El lago de los cisnes es el primero de los tres ballets que escribió el compositor ruso Piotr Ilich Tchaikovski. Sin duda el ballet más popular de la historia, una fantástica historia que transcurre entre el amor y la magia, el bien y el mal, la belleza y la estética, la música y la genialidad.

Y hablando de cisnes, magia, ballet, belleza estética y genialidad, quisiera trasladarme a la ciudad galesa de Swansea para contaros una historia de amor entre los aficionados de The Swans y el perfil espigado y enjuto de un jugador de pelo dorado, que convirtió su carrera y leyenda con la camiseta de The Swans, en el Vals de Ivor Allchurch, un cisne blanco que jamás olvidarán.

Nacido un 16 de octubre de 1929, en Swansea y educado en la Escuela Plasmarl, de la localidad, comenzó a trabajar como portero en la lonja de pescado de la ciudad a los catorce años, pero aquella ubicación profesional momentánea poco tendría que ver con la que posteriormente llegaría a convertirse en cisne legendario de la ciudad galesa.

Un cisne que fue descubierto en 1944 por un ojeador del Swansea City, que quedó fascinado con las aptitudes futbolísticas de Ivor. En 1945 entró a formar parte de las categorías inferiores y firmó su primer contrato profesional con el Swansea en 1947, a la edad de 17 años. Dos años después, tras prestar Servicio Nacional con el ejército y jugar como cedido en el Shrewsbury Town y el Wellington Town, hizo su debut con el primer equipo en Segunda División. Fue un 26 de diciembre de 1949, ante el West Ham United, y su irrupción en la Liga causó gran impacto de inmediato. La elegancia de aquel joven delantero al transportar la pelota, dejaba una estela de grandeza inalcanzable para muchos futbolistas que llevaban años dedicándose a la misma profesión. Por ello solo unos días después de su debut ya se especuló con su salida del club.

Tan solo un año después hizo su debut con la selección galesa ante Irlanda, comenzaba así el vals de un cisne que jamás dejó de bailar al son de la magia que se respiraba en el histórico escenario de Vetch Field, aquel que fue testigo de las evoluciones del Golden Boy del Swansea. Como relataba el periodista escocés Ferrier Bob, de la pasmosa naturalidad con la que transformaba el fútbol en algo sencillo, uno de aquellos ‘Mozarts del balón’, y como decía Jimmy Murphy, que le tuvo a sus órdenes en la selección de su país, un delantero que jugaba con ambas piernas, veloz y preciso en la conducción, letal en el disparo y dotado de un viraje corporal tan melodioso como glorioso. Un jugador muy completo que además era muy bueno en el juego aéreo.

Por todo ello, Ivor se convirtió de inmediato en el futbolista preferido de la afición, que fue testigo de su talento y temió su marcha cuando en 1952, los Wolves (el M.United de la época) estuvieron cerca de hacerse con sus servicios. Afortunadamente aquello quedó tan solo en cantos de sirena, pues fue persuadido y permaneció en el conjunto galés hasta 1958, cuando a la edad de 29 años, el Newcastle pagó 25.000 libras por su pase y Allchurch tuvo la oportunidad de jugar en la primera División inglesa.

Una primera división que acogió en su campeonato a un futbolista, elegante, creativo, de aquellos estilistas que conocen en Italia. Capaz de finalizar jugadas y dar pases largos con suma facilidad. Un jugador con mucha inventiva y gran capacidad para hacer circular la pelota y mantener la posesión de la misma. Compañeros suyos llegaron a calificarle como el mejor jugador que habían visto, al nivel de los más grandes jugadores del fútbol de la época, pero su lealtad al Swansea quizás impidió que Allchurch pudiera mostrarse al mundo en un equipo de mayor nivel y peso histórico.

Cuando tuvo la ocasión de hacerlo lo hizo con su habitual grandeza, pues cuentan que en el Mundial de Suecia de 1958, dejó para el recuerdo detalles de nº1 que cautivaron hasta al mismísimo Santiago Bernabéu, que mostró públicamente su admiración por aquel elegante inside forward galés que le había dejado impresionado.

Permaneció en el Newcastle hasta 1962, cuando trasladó su elegancia a la ciudad de Cardiff, antes de regresar a su querido Swansea en 1965. Y allá en mayo de 1968 y junto a un puñado de cisnes blancos, jugó su último partido, el que hacía su número 694. De esta forma ponía punto y final a su carrera profesional, dejando una estela de 245 goles, incluyendo 160 (récord del club) con la camiseta del Swansea. Sus casi 700 partidos y sus más de 250 goles certifican el ascendente y lineal vuelo balompédico de un histórico del fútbol británico y un mito del conjunto de los cisnes

El primer hombre en rebasar la barrera de las cincuenta internacionalidades con País de Gales, manteniendo sus registros en lo más alto muchos años gracias a sus sesenta y ocho internacionalidades y sus 23 goles.

Nombrado MBE, Allchurch continuó jugando al fútbol hasta la edad de cincuenta años. Un 9 de julio de 1997 falleció en su casa, en Swansea. Y ocho años después, la memoria histórica del aficionado tuvo a bien en inmortalizar su figura en bronce a las afueras del Liberty Stadium, donde un cisne blanco te saluda y se dispone a ejecutar su último vals con un balón.

El vals del cisne blanco, el de la memoria y la crónica blanca de los viejos aficionados del Swansea City.

Foto by Michael Field

Foto by Michael Field

Mariano Jesús Camacho