Un genio con el talante de un hombre humilde como pocos. Su grandeza residía precisamente en su sencillez, en esa aplastante y pasmosa sobriedad con la que minaba la moral de sus adversarios. Un grande que inscribió su ánimo y leyenda en la sencillez de su filosofía deportiva. José Ángel Iribar, para todos el “Txopo” y para mí, por y para siempre “El Álamo Negro”. Un texto que podéis leer al completo en El Desván de Vavel y que desde ahora está también disponible en audio en ivoox

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Mariano Jesús Camacho