El protagonista de estas líneas lleva toda una carrera estableciendo límites a la creatividad y la imaginación, estableciendo con su guadaña fronteras defensivas cimentadas bajo la base del trabajo y el conocimiento táctico. Gestionando su experiencia y su rudimentaria complexión física para abortar las acciones ofensivas del rival, que acostumbra a caer una y otra vez bajo la influencia de su intimidatoria presencia. (Articulo publicado en Vavel)

Aquellos 1,88 m de estatura y 93 kilos de tosca constitución con los que despliega su cortina de acero sobre el eje de su defensa, donde su extrema rudeza y aparente lentitud sorprenden al rival con cruces rápidos y efectivos. Orbitando desde el eje central como un  linebacker de la NFL, prácticamente todos nosotros asociamos su presencia con la de un viejo (muy viejo) conocido de nuestra Liga, por ello solemos caer en el error de menospreciar su trabajo.

El trabajo a pie de obra de uno de aquellos futbolistas que jamás serán estrellas pero que resisten a las embestidas de los tiempos. Su perfil corresponde a uno de aquellos trabajadores desconocidos que se dejaron la piel y la vida a pie de grandes obras. El suyo perfectamente podría corresponder con el perfil olvidado de uno de aquellos obreros que tallaron y levantaron las piedras de las Pirámides y las grandes Catedrales, esos mismos que hoy trabajan en la línea del miedo de los grandes rascacielos. Sus nombres jamás serán recordados, pero sin ellos la élite, los arquitectos, jamás habrían levantado aquellas grandes construcciones.

Y hoy más que nunca, en la fecha en la que los sueños de un modesto parecen haber encontrado los límites de su imaginación al doblar sus rodillas ante Osasuna, quisiera  depositar todo mi énfasis para valorar la importancia y el mérito de una gesta representada en el perfil y la figura de Sergio Martínez Ballesteros, uno de aquellos tipos duros que siguen resistiendo a sus 35 años con los colores de su querido conjunto granota en el que comenzó.

Aquel conjunto granota que ha asociado sus siete victorias a la palabra oficio por la sencilla razón de que el fútbol, entre otras cosas, además de talento, ingenio, dinero y popularidad, está constituido en grandes proporciones por el oficio, aquella base sobre la que el Levante edificó el sueño fugaz e inolvidable del liderato. Y hablando de liderato y liderazgo, el USS, el Káiser, el Buda, el Ingeniero, el Papá, el Potro de Burjassot, sabe más que nadie, pues en el taquímetro de sus botas quedan restos de césped de cada uno de los campos de la geografía española y sobretodo kilómetros, muchos kilómetros…

Tantos como para recordar que desde que debutara allá por el año 1994 con el Levante en Segunda B, llegó a ser campeón de Europa con la selección sub 21 en 1998, y estableció los límites de su anónima marginalidad vistiendo los colores de cinco equipos: CD Tenerife, donde jugó 113 partidos en cuatro temporadas, Rayo Vallecano, donde jugó 49 partidos, Villarreal, donde jugó 96 partidos en tres temporadas, RCD Mallorca, donde jugó 113 partidos en cuatro temporadas y Levante, donde sus 150 partidos, su picaresca y profesionalidad le consagraron como uno de los históricos del Ciutat de Valencia.

Un estadio en el que un tipo con el perfil físico de uno de aquellos estibadores ingleses que con su rudeza evangelizaron con un balón los puertos de medio planeta, asumió su papel de malo de la película y estableció los límites de la marginalidad.

Y en aquellos límites resulta digno de estudio el éxtasis  experimentado por una afición que ha tocado el cielo con la yema de sus dedos durante estos días. Y todo gracias a un grupo de obreros que situados en los límites del olvido y la marginalidad del fútbol, han conseguido con su oficio retar a la clase vip de la sociedad futbolística española.

Por ello hoy más que nunca quiero agradecer al Levante, a JIM (su entrenador), que un grupo de buscavidas del fútbol y la cotidianidad, liderado por Sergio Ballesteros, nos haya hecho creer que los milagros, si no existen sí que son posibles. Por ello hoy quiero aplaudir a este grupo de viejos rockeros, gente sencilla y normal que nos hizo sonreír y soñar con su trabajo, persistencia y tenacidad.

Gracias…

Mariano Jesús Camacho

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