En las décadas de los ochenta y noventa un lince nacido en Colmenar Viejo se enfundó el chándal para con los colores del Atlético primero y del Barcelona después, perfilar la leyenda de nuestro balonmano haciendo paradas imposibles en cada partido. A escasos metros del Camp Nou, sobre el parqué del Palau Blaugrana la portería se convirtió en terreno inexpugnable para los rivales desde que Lorenzo Rico, ‘el lince de Colmenar’ decidió demostrar que no había mejor portero en el mundo que él. (Articulo también publicado en Vavel)

Los más veteranos le recordamos con admiración y añoranza pero sobretodo con la mirada del que reconoce en la memoria histórica del balonmano, en sus reflejos y paradas con sus manos y pies, a un genio bajo palos. Sus atajadas desde los siete metros representaron el mayor desafío para laterales, centrales, pivotes y extremos, que solo veían portero cuando Lorenzo braceaba ante ellos. Un símbolo bajo palos al que una lesión de cadera apartó para siempre de las canchas y pabellones de la leyenda, no sin antes hacer su último y genial servicio por el oficio de guardarredes y el balonmano español. Y es que según cuenta David Barrufet, otra leyenda del balonmano que puso una muralla entre la red y la línea de gol de la portería del Palau, Lorenzo Rico jugó un papel fundamental en su crecimiento como portero y consolidación entre los mejores porteros de balonmano de la historia, donde ejerció como Don David y como digno sucesor del ‘lince de Colmenar’.

Tan grandes como su leyenda y tan pequeños como aquella portería sobre la que edificaron los momentos de gloria de este deporte. Y a escasos metros del Palau, en el Camp Nou, el pasado sábado un joven sevillano logró con una secuencia infinita de paradas, convertir la inmensidad de la portería del Estadi blaugrana en una de aquellas metas sobre las que Barrufet y Rico escribieron su leyenda. Y es que los Messi, Iniesta, Villa y compañía, creyeron ver en la madura y agrandada figura del ‘lince’ del barrio sevillano de Pino Montano, la infranqueable figura de Rico y Barrufet. Sus paradas con pies y manos recordaron las brillantes acciones de aquellos dos ilustres guardametas y abortaron una y otra vez las acometidas del Barcelona, que se topó con un serio planteamiento defensivo, pero sobretodo con la grandiosa y estelar actuación de un inmenso portero de fútbol llamado Javi Varas Herrera.

Su actuación para esta y las futuras generaciones, que jamás olvidarán aquella noche gloriosa de Don Javi Varas en el Camp Nou. Seguro que en la Escuela Deportiva de Pino Montano, en la Peña Sevillista Pablo Blanco, en la AD Nervión, en la AD San José y en el Alcalá sienten orgullo de haber intervenido en su formación y en la lucha de un modesto por convertirse en portero profesional. Aquel que un 22 de octubre de 2011 transfiguró su figura en héroe para en el minuto 91, y tras ocho intervenciones de grandísimo mérito, enfundarse la piel y el chándal de dos leyendas como Lorenzo Rico y David Barrufet.

Y braceando aquel chaval que el Sevilla repescó del Alcalá, logró agrandar su figura ante Leo Messi, al que la inmensa figura del ‘lince de Pino Montano’ hizo ver la portería del Camp Nou, tan pequeña como aquellas del Palau en las que el balonmano encontró a sus dos más grandes guardavallas.

Y a once metros, Don Javi convirtió la pena máxima y el gol, en el mayor desafío para un futbolista y un equipo que encontró en la figura del ‘lince de Pino Montano’ a un muro imposible de derribar, aquel que hasta la fecha ha constituido su más infranqueable quimera.

Mariano Jesús Camacho