Desde siempre, el hombre se ha sentido cautivado por el planeta rojo, soviéticos y norteamericanos emprendieron hace décadas la carrera por su conquista y exploración. Las sondas Mariner nos aportaron las mejores imágenes de Marte hasta que en 1976 la NASA escudriñó el paisaje marciano con las naves robot Viking 1 y 2. Millones de kilómetros y billones de dólares empleados en un viaje que emprendieron mucho antes un puñado de ingleses con un mostacho y un balón como único equipaje…

Atardeceres marcianos se funden con el sol en el corazón de la franja pirítica del suroeste peninsular, allá donde las ácidas aguas de un inhóspito paraje bañan áridos paisajes de recuerdos. Al cobijo de aquellas rocas rojas, de aquellos ríos color sangre y lenguas de piedra de una cuenca minera se alza la historia y leyenda de Riotinto. Una historia que reposa bajo aquellas sierras calvas, bajo las entrañas de piedra de aquellos cerros heridos y cenicientos. Enclave singular que albergó históricamente en su decorado apocalíptico las principales minas de oro, plata y cobre del país, y que aún guarda un impresionante patrimonio cultural, histórico e industrial.

El patrimonio de un pueblo que causó enorme interés y fascinación sobre la empresa británica The Rio Tinto Company Limited, que en 1873 compró los derechos de explotación de la cuenca minera de Riotinto. La citada compañía y con la intención de poner en marcha de manera eficiente la producción, envió a tierras onubenses una de aquellas sondas humanas con las que explotó recursos mineros fuera de las fronteras anglosajonas. En el interior de aquella sonda viajaron desde las Islas, jóvenes universitarios, técnicos y especialistas, que se encargaron de formar y dirigir a los operarios españoles.

En los equipajes de aquellos trabajadores británicos viajó la cultura anglosajona, y a medida que fueron asentándose en la zona comenzaron a exportar también sus costumbres. Sus grandes mostachos se pusieron de moda y con ellos llegó para quedarse definitivamente un deporte llamado foot-ball. Aquel deporte que constituía una de las principales válvulas de escape de las duras condiciones de vida, caló hondo entre los habitantes y mineros de Riotinto, que eligieron la fecha del 16 de agosto 1873 para celebrar el primer partido público de foot-ball organizado. Un partido que precedió a otros y comenzó a traspasar las fronteras de lo ocioso y deportivo para adentrarse profundamente en los insondables terrenos sociológicos.

Así lo atestiguan historiadores como José Luis Domínguez, que en su libro Minas de Riotinto. “Un paseo por el siglo XX”, dejó reflejada entre otras citas referentes al foot-ball la siguiente: “Después, comentaban en las tabernas de La Mina -que así llamaban entonces a Riotinto- los percances ocurridos en el partido. Y mientras aprendían español, explicaban a los nativos en qué consistía aquel deporte que llamaban foot-ball”.

La simplicidad de un balón de dudosa esfericidad y tan duro como el pedernal, comenzó a ejercer entonces su irresistible poder de atracción y fascinación entre los mineros de Riotinto, que rápidamente se enamoraron de aquel deporte y pronto comenzaron a practicarlo. Y en aquel paraje rojo, en aquel yacimiento de tesoros de piedra un puñado de marcianos ingleses plantaron la semilla del fútbol. Partiendo de la árida pero peculiar Riotinto, una semilla esférica que comenzó a germinar por toda la geografía nacional y encontró su principal vía de expansión gracias a la construcción del Ferrocarril Riotinto-Huelva.

Catorce mil obreros, trescientos kilómteros de vía férrea y un muelle situado en Huelva que servía para cargar los barcos a un ritmo de mil toneladas por hora. A través de aquella vía férrea llegó el foot-ball a la capital onubense, donde la colonia inglesa era más numerosa, especialmente por los muelles, donde se cargaba y exportaba el mineral. En esos muelles en los que aquellos mineros de Riotinto con inquietudes futbolísticas encontraron a los idóneos oponentes para competir por la posesión y disputa de una pelota: los marineros británicos.

Así fue como en el último tercio del siglo XIX comenzaron a organizarse los primeros partidos, todo ello hasta que en 1878, se llevó a cabo la organizaron y creación del primer club español: el Rio Tinto Foot-Ball Club. Una sociedad ya organizada que adoptó como vestimenta el uniforme de la Pérfida Albión: pantalón negro y camiseta blanca, pero de la que no se tiene constancia legal porque jamás fue inscrita en registro alguno.

Hubo que aguardar hasta once años más tarde para encontrar el primer club de fútbol español oficialmente registrado: el Huelva Recreation Club. Fundado en 1889 por Charles Adams y el Dr. Alexander Mackay, médico inglés y caballero de gran personalidad que supo atraer y unir a parte de la sociedad onubense en torno a aquella nueva empresa.

A diferencia de lo sucedido con el Rio Tinto Foot-Ball Club, al que la memoria histórica no respaldó a la memoria hablada, es un hecho constatado que la primera junta oficial del club se celebró el día 18 de diciembre (publicada dos días después en el diario La Provincia). En ella se aludió al fomento de los que entonces eran denominados como diferentes sports, entre ellos el foot-ball. Cinco días más tarde, el 23 de diciembre de 1889 a las 22:00 horas, en el salón de chimeneas del antiguo Hotel Colón se firmó su acta de fundación. A la citada reunión convocada por el Doctor Mackay y Guillermo Sundheim, empresario alemán afincado en la ciudad, también asistieron importantes personalidades como Charles Adams -que fue nombrado presidente de honor- J. Crofto, Hugo Lindemann, A. Lawson, G.M. Speirs, Gout, E. W. Palin y los dos únicos españoles: Pedro Soto y José Muñoz.

De esta forma y al tener constancia literal y física de todo ello en los registros, el Huelva Recreation Club se convirtió en el primer club de foot-ball con la citada denominación social en ser fundado en España, siendo por tanto el club decano del fútbol español. Un hecho sobre el que aún pesan teorías contrarias que pretenden echar abajo su decanato futbolístico demostrando su condición única como club de recreo inglés.

En cualquier caso por los parajes rojos y la cuenca minera de Riotinto caen cantos rodados de recuerdos de esfericidad futbolística desde que la compañía británica The Rio Tinto Company Limited, invadió con sus costumbres (muy marcianas para los locales) aquel paraje terrestre que más se asemeja a las legendarias imágenes que tomó la Viking de Marte allá por 1976. Desde aquel yacimiento histórico la imparable semilla futbolística germinó por toda la geografía nacional y caló hondo en el pueblo español, que aunque en sus inicios en un segundo plano (la mayoría de los primeros clubes fueron fundados por extranjeros) acabaron por elegir al foot-ball como una de sus principales opciones de ocio.

Y gracias a todo aquello cuentan que pocos días después de la fundación del Huelva Recreation Club un importante cargamento de Londres, llegó a bordo del barco Inglés D.Hugo, un cargamento repleto de evangelización esférica, materiales y equipaciones para la práctica del foot-ball y el cricket. Deportes que llegaron a la Penísula Ibérica en barco, surgieron de las minas, (las tierras marcianas de Riotinto) y viajaron por España en Ferrocarril. Un apasionante viaje con acento anglosajón y pasión española, del planeta rojo al planeta fútbol, el viaje esférico de nuestras vidas y el descubrimiento del Dorado y su majestuosa veta mineral…

Mariano Jesús Camacho