloso recurso ofensivo de Unzaga, que fue rebautizado y oficializado por la prensa argentina como “Chilenita”.

La proyección creativa de un atleta genial sobre un objeto llamado balón, que a partir de ese momento se expandió por todo el planeta. El desafío a la lógica y a la fuerza de gravedad, de un futbolista que inscribió su nombre en la historia del fútbol y abrió el camino hacia un gol de cine y leyenda.

De leyenda porque quedó grabado en la memoria del aficionado a través del vuelo mortal de Leónidas da Silva “el Diamante negro”, David Arellano, Van Basten, Rivaldo, Pelé y Hugo Sánchez, mexicano que convirtió en puro arte su ejecución.  Y de cine porque en 1981, en una película dirigida por John Houston y protagonizada entre otros por Ardiles, Bobby Moore y Pelé, la citada acción escenificó uno de los fotogramas más intensos del film. En ella la plasticidad estética y eterna del vuelo mortal sobre sí mismo de Pelé, dibujó en el aire y con el único sonido de una flauta floreada el legendario título del film: Evasión o victoria.

El floreado y legendario sonido de un fotograma que convirtió en sala de cine las gradas del estadio La Rosaleda de Málaga, cuando en el minuto 92, una bestia llamada Baptista, escenificó y musicalizó en el aire la voz de uno de aquellos legendarios silencios del fútbol. Ese instante mágico previo a la explosión, en el que los ojos a cámara superlenta del aficionado contemplaron el antológico, poderoso y acrobático vuelo sobre sí mismo de Julio Baptista.

 Momento previo al golpeo sobre el balón de un futbolista tan poderoso en lo físico como espectacular en lo técnico, que con una acción antológica le dio la victoria, la evasión y el liderato provisional al Málaga. Un gol de cine que Julio Baptista describió en Twitter como “para quedarse grabado en la memoria” y que bajo el prisma y la siempre justa mirada de la memoria histórica encuentra su copyright en la creatividad de Ramón Unzaga, un vasco chileno radicado en Talcahuano en las décadas de los años diez y veinte del siglo pasado.

Mariano Jesús Camacho